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Las divergencias que han mantenido distanciados a España y
Estados Unidos desde el 12 de octubre del año pasado volvieron a
ampliarse el 3 de diciembre de 2004, al considerar el régimen
estadounidense como “equivocada” la decisión del presidente del
gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de “flexibilizar su
política hacia Cuba”, lo que originó la liberación de seis
disidentes, entre ellos el periodista y poeta Raúl Rivero.
El Subsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental
norteamericano, Roger Noriega, para “echar
más leña al fuego” a las deterioradas relaciones bilaterales,
afirmó que “gente que da crédito a un régimen por liberar personas
inocentes de la cárcel no sólo se humillan así mismos sino que son
sus cómplices”.
Noriega con esa afirmación compartió los criterios expuestos en
Miami, el pasado 30 de noviembre, por miembros del exilio cubano, y en
La Habana, por Elizardo Sánchez, presidente
de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y de Reconciliación Nacional
(CCDHRN), sobre que esa liberación a “cuentagotas” de presos
constituía “una maniobra política y no un gesto humanitario” y era
una “operación de fachada” para “quedar bien con los gobiernos de
España y de la Unión Europea”.
En el marco de una charla organizada por el Centro de Estudios
Estratégicos Internacionales (CSIS), en Washington, Noriega reafirmó
la acusación a Rodríguez Zapatero de “hacer concesiones al régimen
de (el presidente de Cuba), Fidel Castro”, lo que Estados Unidos
considera “un tremendo error”.
Las desavenencias con Rodríguez Zapatero, que asumió el poder tras
haber ganado las elecciones del 14 de marzo pasado, se remontan al 12 de
octubre de 2003 cuando el ahora jefe del ejecutivo español no se
levantó de su silla al paso de la bandera estadounidense durante el
desfile militar con ocasión de la fiesta nacional y que se agravó
cuando se ordenó, en mayo pasado, el retiro de las tropas españolas de
Irak y por imprudentes declaraciones de los ministros de Asuntos
Exteriores, Miguel Angel Moratinos, y de
Defensa, José Bono, además del más alto mando de las Fuerzas
Militares.
En todos los países de América, y de manera especial en Estados
Unidos, ello constituye una afrenta no ya a la insignia patria sino al
propio pueblo, y quedó plenamente demostrado cuando el 12 de octubre de
este año el embajador de ese país no asistió a los actos
conmemorativos del festejo ni a la recepción ofrecida por el Rey Juan
Carlos, y que se agravó al ordenarse el retiro de la bandera
norteamericana en el desfile militar de ese mismo día.
“Hacer concesiones a un régimen de esa naturaleza (el cubano)
es realmente una política equivocada, y creo que todos debemos estar de
acuerdo en eso”, expresó Noriega, porque a su juicio, las
“liberaciones son sólo una estrategia de Castro para obtener favores
políticos”.
La represión y detención de 75 disidentes al régimen
dictatorial que con mano férrea y sanguinaria preside Castro, originó
la más amplia repulsa internacional y obligó a la Unión Europea (UE)
a imponer sanciones, entre las cuales estaban la suspensión de
las ayudas económicas y, además, las embajadas acreditadas en La
Habana debían invitar a los disidentes y opositores a la fiestas
nacionales de cada país.
Los 75 disidentes fueron detenidos el 20 de marzo de 2003 y
castigados luego, el 6 de abril, a penas que oscilaban entre 5 y 28
años, acusados de “atentar contra la independencia y seguridad del
Estado, socavar los principios de la revolución y colaborar con Estados
Unidos”, durante un juicio sumarísimo de menos de un día, en el cual
no tuvieron el elemental derecho de contar con un abogado defensor.
“Para las familias de los disidentes fue importante que los
hayan liberado (en total van 15 de los 75 injustamente detenidos), pero
la tragedia de Cuba es que hay once millones de personas que son presos
políticos y que lo seguirán siendo hasta que no acabe la dictadura”,
dijo también Noriega durante su intervención en el CSIS.
El funcionario estadounidense fue mucho más lejos, al criticar
la política exterior de España, cuando afirmó que “el canciller
(ministro de Relaciones Exteriores cubano, Felipe) Pérez Roque dijo
meses atrás que `España se arrastraría de rodillas hacia la Habana`.
Cuando leí eso me reí. Y supongo que Pérez Roque es quien se está
riendo ahora”.
Asimismo, Noriega criticó a la UE, pues considera que en vez de
buscar cambios permanentes en la Isla “se ocupa es de buscar el
reconocimiento por la liberación de un puñado de disidentes
cubanos”, actitud que está asumiendo a petición de España.
El pasado 25 de noviembre España comenzó sus “contactos
oficiales individuales” con el gobierno de Castro para buscar un
“gesto humanitario” por parte del dictador Castro que sirviese para
liberar a los 75 detenidos, muchos de los cuales –entre ellos los seis
que quedaron en libertad entre
el 29 de noviembre y el tres de diciembre pasados- se encuentran
gravemente enfermos porque no tuvieron en las cárceles la atención
médica necesaria, que permanentemente les negó el gobierno
dictatorial.
Rodríguez Zapatero había anunciado antes de comenzar esa puesta
en libertad, que el objetivo era lograr que “todos los países de la
UE tengan contacto con las autoridades cubanas”, aunque el presidente
de la Comunidad, Bernard Bot,
tras conocer la decisión del régimen castrista afirmó en Bruselas,
el 30 de noviembre, que “lo encuentro muy alentador, pero no hay que
olvidar que había 75 prisioneros políticos y que hemos pedido la
liberación de los 75”.
A pesar que a finales de noviembre los Reyes de España fueron
invitados por el presidente estadounidense, George
Bush, a un almuerzo privado en su rancho de
Texas, y a que el Rey Juan Carlos buscó atemperar las diferencias y la
normalización de las relaciones, no puede decirse que todo se encuentre
solucionado.
Un portavoz del Departamento de Estado norteamericano, al
subsistir el desencuentro bilateral, calificó la visita que el ministro
Moratinos está realizando a la región del
Oriente Medio de “un intento por buscar que se le otorgue a España
posibilidades de intervenir en las negociaciones de paz israelo-palestinas”,
lo que en un principio “descartó”.
Tampoco ha gustado al gobierno de Bush,
según ese mismo portavoz, la actitud del ministro al acusar al anterior
presidente del gobierno José María Aznar,
de haber apoyado el intento de golpe de estado contra el presidente
venezolano, Hugo Chávez, en connivencia con Estados Unidos y el
respaldo que le ha dado Rodríguez Zapatero, porque considera que ha
sido “una infamia y una afirmación infundada de Moratinos”.
Las acusaciones de Noriega, funcionario que es uno de los
“fuertes” dentro del gobierno de Bush,
dan una idea exacta que a pesar de los esfuerzos, las circunstancias
actuales no permiten normalizar las relaciones, aunque en momentos dados
haya “buenas palabras”. A ninguno de los dos países, y menos a
España, le conviene ese alejamiento. |