ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



SIDA: PANDEMIA SIGUE ASCENSO CON 4,9 MILLONES MAS    

    El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) registró durante 2004 un notable aumento y 4,9 millones de personas resultaron infectadas a nivel mundial, especialmente en Asia Oriental y Central y en Europa Oriental, según un informe del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), dado a conocer el 23 de noviembre de este año en Ginebra.  

    La pandemia continuó su desenfrenada carrera, con un aumento equivalente al 12 por ciento y las cifras alcanzadas en 2004 elevaron el total de enfermos a 39,4 millones de personas. Al mismo tiempo durante este año fallecieron 3,1 millones y ambos organismos destacaron que “el aspecto más alarmante de la epidemia reside, precisamente, en el ritmo de aumento”.  

    Bajo el título “Resumen de la epidemia mundial del SIDA, diciembre 2004”, ONUSIDA y OMS aclararon que el informe anual se dio a conocer antes de la celebración, el primero de diciembre próximo del Día Mundial sobre esta enfermedad, en el cual, asimismo, destaca negativamente que “cada día más mujeres son portadoras del virus” y representan más de la mitad de los 37,2 millones de adultos infectados, lo que significa que 2,2 millones de niños y menores de edad se encuentran también sufriendo este cruel mal.  

    Durante el presente año, dice el informe, se llegó a la cifra de 1,7 millones de personas infectadas en América Latina y el Caribe, siendo Brasil el más afectado pues la tercera parte de los portadores del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) viven en este país, el más grande de Suramérica.  

    “Al principio, la epidemia de Brasil afectó mayoritariamente a varones que tenían relaciones sexuales con varones y luego a consumidores de drogas intravenosas. Sin embargo, la epidemia se ha vuelto ahora más heterogénea, de modo que la transmisión heterosexual representa una proporción creciente de las infecciones por el VIH y las mujeres están cada vez más afectadas”, expresa el informe anual.  

    Pese a esa situación, destaca que “Brasil sigue siendo una referencia entre los países en desarrollo” porque a través de su sistema nacional de salud “continúa ofreciendo acceso a fármacos antirretrovíricos para todas las personas que viven con el VIH” lo que contribuye a que “la esperanza de vida de los pacientes con SIDA ha aumentado espectacularmente”.  

    Los aumentos más significativos de la enfermedad correspondieron a Asia Oriental, en donde en los dos últimos años hubo un incremento del 56 por ciento, mientras en Asia Central y Europa Oriental el porcentaje llegó al 48 por ciento. También la región del Caribe continuó siendo, por segundo año consecutivo, una de las más afectadas del mundo.  

    “La transmisión del VIH se produce principalmente a través de las relaciones heterosexuales, aunque las relaciones sexuales entre varones, que están muy estigmatizadas, también impulsan la epidemia en los países caribeños, donde el SIDA ha pasado a ser la causa principal de mortalidad en adultos entre los 15 y 44 años”, señaló el informe, que también hace referencia a la terrible situación que registra el continente africano.  

    Precisa, asimismo, que “en África subsahariana, la región más castigada, alrededor del 60 por ciento de los adultos que viven con el VIH, eso es 13,3 millones de personas, son mujeres”, y los expertos indican que “no existe una sola epidemia de SIDA en el mundo. Muchas regiones y países están experimentando diversas epidemias, algunas de ellas aún en las primeras fases”.  

    Hay otra precisión: “las mujeres son físicamente más vulnerables a la infección por el VIH que los varones” y los especialistas añaden que “a medida que aumenta el número de personas que se infectan por el VIH y viven con el virus, crece también el número de las que necesitan tratamiento antirretrovírico, así como atención de las infecciones”.  

    En Estados Unidos, por ejemplo, la enfermedad afecta “desproporcionadamente a las mujeres afroamericanas e hispanas, y se encuentra entre las tres primeras causas de mortalidad para las afroamericanas entre los 35 y 44 años”, añade el balance  anual de la ONUSIDA y la OMS.  

