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El gobierno estadounidense es partidario de un diálogo entre
Siria e Israel y por eso, el pasado 3 de diciembre de 2004, otorgó su
apoyo a la propuesta lanzada en Damasco por el Presidente, Bashar
Al Asad, y que en primera instancia rechazó el Primer Ministro judío,
Ariel Sharon.
Al Asad lanzó el pasado 24 de noviembre una oferta para que
ambos países, sin “condiciones previas”, se “sienten a
negociar” porque no oculta su deseo de recuperar “los altos del Golán
a cambio de la paz y normalización de relaciones”, como uno de los
pasos previos para que se pueda alcanzar una paz definitiva en todo el
Oriente Medio.
La oferta del presidente sirio para la negociación “de un
tratado de paz” fue realizada al gobierno presidido por Sharon
a través del enviado especial de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU), Terje Larsen,
quien destacó en Jerusalén la postura de Al Asad de hacerlo “sin
poner condiciones de ninguna clase”.
Sharon había minimizado la propuesta
al señalar portavoces diplomáticos que la misma “no tiene nada de
nuevo”. Larsen, previamente, se había
reunido en Damasco con Al Asad y el ministro sirio de Asuntos
Exteriores, Faruk Al Charek,
y en Jerusalén, durante una conferencia de prensa, declaró que “el
presidente me reiteró que tiende la mano a sus colegas israelíes y que
está dispuesto a sentarse a la mesa sin ninguna condición”.
Para el portavoz del Departamento norteamericano de Estado,
Richard Boucher, la propuesta puede ser
positiva porque “siempre hemos apoyado la idea de una paz integral en
la región” y, además, “siempre hemos creído que los contactos
directos entre las partes son muy importantes para este proceso y por lo
tanto alentaríamos cualquiera que
ambos países consideren apropiado para avanzar hacia la paz
integral”.
Según Boucher, el aún Secretario de
Estado, Colin Powell,
que se retirará del cargo en enero próximo, en una reunión con su
colega Al Charek, mantenida a finales de
noviembre durante la conferencia de Charm
el-Cheij (Egipto), expresó su apoyo a la
reunión bilateral por considerar que sus resultados pueden
“contribuir a la paz en el Oriente Medio”.
Hace cuatro años Siria suspendió un diálogo sobre este tema
con Israel cuando no obtuvo ninguna respuesta concreta del gobierno
hebreo sobre una retirada de la Meseta del Golán
a cambio de la paz en la martirizada región, ni tampoco el enviado de
la ONU dejó en claro cual es la verdadera intención del mandatario
sirio.
Sin embargo, en varias oportunidades anteriores, el gobierno
sirio precisó que “Israel se había comprometido a retirarse hasta la
línea de agua en el Mar de Galilea”, lo que significa que lo haría
de todo el territorio que ocupó tras la guerra, pero el gobierno de Sharon
lo niega, señalando que “nunca nadie se comprometió a devolver a
Siria el acceso a su principal fuente de agua”.
También el régimen sirio, desde la interrupción de las
negociaciones en el año 2000, venía señalando que una reanudación
del diálogo con Israel tenía que comenzar desde “lo acordado y no
desde el punto cero”. Por eso no está bien concretado su interés de
reanudarlas sin “condiciones previas”.
Los Altos del Golán fueron
conquistados por Israel durante la Guerra de los Seis Días realizada en
junio de 1967 contra los
árabes y fueron anexados en 1981. Están actualmente habitados por no
menos de 17.000 drusos de nacionalidad siria y un número similar de
colonos israelíes, según las informaciones oficiales.
Una vez conocida la posición estadounidense favorable al
encuentro sirio-israelí, Sharon declaró a
la prensa que “bajo ciertas condiciones” está dispuesto a reunirse
con el presidente Al Asad, aunque aclaró que “no veo ningún signo
real” sobre que Siria quiera la paz.
Esta declaración de Sharon puso de
manifiesto las divergencias entre ambos gobiernos, porque el ministro al-Charek
“saltó a la palestra” de inmediato para calificar de
“inaceptable” la afirmación del Primer Ministro de “poner
condiciones” para que sean reanudadas las conversaciones.
Varios primeros ministros israelíes, entre ellos los socialistas
Isaac Rabin y Simon
Peres ofrecieron, en su momento al gobierno
sirio, que durante décadas presidió el fallecido Hafez
El Asad, padre del actual mandatario, la devolución de los Altos de Golán
a cambio de obtener una verdadera garantía de paz.
Israel exige a Siria una condición especial sin la cual no
habrá ningún proceso de diálogo: que el gobierno que preside Al Asad,
“antes de hablar, debe poner fin a su apoyo a las distintas
organizaciones terroristas”, según declaró el 23 de noviembre en
Jerusalén el ministro hebreo de Asuntos Exteriores, Silvan
Shalom.
Siria, ciertamente, ha venido dando cobertura y apoyo económico
y de protección en su propio territorio, según Shalom,
a organizaciones que tienen al terrorismo como su razón de ser, tales
como las sanguinarias Yihad Islámica y el
Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás),
palestinas, y al partido pro iraní Hezbolá,
que en Damasco tiene viviendo a todos los miembros de su dirección
política.
“Esa es una condición sin cuyo cumplimiento no puede
establecerse ningún diálogo ni ninguna negociación”, según el
gobierno israelí, y sobre el cual Siria se ha pronunciado negativamente
en anteriores oportunidades porque su gobierno está fuertemente
vinculado con ellas y en numerosas ocasiones ha apoyado las acciones
terroristas de esas organizaciones contra Israel, además de la “Intifada”
palestina en Gaza y Cisjordania, organizada
por el recientemente fallecido Yasser Arafat
y Marwan Barghuti,
preso en Jerusalén, que ha dejado más de 5.000 muertos.
También el posible vencedor de las elecciones para la
presidencia de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), el ex primer
ministro Mahmud Abbas
(alias Abú Mazen), espera negociar la paz
con Israel para lograr que a través de la “Hoja de Ruta”, se pueda
establecer, definitivamente en el año 2005, el Estado Palestino. Los
comicios se celebrarán el próximo 9 de enero.
De todas maneras, como “rectificar es de sabios” y si ahora
se puede contar con el apoyo estadounidense, empeñado como está el
presidente, George Bush,
en que se pacifique el Oriente Medio, una negociación de paz
sirio-israelí sería muy conveniente para alcanzar esos propósitos. La
paz justifica que todas las partes cedan en muchas de sus pretensiones
pero, por sobre todo, que exista mucho ánimo dialogante exento de
arrogancias y, especialmente, de guerras verbales. |