ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



VENEZUELA: ATAQUE DIRECTO A LIBERTAD PRENSA  

    El gobierno de Venezuela y la mayoría oficialista que lo apoya en la Asamblea Nacional acordaron definitivamente dar el “golpe de gracia” a la libertad de prensa, al aprobar el 25 de noviembre de 2004 una polémica, innecesaria y mal denominada Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, con lo cual el presidente, Hugo Chávez, puede ejercer el poder dictatorial a su antojo.  

    La aprobación de esa Ley se produjo cuando el mandatario se encuentra ausente de Venezuela, realizando una gira oficial  por cuatro países que empezó el 20 de noviembre pasado en España, con gestos desagradables, incumplimientos de las citas concertadas con los empresarios y lo que más sabe hacer cada vez que habla: insultar al más digno estilo de su mentor y “padre político”: Fidel Castro, a quienes han tenido responsabilidades de gobierno en este país y a Estados Unidos, cuyo poderío le ha originado, según psiquiatras venezolanos, un “expresivo delirio de persecución”.  

    La mejor conocida como “Ley mordaza”, que empezó a proyectarse en enero de 2003 y a la que numerosos gobiernos de países democráticos, la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y los periodistas y oposición venezolanos han expresado su rotundo rechazo, pretende regular los medios audiovisuales pero en el fondo de lo que se trata es de una “simple acción urdida” para que Chávez, según empresarios y organizaciones de prensa, “pueda apoderarse del único medio independiente que tiene el país”.  

    De acuerdo con la oposición venezolana, Chávez es un “completo dictador” porque ha “concentrado en sí todos los poderes y se ha convertido en un amo único”. Es el dueño absoluto del poder legislativo, del poder judicial, cuya mayoría de miembros solo actúa bajo sus órdenes y pretende también hacerse con las riendas del conocido “cuarto poder”.  

    Ahora, al amparo de una ley que no ha sido “debidamente estudiada y analizada sino que únicamente responde para complacer a un gobierno ególatra”, se puede “avasallar a toda la prensa para que la libertad de prensa tenga una muerte lenta”, como dijo el diputado de la opositora Acción Democrática (AD) Alfonso Marquina, tras la mayoría alcanzada en la Asamblea Nacional por los diputados “chavistas” del Movimiento Quinta República.  

    Los poderes que la ley otorga al gobierno servirán, dicen las organizaciones periodísticas, para que “se acallen las críticas de quienes no están de acuerdo con los procedimientos del Ejecutivo” y para que se realice “una auténtica caza de brujas” contra la independencia de los periodistas.  

    Para los legisladores oficialistas que facilitaron la aprobación de la “ley mordaza”, en cambio, va a traer “grandes beneficios”  porque se “impedirá que se difundan programas de sexo o violencia en horarios infantiles” y se obligará a las empresas privadas de radio y televisión a “dar cabida en sus programas a productores independientes que no formen parte de la plantilla de ellas”.  

    Los empresarios de radio y televisión ven con ello las “posibilidades de infiltración” de personas adictas al gobierno de Chávez, que tendrán la misión concreta de “boicotear y causar perjuicios a nuestras compañías”.  

    Recientemente la SIP dijo que esa ley “pondría en absoluto peligro a la libertad de prensa” y permitiría que el gobierno persiga con “perfidia e insistencia” a los periodistas independientes que “no se doblegan ante el poder y que tienen como principal misión garantizar una información veraz y objetiva de los acontecimientos que ocurran en Venezuela”.  

    En el marco de su 60 Asamblea General realizada en Antigua (Guatemala), la SIP denunció el pasado 26 de octubre, que Chávez era responsable de las persecuciones a la prensa porque quiere que esta “se plegue a sus intereses particulares y partidistas antes que a los de la opinión pública que debe conocer siempre la verdad”. 

    Para los organismos periodísticos y empresariales venezolanos, “el gobierno ejercerá un control permanente de censura y buscará sobre la base de disculpas fijar cuantiosas multas para tratar de ahogar económicamente a las empresas”, máxime cuando a juicio de aquellos, “será imposible recurrir a las sanciones dado que el poder judicial está absolutamente corrompido y comprado por Chávez”.  

    La SIP, haciendo expresa referencia a la mencionada Ley señaló en aquella oportunidad que “la situación en Venezuela está dando un giro alarmante hacia la restricción e intimidación de la prensa”, añadiendo que con ella “se amordazaría a los medios y le daría al gobierno (presidido por Chávez) control fundamental sobre la programación y, en efecto, permitiría la censura previa” y porque, además “la intimidación física contra periodistas (independientes) va en aumento”.  

    El gobierno defiende la presentación y aprobación de la ley porque con ella se “busca proteger al público infantil y adolescente de la transmisión de contenidos violentos o sexuales que afecten a su formación, y de promover entre los medios electrónicos una ética y fomentar la producción audiovisual independiente”, pero el presidente del Instituto de Prensa y Sociedad (capítulo venezolano), Andrés Cañizales, manifestó recientemente que “ha sido utilizada como instrumento en la confrontación política”.  

    La ley tiene “defectos en sus mecanismos de sanción y parámetros de evaluación, porque le concede todo el poder de decisión para evaluar y multar a un Comité representado en su mayoría por el Gobierno”, según dijo el sociólogo y periodista Tulio Hernández.  

    Con esa “mayoría” gubernamental, Chávez ha venido dominando la justicia a través de sus máximos representantes, como está ocurriendo en la Sala Constitucional  y en el propio Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), cuyo presidente, Iván Rincón, es un “chavista confeso”, al igual que ocurre con Francisco Carrasquero y otros dos miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE) a quienes los opositores  acusan de “violar la ley para favorecer los intereses personales del dictador”.  

    En declaraciones periodísticas, el presidente de la Cámara Venezolana de Radiodifusión, Ciro García, expresó que la ley aprobada “será de difícil aplicación” y a su juicio,  “con ella los diputados oficialistas se han puesto un nudo en la garganta, pues están atentando contra su propia libertad de expresión”.  

    Un antiguo periodista, que ahora ejerce como vicepresidente de Venezuela, José Vicente Rangel, “se convirtió en un furibundo enemigo de la libertad de expresión porque diarios, emisoras de radio y televisión, en su gran mayoría, hacían respetar su independencia y su derecho a la libertad de prensa”, dijeron organismos periodísticos  e, incluso, Reporteros sin Frontera (RSF), que desde París había pedido al gobierno retirar la ley del Parlamento por “atentar contra la libertad de prensa e intentar coartar a los empresarios y periodistas en su misión de informar con la verdad”.  

    La gran mayoría de los venezolanos considera, de acuerdo con sondeos publicados en el país, que la Ley se elaboró como “una venganza” contra los medios informativos porque estos “han informado con veracidad sobre el desgobierno  de Chávez” y han pedido que haya una “completa rectificación de las formas y maneras como el presidente está manejando la situación política, social y económica”, que a su juicio “ha sido lamentable e incorrecta”.  

    Ojalá que Chávez y sus ministros piensen en los perjuicios que se pueden originar en el propio país por querer controlar la información, buscar evitar que se divulgue la verdad y silenciar a quienes no están acuerdo con su manera de gobernar. Por el bien de Venezuela, deben actuar con gran respeto porque el máximo derecho  que tienen los ciudadanos en el mundo es el de recibir toda la información veraz y objetiva, porque un gobierno que silencia la prensa es un gobierno en ruinas y absolutamente antidemocrático.

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