     Asimismo, Rusia registra la mayor epidemia en Europa Oriental, y de acuerdo con informes sobre la enfermedad que fueron realizados por el  Centro Federal de ese país en el 2003, el 38 por ciento de las personas que vivían con el VIH eran mujeres, en comparación con el 24 por ciento de 2001. Es, sin duda, un significativo y muy negativo aumento del 14 por ciento.  

    Otra de las causas que está originando el alto aumento de la pandemia hace relación a la fuerza que se ejerce sobre muchas menores de edad, casi niñas, para “iniciarse en la actividad sexual” y según “las encuestas, 24 por ciento de las muchachas en las zonas rurales de Perú declaran que su primera relación sexual fue forzada”.  

     Ambos organismos destacan que “la estrategia preventiva (abstinencia, fidelidad y uso de preservativos) es insuficiente” y dicen que “se necesitan urgentemente estrategias que aborden las desigualdades por razón de sexo”.  

    En América Latina y el Caribe “hay actualmente unas 610.000 mujeres que están viviendo con el VIH” y durante este año, no menos de 95.000 personas fallecieron a causa de la enfermedad y otras 240.000 resultaron infectadas.  

    Recomiendan que esas estrategias “deberían centrarse en la prevención de la violencia, los derechos de propiedad y sucesión, el acceso a la educación básica y las oportunidades de empleo para las mujeres y muchachas, y la investigación de microbicidas”, porque para los expertos y los autores del informe estas estrategias son vitales para ayudar a combatir una enfermedad que “se propaga por el mundo a un ritmo muy elevado y peligroso”.  

    Desde finales de los años 90 del siglo pasado, el número de infecciones por el VIH en América Central “ha aumentado en diversos países (incluidos El Salvador, Nicaragua y el caribeño Panamá), aunque la máxima prevalencia del virus todavía corresponde a Guatemala y a Honduras”, siendo este último “el más afectado”.  

    Aquí también las relaciones homosexuales “constituyen un factor importante en las epidemias de toda la subregión, sobre todo en Costa Rica”, aunque el informe destaca que en este país, Argentina y Panamá “los casos y la mortalidad por SIDA han disminuido, después de la ampliación del acceso al tratamiento antirretrovírico”.  

    Los recursos económicos para combatir la pandemia han registrado considerables aumentos, aunque en varios países latinoamericanos y del caribe “todavía persiste una incongruencia entre las prioridades del gasto en prevención y la evolución de las epidemias nacionales”.  

    En la gran mayoría de los países de esta región se “dirige el grueso de su gasto en prevención a programas para los profesionales del sexo. El gasto en prevención aún no refleja el hecho que las relaciones sexuales entre varones constituyen una fuerza impulsora de la epidemia”.  

    “El desembolso mundial para el SIDA se ha triplicado al pasar de 2.100 millones de dólares en 2001 a 6.100 millones en 2004, y el acceso a servicios básicos de prevención y atención ha aumentado de forma sustancial, pero sin embargo la enfermedad continúa propagándose”, dicen UNISIDA y la OMS. Para poder combatirla con más éxito, los expertos calculan que para el año 2005 se debe contar con mayores apropiaciones económicas, y se calcula que lo mínimo que debe destinarse son 10.000 millones de dólares.  

    Indudablemente el peligroso y alarmante aumento del SIDA debe despertar las conciencias de los gobernantes y su decidida vocación a que sus países dispongan de los recursos económicos necesarios para frenarlo e intentar una reducción que libere al mundo de esta peligrosa pandemia.  

    Como ha quedado demostrado, los esfuerzos realizados hasta ahora no han sido todo lo eficaces que tan delicada situación requiere y el mundo no puede seguir asistiendo, casi impasiblemente, al que el VIH continúe siendo una especie de pasaporte para su fatal ingreso a los cinco continentes.

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