ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



ORIENTE MEDIO: ARAFAT NO MURIO ENVENENADO  

    El presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser Arafat, no murió envenenado sino como consecuencia de una coagulación intravascular inseminada, por lo que las insidiosas insinuaciones del neurólogo jordano  Ashraf al Kurdi quedaron desmentidas totalmente por los médicos que le atendieron durante 16 días en el Hospital Militar de Percy, en Clamart (Francia), según se supo el 17 de noviembre de 2004.  

    Con una absoluta irresponsabilidad, sin aportar la más mínima prueba científica y sin haber estado al lado de Arafat, durante su agonía, el médico personal del “rais”, un neurólogo que seguramente no conoce otras especialidades médicas, lo que demuestra su incapacidad profesional, manifestó públicamente que había sufrido un envenenamiento y culpó de ello a Israel.  

    La coagulación intravascular inseminada, que se conoce, igualmente, como CIVD, es “un completo trastorno de todos los mecanismos que, normalmente, garantizan el proceso de coagulación sanguínea”, según una información publicada por el influyente diario francés “Le Monde”, que entrevistó a varios médicos galos, los cuales tuvieron acceso al historial clínico del dirigente palestino fallecido.  

    Esta gravísima enfermedad origina muchas embolias microscópicas que, sumadas a algunas lesiones de las células hepáticas sin origen alcohólico, contribuyeron a la muerte de Arafat, ocurrida en la madrugada del 11 de noviembre pasado.  

    Los médicos franceses, de acuerdo con la información de “Le Monde”, “sabían ya desde su ingreso en el Hospital Percy que Arafat padecía la CIVD, “con consecuencias potencialmente gravísimas” y que era muy difícil que pudiera recuperar su deteriorada salud.  

    De acuerdo con su diagnóstico, sin un “tratamiento adecuado al comienzo de la enfermedad, el proceso patológico progresa rápidamente hasta la aparición de importantes hemorragias que pueden ser mortales”, y por esta causa los médicos que le apreciaron también desde el primer día las lesiones hepáticas lo ingresaron el 29 de octubre en el servicio de cuidados intensivos. En los días previos a su traslado a París, su “médico personal” no fue capaz de detectar esa terrible enfermedad.  

    Pero “Le Monde” va mucho más lejos en su investigación y así aparece en la noticia al señalar que “para los médicos militares y civiles” a los que interrogó, consideran que fueron las “lesiones hepáticas más o menos asociadas a la CIVD las que agravaron el estado de Arafat hasta ocasionarle su muerte”.  

    Los especialistas del hospital donde estaba ingresado el “rais” trabajaron también, dice el diario, sobre la hipótesis de un envenenamiento, “con técnicas muy sofisticadas, antes de descartarla”.  

    Para no violar las leyes francesas, el hospital donde falleció el “rais”, a los 75 años, no ha hecho público el informe oficial sobre las causas que originaron la muerte, aunque el ministro de Asuntos Exteriores, Michel Barnier, declaró que el “expediente médico se comunicará a los `derechohabientes` que lo pidan”.  

    Hablando para el canal francés Télé, Barnier  dijo que “Francia no esconde nada. Los dirigentes palestinos vinieron a París, conversaron largamente con el equipo médico y después el propio Ministro de Relaciones Exteriores de Palestina, Nabil Chaat, dijo que el rumor del envenenamiento era infundado”.  

    El contenido del informe médico se comunica, según la ley francesa, “a la familia y a todos los derechohabientes que lo pidan” y probablemente “será por ese medio por el que, finalmente, se conozca”, precisó Barnier, para quien su gobierno “no está ocultando nada”.  

    Como “de la calumnia algo queda”, el gobierno provisional palestino, a pesar de haber desmentido los rumores propalados por el neurólogo, anunció a través de su Primer Ministro, Ahmad Qurei (alias Abú Alá), que solicitará al ejecutivo francés un informe médico sobre el fallecimiento del dirigente.  

    Asimismo, Nabil Abu Rudeina, consejero que fue de Arafat, declaró en Ramala que “una delegación palestina viajará a Francia para pedir a su gobierno las informaciones médicas oficiales sobre las razones reales de la muerte”, mientras el presidente de la ANP en funciones, Rauhi Fatuh, informó de que se constituyó “un comité ministerial que trabajará desde la ciudad cisjordana de Ramala para intentar obtener por su cuenta la información sobre las causas del fallecimiento”.  

    Si bien Arafat estaba desde hacía más de dos años recluido en la Mukata, de Ramala, por orden del gobierno israelí que no le permitía salir de ese lugar, allí se encontraba permanentemente rodeado de guardias y personal de su máxima confianza, por lo que es “totalmente imposible”, salvo que uno o varios de ellos lo hubiera hecho, que alguien diferente e, incluso su médico personal, el neurólogo jordano, lo hubiese asesinado.  

    No hay duda que si al Kurdi sospechaba que Arafat estaba siendo envenenado, ha debido saberlo desde un principio y en sus distintas visitas médicas detectarlo, por lo que ahora debe ser señalado como un posible culpable de la muerte de su paciente, al no denunciar oportunamente esa posibilidad y la gravedad en la que el entonces presidente de la ANP se encontraba.  

    Aunque ahora al Kurdi explica que en Ramala no existía la posibilidad de hacerle unos análisis toxicológicos por falta de técnicos y de material, este médico amante del terrorismo y de las acciones sangrientas, como han denunciado fuentes militares israelíes, tuvo mucho tiempo para haber pedido que la ANP realizara gestiones en el extranjero para llevar a aquella ciudad los equipos y expertos necesarios para efectuarlos de forma satisfactoria  o trasladarlo a otro país donde se hubiese podido detectar anticipadamente la existencia de la CIVD. ¿Por qué esperó, entonces, hasta última hora?.  

    Esa es una de las grandes incógnitas que han surgido tras las afirmaciones de al Kurdi, y a las que debe dar una convincente respuesta, porque lo que estaba en suerte era la propia vida de Arafat. Y muchísima gente considera que no actuó con la diligencia y la profesionalidad que se requerían.  

    De todas maneras deben existir los canales y medios necesarios para que sin violar las leyes francesas, el gobierno que preside Jacques Chirac aclare definitivamente la situación y el informe de los médicos galos aplaste la infame acusación del médico jordano. Por más que existan amplísimas diferencias de índole político, como en el caso del gobierno de Israel y la ANP, con un tema tan delicado como este, no se puede jugar.

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