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La nueva Comisión Europea (CE), el gobierno comunitario del club
de los “25”, que presidirá José
Manuel Durao Barroso, ex primer ministro
portugués, nacida oficialmente el 18 de noviembre de 2004 en
Estrasburgo, estará “maniatada” durante todo su mandato de cinco años
por el Parlamento Europeo (PE), que a través de una “minoría
minoritaria” no solo le obligó a cambiar a varios de sus miembros
sino que ahora tendrá directamente la facultad de destituir a los
comisarios que no sean “de su agrado”.
Durao Barroso, al que le faltó la
dignidad necesaria, quizás por la ambición de presidir la CE, para no
aceptar presiones indebidas del grupo comandado por el ex ministro español
José Borrell, presidente del Parlamento, ha
quedado, como los mismos comisarios a expensa de lo que los
eurodiputados socialistas y de extrema derecha e izquierda y los verdes dispongan
en el futuro para todos ellos.
Aunque en apariencia el presidente de la CE obtuvo “un
triunfo” al alcanzar la aprobación de su “gabinete” con 449 votos
a favor (un 66,2 por ciento), 149 en contra y 82 abstenciones, la
aceptación de Durao Barroso para que el
Parlamento -integrado por 680 miembros- se convierta en “juez y
parte” le ha disminuido su “libertad de acción” y convertido en
un Presidente sin el necesario poder para atajar interferencias e
impedir los conflictos de intereses que, nadie duda, se registrarán a
lo largo de su mandato.
Su declaración a los periodistas, tras la elección de la CE,
sobre que “tuve que defender a mi equipo y lo hice”, no es del todo
veraz, porque varios de los Comisarios están “bajo la lupa” de
numerosos eurodiputados socialdemócratas extremistas, que no han dudado
nunca en unirse a los radicales de la izquierda y derecha europeas y
porque, además, hace cinco semanas dejó que le “tumbaran” su
equipo de gobierno en el que incluía al italiano Rocco Buttiglionni,
autor de unos infortunados comentarios, y a otros dos, a los que la
presión mediática parlamentaria le obligó a sustituir.
Para remplazar a Buttiglionni nombró
al ministro de Asuntos Exteriores, Franco Frattini
como Comisario de Justicia, Libertad y Seguridad, y también se vio
obligado por el Parlamento a sustituir a la letona Ingrida
Udre por su compatriota Andris
Piebalgs como Comisario de Energía,
mientras al húngaro Laszlo Kovacs
lo trasladó de Energía a Fiscalidad.
“No he sido libre, pero no me quejo porque así son los
tratados”, dijo también el nuevo dignatario de la CE, que a su vez
afirmó, en las declaraciones a la prensa, que “el presidente no se
apoya en una mayoría parlamentaria propia, no tiene poder para elegir a
su equipo y no hay votación individual final”. Es decir, que aún reconociendo que es prácticamente una “figura de papel” ante un goloso poder legislativo que con base a artimañas y coaliciones contra natura ha formado la “mayoría minoritaria”, no tuvo la valentía de decir “no acepto estas imposiciones antidemocráticas”.
Dentro del “gabinete” de Durao
Barroso, integrado por 25 personas, entre ellas 7 mujeres, se encuentran
9 conservadores, 8 socialistas y 8 liberales, pero la holandesa Neelie
Kroes, elegida Comisaria
de Competencia está en la mira de los compañeros de Borrell
y sus radicales socios porque ha sido miembro del Consejo de Vigilancia
de varias empresas. Los prejuicios contra ella nacen
más que todo por su ideología política y no tanto por los cargos que
ocupó en el pasado.
Para no despertar suspicacias y que Kroes
sea acusada por sus “enemigos” en el parlamento, no participará en
tres procesos que están en marcha en la UE y encuadrados dentro de la
autoridad de Competencia para evitar “un conflicto de intereses”.
Esta ex rectora de la Universidad privada de Nijenrode,
a la que a “toda costa” querían “tumbar” los parlamentarios de
la “mayoría minoritaria”, está firmemente apoyada por el gobierno
de Holanda.
