ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



BRASIL: DISCREPANCIAS CON OIEA SOBRE ENRIQUECIMIENTO URANIO  

    El gobierno de Brasil recibió presumiblemente la autorización de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) para activar su planta enriquecedora de uranio situada en Resende, localidad cercana a Río de Janeiro, anunció el 24 de noviembre de 2004 el ministro brasileño de Ciencia y Tecnología, Eduardo Campos, aunque la entidad perteneciente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció desde Viena que “aún quedaban por resolver algunas discrepancias”.  

    La contradicción entre el gobierno brasileño y la OIEA quedó en evidencia cuando un comunicado de los ministros Campos y Celso Amorim, de Relaciones Exteriores, dio el hecho por seguro, mientras el portavoz del organismo encargado de fiscalizar las instalaciones atómicas, Mark Gwozdecky, expresó que “faltan flecos” para que esa autorización se produzca definitivamente.  

    “Hemos logrado un acuerdo de manera que nuestra planta de Resende (60 kilómetros al oeste de Río de Janeiro) pueda comenzar a operar. Eso significa que podemos iniciar las pruebas inmediatamente”, indicó el comunicado de los dos ministros brasileños, mientras Gwozdecky expresó que “La OIEA está aún en proceso de concluir nuestra evaluación para posibles acuerdos de salvaguardia en la planta de Resende”.  

    Las discrepancias entre Brasil y la OIEA habían quedado patentes el pasado 10 de abril cuando el gobierno que preside Luiz Inácio da Silva (“Lula”) se negó a aceptar visitas de los inspectores del organismo fiscalizador que habían pedido autorización para revisar las centrifugadoras de las fábricas de uranio alegando que “tiene que defender sus secretos industriales” y que no estaba ejecutando programas de fabricación de armas nucleares. Durante el año 2003, la OIEA realizó no menos de 50 visitas de inspección a las instalaciones brasileñas.  

    A pesar que en febrero y marzo pasados el gobierno presidido por “Lula” se negó a autorizar  las visitas de dos misiones de la OIEA que pretendían inspeccionar la centrifugadora de Resende, sí las autorizó al resto de las instalaciones “para verificar si el material tratado se conjugaba con su uso para fines pacíficos”.  

    Aunque no permitió una visión completa de las áreas de centrifugación por parte de los inspectores de la OIEA, sí les permitió tener un “acceso visual parcial a ellas”, por lo que el gobierno brasileño consideró que las divergencias habían quedado superadas y se había alcanzado un “final feliz”.  

    Brasil posee una de las mayores reservas mundiales de uranio y su programa de explotación,  anunció el gobierno en aquella época, estaba previsto para realizarse con un “grado de enriquecimiento inferior al cinco por ciento para el funcionamiento de sus centrales energéticas de Angra I y II y, eventualmente, de Angra III”.  

    El enriquecimiento inferior al 5 por ciento impide por su insuficiencia construir armas atómicas y por eso Brasil no se propone realizar programas en tal sentido; respecto a las excedencias de uranio, el gobierno desea exportarlas a los países que garanticen que “no la usarán para construir armas con fines belicistas”.  

    “Brasil no pretende tener la bomba atómica y únicamente busca proteger su capacidad de desarrollo industrial, por lo que no constituye ninguna amenaza para nadie”, reiteró el canciller Amorim, para quien su país tiene la necesidad de “desarrollar una tecnología importante para obtener energía barata e independencia en ese sector”.  

    Según declaró Campos el 24 de noviembre, la “etapa experimental puede durar de seis a ocho meses” y la producción que resulte será dirigida a las plantas nucleares en actual funcionamiento de Angra I y Angra II, que generan un total del 4,3 por ciento de la energía eléctrica que consume el país”.  

    Para este ministro, en declaraciones a la prensa, el sólo hecho de “haber recibido la autorización de la OIEA representa una etapa más superada en el programa nuclear brasileño y representa una economía de divisas al país”. Al mismo tiempo Campos expresó que su gobierno puede informar oficialmente que no va a desarrollar un programa nuclear, porque “Brasil es un país cuya Constitución contempla el carácter pacífico de su plan nuclear”.  

    El gobierno iniciará inmediatamente las primeras pruebas en Resende en el primer módulo de un total de cuatro que comprende el proyecto completo hasta el año 2010, señaló Campos. Este primer módulo, según el plan aportará no menos del 15 por ciento del uranio requerido para todas las plantas.  

    Una vez cumplido el programa con los cuatro módulos previstos, Brasil  contará con un 60 por ciento de autosuficiencia de uranio enriquecido para las plantas Angra I y II, anunció el presidente de la Comisión Nacional de Energía Nuclear (CNEN), Odair Goncálves.  

    El ahorro económico también “será sustancioso” para Brasil, porque según Campos, con la capacidad de enriquecimiento de los cuatro módulos, “se dejarán de pagar no menos de 12 millones de dólares, cada 14 meses, para enriquecer su uranio en Canadá y en la firma Urenco para alimentar a Angra I y II. Urenco es un consorcio europeo integrado por Alemania, Holanda y Gran Bretaña.  

    Campos dijo que desde el año 2000 “cuando comenzaron los trabajos, la infraestructura del primer módulo de Resende costó 37 millones de dólares, equivalentes a 100 millones de reales, la moneda local. Cada uno de los módulos requiere de una licencia de la OIEA, por lo que al terminar este primero, el gobierno brasileño deberá negociar los siguientes, en la medida en que se efectúen los trabajos, señaló Campos.  

    También explicó que su país inició su programación nuclear en la década de 1970 gracias a un acuerdo firmado con Alemania que le cedió tecnología.  

    “El desarrollo de técnicas propias de centrifugación que permiten elevar la calidad del uranio costó al país millones de dólares, por lo que tiene que preservar obligatoriamente esa tecnología”, señalaron las autoridades del CNEN y del ministerio de Ciencia y Tecnología que, asimismo, dieron a conocer que Brasil cuenta actualmente con 2.368 instalaciones que manejan material nuclear –desde plantas hasta laboratorios médicos- sometidos a reglas de la OIEA”.  

    El 6 de noviembre de 2003, en el transcurso de la XVIII Conferencia General de Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe (OPANAL), celebrada en La Habana, se declaró a la región una “zona libre de armamentos”, por lo que Brasil está considerado un país que no produce “armamento nuclear”.  

    “Ninguno de nuestros Estados miembros tiene armas nucleares y todos han renunciado a tenerlas, de modo que ahora lo que debemos hacer es asegurarnos que la zona no corra el riesgo de una amenaza nuclear por parte de quienes las detentan”, dijo el chileno Edmundo Vargas Carreño, Secretario General de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE).  

    Lo importante es que el gobierno brasileño produzca el uranio enriquecido para satisfacer sus propias necesidades y que sea lo debidamente cuidadoso y estricto para evitar que los sobrantes vayan a parar a países antidemocráticos o a organizaciones terroristas porque ello sí originaría verdaderos peligros.  

    En el mundo ya se conocen los países y las bandas criminales que viven del terror y por ello es fácil evitarlo, pero se necesita, desde luego, el máximo de pulcritud y ningún asomo de corrupción para que un país que no tiene ambiciones nucleares pueda ser luego acusado de propiciarlas. En este sentido, Brasil debe tomar las máximas precauciones. Ninguna de estas sobrará.

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