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El Foro Asia-Pacífico para la Cooperación Económica (APEC),
que se reunió entre el 20 y 21 de noviembre de 2004 en Santiago de
Chile y contó con la presencia del reelegido presidente estadounidense,
George Bush,
mostró una “absoluta unidad” para combatir el terrorismo y la
corrupción, dos de los delitos que han mostrado los más espectaculares
aumentos en el mundo, especialmente desde que comenzó el Siglo XXI.
Al foro, denominada “Una comunidad, nuestro futuro”,
asistieron los 21 miembros de la APEC, Estados Unidos, Rusia, China,
Japón, Chile, México, Perú, Canadá, Australia, Brunei, Indonesia,
Corea del Sur, Hong Kong,
Nueva Zelanda, Papúa Nueva Guinea, Malasia,
Singapur, Taipei, Filipinas, Tailandia y Vietnam, y como observadores
Argentina y Brasil.
Los presidentes Bush, de Rusia, Vladimir
Putin, y de China, Hu
Jintao, encabezaron la solicitud de los
principales líderes de la región para que sean ratificadas “todas
las convenciones básicas universales sobre terrorismo y corrupción”,
haciendo de ellas un “compromiso común” que, al mismo tiempo, exige
la máxima lealtad para castigar a los terroristas y no prestarles
apoyos de ninguna clase y menos los de carácter político o económico.
Como el avance hacia la prosperidad y crecimiento sustentable
tiene relación con la seguridad humana, la Declaración de Santiago
recoge la petición de líderes de los principales países (Estados
Unidos, Rusia, China, Japón, etc.) a los miembros de APEC de “endosar
las convenciones internacionales contra el terrorismo”.
Para llevar a cabo con éxito esa labor, se impedirá el acceso
de terroristas al sistema financiero internacional y se complementarán
los acuerdos para combatir eficazmente el “lavado de dinero” y el
tráfico de estupefacientes que, como se ha comprobado, se está
utilizando para financiar a las bandas criminales en sus atentados
contra personas e infraestructuras.
Igualmente, según se acordó en el Foro, se avanzará en la
seguridad de naves y puertos, la supervisión de alimentos y el
fortalecimiento del sistema de salud pública.
Un documento debatido y aprobado por los ministros de Asuntos o
Relaciones Exteriores fue ratificado por los Jefes de Estado y de
Gobierno de los 23 países representados en el Foro para castigar
también la corrupción, otro de los fenómenos que está alterando
considerablemente el normal funcionamiento de los gobiernos, ya sean
centrales, regionales o municipales.
Para ello, a los funcionarios corruptos se les “congelarán”
sus bienes y no se les concederá refugio una vez que hayan sido
encontrados culpables de ese delito en sus países de origen, lo que
“servirá para frenar enormemente este dolosa incidencia, que está
repercutiendo negativamente en todo el mundo”.
El camino hacia el libre comercio no fue despejado en este Foro y
no se aprobó la propuesta o sugerencia empresarial para que en la
región sea “lanzado un estudio de factibilidad” que conduzca a esa
libertad comercial, que a juicio de expertos y de los empresarios
proponentes “hubiese acentuado más el protagonismo del `club` APEC sobre
la riqueza mundial.
Los signatarios de la Declaración de Santiago se comprometieron
a “trabajar con un renovado sentido de urgencia” para lograr y
alcanzar un resultado general equilibrado durante las negociaciones de
la agenda de desarrollo de Doha en el ámbito de la Organización
Mundial de Comercio (OMC) y “particularmente en las áreas cruciales
de agricultura, bienes no agrícolas, servicios y reglas, el resultado
debería ser un acceso a los mercados sustancialmente mayor y con
menores distorsiones”.
Con acuerdos de esa naturaleza se acelera la liberalización
comercial, como lo indica la meta de la APEC que fue establecida en 1994
en la ciudad de Bogor (Indonesia), que
“debería lograrse en el año 2010 para los países desarrollados y en
el 2020 para los de en vía de desarrollo”.
Pero en realidad, la gran vencedora del Foro de APEC fue China,
que a través del presidente, Hu Jintao,
y de los miembros de la delegación, “enamoró” a los países
latinoamericanos asistentes –Argentina, Brasil, Chile, México y
Perú-, dispuestos a establecer en el más inmediato futuro unas
relaciones económicas de gran calado que servirán para abrir las
puertas de esa enorme nación y de Asia a los productos de esta subregión
americana.
El beneficio, desde luego, será mutuo, porque para China se abre
nada menos que un mercado con más de 450 millones de consumidores que
está dispuesto a recibir inversiones y tecnología en muchos campos y
que, a la vez, necesita urgentemente aumentar
sus exportaciones.
Precisamente el brasileño Synésio
Batista da Costa, presidente del Consejo Regional de Economía de Sao
Paulo y secretario del Centro de Industrias del Estado de Sao Paulo (CIESP),
declaró entusiasmado a la prensa que para América Latina, “Asia es
la última parte del mundo donde se pueden hacer negocios” y que hacia
este continente deben orientarse todas las gestiones económicas y
comerciales “desde ya”.
El dirigente empresarial brasileño dijo que “China es una
economía de mercado -al contrario de lo que sostiene la OMC que la
considera una economía de transición-, con enormes perspectivas para
recibir nuestros productos –los de la subregión-
porque necesita
muchos de los que nosotros tenemos y podemos venderle en óptimas
condiciones”.
La gran ofensiva comercial y política del “gigante
asiático” ha de servir para crear un nuevo marco económico, teniendo
en cuenta, además que, como dijo Batista da Costa, “para
Latinoamérica vender en Estados Unidos es casi imposible, las
corporaciones son pocas e imponen los precios; Europa está superabastecida;
Africa no tiene dinero y en Oriente Medio
solo hay guerras”.
No obstante, y a pesar de la euforia que ha despertado la acción
emprendida por China para “hacerse querer de América Latina”,
existen empresarios y miembros de gobiernos de esta región que temen
una “invasión de los productos chinos y que puedan presentarse casos
de dumping, una práctica del comercio
internacional consistente en vender una mercancía en un mercado
extranjero a precio inferior al del mercado interior.
Pero los pensamientos de los gobiernos de Argentina, Brasil y
Chile no andan por ese mismo camino y consideran que no se van a
registrar problemas porque “las negociaciones bilaterales o de los
bloques latinoamericanos serán muy cuidadosas para evitarlos”.
A pesar de la importancia de los temas económicos tratados en el
Foro de la APEC, llamó poderosamente la atención que, al igual que
sucedió en la XIV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y
Presidentes de Gobierno, celebrada en las mismas fechas en San José de
Costa Rica, el terrorismo y la corrupción hayan sido puestos en
evidencia, porque indica que existe una gran preocupación mundial por
el alarmante crecimiento de ambos delitos, sobre todo por la multitud de
bandas de sanguinarios asesinos que matan y atentan a nombre del
islamismo.
El mundo no puede seguir siendo impunemente inquietado por
terroristas y corruptos que dentro
de sus planes buscan apoderarse de los gobiernos y asesinar también la
democracia. Contra ellos debe lucharse sin ninguna tregua ni debilidad.
Se logrará, sin duda, a través de una unión sincera de las fuerzas
políticas, económicas y sociales, dispuestas a combatirlas con firmeza
porque este es uno de los grandes retos del siglo que hace tan pocos
años empezó a andar. |