El nuevo presidente de la CE, molesto por la sospecha hacia Kroes,
afirmó: “?Tiene menos derecho a trabajar en la Comisión alguien que
ha estado en el sector privado?. No lo
considero de recibo”. La misma Comisaria
aclaró rotundamente: “cuando deje la Comisión, no regresaré al
sector privado”.
La crisis institucional, por lo tanto, continúa abierta y las
heridas surgidas con el rechazo a su primer equipo ni siquiera se
encuentran en su fase de cicatrización. Como bien lo dijo el jefe del
Partido Liberal, Graham Watson,
“a veces estoy muy avergonzado del comportamiento de los `hooligans`
británicos en el fútbol, y ahora tenemos a sus representantes aquí en
el Parlamento”.
¿Quiénes son esos “hooligans”
parlamentarios?. La respuesta es para el
autor de esa frase muy sencilla: la coalición surgida entre socialdemócratas,
extrema Izquierda Unitaria, extrema derecha, Verdes y Euroescépticos,
que han formado la “mayoría minoritaria”, porque el Partido Popular
Europeo (PPE) fue el más votado en las elecciones pasadas y cuenta con
286 escaños.
Entre tanto, Borrell trató de
justificar la actuación del Parlamento, que retrasó durante tres
semanas la elección de la CE, afirmando que “Europa y la democracia
han sido los ganadores de este contencioso” y que las dos
instituciones –ejecutiva y legislativa- “se han visto reforzadas”.
Al haber cedido Durao Barroso y los
gobiernos de Italia y Letonia a las exigencias del PE, quedó reforzado
el órgano legislativo y también los ejecutivos comunitarios quedan,
ante la opinión pública, como otros muñecos con los que los
eurodiputados pueden jugar cuando les plazca.
Ello es tan cierto, que el propio presidente del grupo socialista
europeo, Martin Schulz, no dudó en
proclamar abiertamente la victoria parlamentaria, afirmando que “hemos
parado el tren de los gobiernos nacionales, lo que supone un progreso
para las dos instituciones, que han salido fortalecidas”.
Esta es una frase eufemística porque nadie sale favorecido ni
reforzado con la derrota. Y tanto el nuevo presidente como esos dos
gobiernos fueron derrotados. En cambio, Holanda que se mantuvo firme,
fue una clara vencedora frente a los eurodiputados, que ni con base a
sus amenazas pudieron acabar con la nueva comisaria
Kroes.
Según dijeron miembros del PPE, Borrell
llamó telefónicamente a San José de Costa Rica al presidente del
gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y textualmente, le
dijo: “hemos ganado. Barroso (en vez de Durao
Barroso) quedó debilitado y nosotros impusimos nuestras tesis, porque
podremos destituir a los comisarios que no se adapten a nuestro
criterio”.
De ser cierto, es una de las peores noticias para Europa, porque
demuestra que el gobierno español “diseñó” la operación para
torpedear la gestión del presidente de la CE y de su equipo de
comisarios. Rodríguez Zapatero se encuentra en Costa Rica asistiendo a
la XIV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de gobierno.
Durao Barroso y su equipo de
gobierno comenzarán su mandato el lunes 22 de noviembre -debían
haberlo empezado el primero de este mismo mes-, y finalizarán el 30 de
octubre de 2009.
Aunque el nuevo presidente prometió que “haremos todo lo
posible por servir a Europa” y que “tenemos mucho camino por
recorrer”, su servidumbre al Europarlamento,
lo convierte en un mandatario débil que estará permanentemente en el
“ojo del huracán” y cuya gestión y la de su gobierno serán
sospechosas, desde su comienzo, para la “mayoría minoritaria”.
Malos vientos se avecinan, por tanto, para la Unión
Europea porque cuando el poder legislativo es más fuerte que el
ejecutivo, los programas se paralizan y siempre el “agua sucia” cae
sobre los responsables de ejecutarlos. La parálisis puede llegar a
afectar el buen desarrollo comunitario. En esta elección de la CE no
hubo separación de poderes sino el avasallamiento de uno sobre
el otro. |