ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



COLOMBIA: “CAPO” RODRIGUEZ OREJUELA ENVIADO A EEUU  

    Por fin uno de los más temibles “capos” de las mafias colombianas, el narcotraficante Gilberto Rodríguez Orejuela (alias “El Ajedrecista”), fue entregado el 3 de diciembre de 2004 a las autoridades de Estados Unidos por el gobierno que preside Álvaro Uribe Vélez, y se encuentra ya ingresado en el Centro de Detención Federal de Miami, para empezar a responder ante la justicia de ese país a partir del próximo día 6.  

    “El Ajedrecista”, que presidía junto con su hermano Miguel el narcotraficante “Cartel de Cali”, tan poderoso como el “Cartel de Medellín” que fundó el mafioso Pablo Escobar Gaviria, fue entregado en el Aeropuerto Militar de Bogotá (Catam) a alguaciles estadounidenses, tras la resolución de extradición número 288, del dos de diciembre,  firmada por Uribe Vélez y el Ministro de Interior y Justicia, Sabas Pretelt, y luego de haber recibido la pertinente autorización por parte de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), el pasado 2 de noviembre.  

    Rodríguez Orejuela, de 63 años, que se desempeñaba como mensajero en una farmacia, está acusado, junto con su hermano, que también está detenido en una cárcel colombiana, de integrar la “más grande mafia del tráfico de cocaína” durante las décadas de los años 80 y 90 y de haber exportado no menos de 800 toneladas del estupefaciente a Estados Unidos.  

    De ser un joven que llevaba a domicilio las medicinas para los enfermos en su pueblo natal de Mariquita, en el departamento del Tolima, Rodríguez se convirtió, a los 40 años, en un poderoso “capo”, creando en Cali numerosas empresas “tapaderas”  para desarrollar su ilícito negocio y pasó a ser considerado una de las personas más ricas del mundo con un patrimonio que supera los 6.000 millones de dólares.  

    En el año 1984 Rodríguez fue detenido por primera vez en Madrid bajo la acusación de tráfico de estupefacientes y tras varios meses en la antigua cárcel de Carabanchel, el gobierno español presidido entonces por Felipe González y cuyo ministro de Justicia era Fernando Ledesma, lo extraditó a Colombia desoyendo la petición que en este mismo sentido le  habían elevado las autoridades judiciales y el gobierno estadounidense.  

    En Colombia, su capacidad para sobornar jueces y autoridades carcelarias, en una cadena delictiva de la que también hacían parte abogados y periodistas corruptos, le permitió ser “absuelto” por un magistrado al que “compró con dinero” y el cual alegó “falta de pruebas”, tras un proceso de dos años, y al quedar en libertad pasó a la clandestinidad para seguir manejando “el negocio familiar del narcotráfico” desde un desconocido lugar.  

    El jefe mafioso viajó el viernes desde Bogotá a Miami en una aeronave de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) tras haber llegado 45 minutos antes procedente de la Cárcel “La Picota” y después de permanecer en ella desde el 15 de noviembre de 2003, cuando fue recapturado, ocho días después de haber sido liberado por un juez de Tunja, “también sobornado”, según denunció entonces el gobierno colombiano a través de su ministro de Justicia e Interior, Fernando Londoño.  

    Por todos los delitos de los que la justicia colombiana le ha encontrado culpable, “El Ajedrecista” ha permanecido en cárceles del país un total de 7 años y 15 meses y ahora le espera en Estados Unidos una condena que, según han dicho miembros de la justicia, no será inferior a 30 años.  

    El amplio poder para corromper magistrados haciendo “correr enormes cantidades de dinero” entre miembros de la justicia, le permitió obtener “sustanciales rebajas de penas” pues en Colombia recibió condenas por un total de 45 años y, finalmente, sólo debía estar en prisión un total de 10 años y 6 meses. Esto significa que le faltaban, antes de ser enviado a Estados Unidos, 3 años y 9 meses más de permanencia en la cárcel.  

    El jefe mafioso, al que seguramente muy pronto acompañará su hermano Miguel, solicitado, asimismo, por la justicia estadounidense, será juzgado en tribunales de Miami y Nueva York bajo la acusación de continuar dirigiendo operaciones de narcotráfico desde la cárcel de Bogotá.  

    Su abogado Jorge Luis Gutiérrez, asiduo defensor de narcotraficantes colombianos, anunció que “interpondrá una demanda ante lo contencioso-administrativo no solamente por el caso sino porque se está afectando al estado de derecho en Colombia” en declaraciones a la Cadena Radical Colombiana (Caracol), mientras su hijo Jaime Rodríguez afirmó en Cali que con la extradición se “había cometido una injusticia” y que en “Estados Unidos continuará la defensa de mi padre”. En este país lo defenderá  José Quiñón, otro abogado de numerosos y reconocidos mafiosos.  

    El gobierno colombiano, al autorizar la extradición, puso de presente, al contrario de lo que opina Gutiérrez, que los delitos por los que la justicia estadounidense le reclama “son diferentes a los que sirvieron de base para condenarlo” en el país y que por tanto no existen obstáculos para dar cumplimiento a la autorización otorgada por la Corte Suprema que estudió íntegramente todos los argumentos jurídicos, en pro y en contra, y determinó que la entrega del “mafioso” era constitucional.  

    Coincidencialmente su extradición, un 3 de diciembre, coincidió con la muerte, en ese mismo día, pero de 1992, del sanguinario “capo” Pablo Escobar, quien fue abatido en Medellín durante un enfrentamiento armado con miembros del ejército y la policía, después de haber huido de la cárcel de Itagüi –cercana a esa ciudad- al contar con la colaboración de varios guardianes.  

    Escobar, contando con la complicidad del estamento carcelario, había ordenado construir un túnel que le permitía abandonar la prisión a diario para ordenar sus acciones delictivas consistentes no solo en el envío de la cocaína hacia Estados Unidos y Europa sino del asesinato de prestantes personalidades, entre ellas el candidato presidencial por el partido Liberal, Juan Carlos Galán Sarmiento, acribillado a balazos el 18 de agosto de 1994 y del director del diario El Espectador, Guillermo Cano, ocurrido el 20 de diciembre de 1986.  

    Uno de sus “lugartenientes”, Fabio Ochoa Vásquez, miembro de otro “clan familiar mafioso” de Medellín fue extraditado desde el año 2002 y se encuentra recluido en una cárcel de máxima seguridad en Estados Unidos, en espera de condena, al igual que Carlos Lehder, uno de los primeros subalternos de Escobar, que fue sentenciado a cadena perpetua hace varios años.  

    Entre el 10 de septiembre y el 2 de noviembre pasados fueron extraditados otros 27 reconocidos narcotraficantes y Gabriel Puerta Parra, uno de los 12 jefes más buscados por la justicia estadounidense está pendiente de la decisión del gobierno de Uribe, luego de haber sido capturado el pasado 6 de octubre en la población de La Vega, cercana a Bogotá. Igualmente está pendiente la de Luis Hernando Gómez Bustamante (alias Rasguño), detenido en La Habana y que a través de Cuba introducía a Estados Unidos la cocaína del “Cartel del Norte del Valle”.  

    No obstante la extradición de Rodríguez Orejuela, el presidente Uribe se encuentra en la “mira internacional” porque también la Corte Suprema autorizó otras entregas de narcoterroristas a las autoridades estadounidenses, entre ellos las del dirigente de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) Ricardo Palmera Pineda (alias Simón Trinidad), que fue detenido en Quito, y la del líder de las paramilitares Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), Salvador Mancuso.  

    Recientemente el gobierno hizo saber que la extradición de Mancuso “estaba congelada” porque las Auc adelantan “presuntas” negociaciones de paz, de las que pocas muestras de quererla han dado, y él encabeza la negociación por parte de la banda  terrorista ultraderechista.  

    El gobierno colombiano, por este motivo, se encuentra entre la “espada y la pared”, máxime cuando el de Estados Unidos le ha hecho saber que no aceptará más incumplimientos en esta materia y le está exigiendo la entrega de ambos terroristas. Aunque extradite a muchos otros, dejará de cumplir sus compromisos internacionales si sigue negándose a autorizar, como sí lo hizo con Rodríguez Orejuela, que Simón Trinidad y Mancuso sean juzgados y condenados por una justicia imparcial.

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