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CUBA: DISIDENTES PIDEN UE
NO LEVANTAR SANCIONES
Los disidentes cubanos, visiblemente preocupados por los “nuevos
puentes” que la Unión Europea (UE) piensa tender hacia Cuba, le
solicitaron el pasado 14 de noviembre de 2004 “no levantar las
sanciones” impuestas el 5 de junio de 2003 al gobierno dictatorial
presidido por Fidel Castro, por “temor a que se intensifique la
represión en la Isla”.
La UE adoptó en aquella fecha una serie de sanciones políticas,
traducidas en cuatro puntos, ante la continuada violación de los
derechos humanos por parte del gobierno “castrista” que condenó,
tras un remedo de juicio que no duró ni un día, a largas penas de
prisión a 79 disidentes, entre ellos varios periodistas, por el solo
hecho de disentir del régimen.
El 30 de abril del año pasado también la UE había decidido suspender
el ingreso de Cuba al “Acuerdo de Cotonú”, que la Unión firmó con
el Grupo ACP (Africa, Caribe y Pacífico) y en el cual se están
invirtiendo 13.500 millones de euros para desarrollar diversos proyectos
en cada uno de los países de la mancomunidad.
Las medidas aprobadas contra el régimen cubano tienen relación con la
limitación de las visitas gubernamentales a la Isla; la reducción de
su participación en acontecimientos culturales; la invitación a todos
los disidentes cubanos para que asistan en La Habana a la celebración
de sus fiestas nacionales, y la de volver a examinar la posición común
del grupo europeo, que desde 1996 reclama una transición hacia la
democracia y el respeto a los derechos cívicos y humanos de todos los
cubanos.
La aprobación de invitar a los opositores originó, al igual que el
impedimento al ingreso cubano al “Acuerdo de Cotonú”, las amplias
iras del régimen, que a través de Castro y del ministro de Relaciones
Exteriores, Felipe Pérez Roca, lanzaron “sapos y culebras” contra
la UE y sus presidentes o jefes de gobierno, especialmente contra el
español José María Aznar.
Con su estilo “barriobajero” en donde el agravio se impone a la
razón y a cualquier atisbo argumental, “lanza en ristre” Castro
arremetió contra los países miembros de la UE, a los que acusó de
“arrodillarse servilmente a los pies de Estados Unidos y de
convertirse en su principal lacayo”.
Ahora todos esos insultos e irrespetos quieren ser olvidados por la
dirigencia política de la Unión que, al parecer, es la “única
arrepentida” pues el régimen “castrista” sigue sin respetar los
derechos humanos y sin dejar en libertad a quienes tiene ilegal e
injustamente en las nauseabundas pocilgas que denomina,
eufemísticamente, cárceles.
Ya el pasado 12 de octubre, al celebrarse la fiesta nacional de España
se presentaron los primeros problemas con los disidentes que
inicialmente no fueron invitados, pero ante las presiones políticas del
Partido Popular (PP) en Madrid, el gobierno presidido por José Luis
Rodríguez Zapatero cambió de opinión y se extendieron las
correspondientes invitaciones, pero, luego, un discurso “pro
castrista” del embajador, obligó a muchos de los dirigentes,
periodistas y empresarios opositores a abandonar la sede diplomática en
La Habana, visiblemente disgustados.
Ambas sanciones, la económica y la política, han originado problemas
al régimen, pero a pesar de ellos, no ha querido ceder un ápice para
dejar en libertad a los detenidos ilegalmente, ya que ni pudieron
defenderse en el “teatral juicio” por no permitirles contar con
abogados ni se ha probado, en ninguno de los casos, que eran “enemigos
de Cuba”. Además, con esas medidas, la UE aislaba mucho más
internacionalmente a la Isla y a su dictatorial gobierno.
“Nuestra experiencia es que cada vez que algún gobierno extranjero
cede a las presiones del gobierno totalitario de Cuba, éste intensifica
su represión”, señalaron los opositores en una documento enviado a
la UE y a la prensa internacional, dos días antes de una reunión del
Comité de Temas Latinoamericanos de la UE (COLAT), en Bruselas.
La UE está siendo intensamente presionada por parte del nuevo gobierno
español integrado por socialistas, izquierdistas y partidos
nacionalistas para el levantamiento de esas sanciones y por la izquierda
del Parlamento Europeo (PE), presidido por el ex ministro español José
Borrell, a quien según el Partido Popular Europeo (PPE), le “han dado
instrucciones directas desde el Palacio de la Moncloa –sede del
gobierno español- para que promueva una campaña pro Fidel Castro”.
El COLAT anunció el pasado 16 de noviembre que “la ausencia de
diálogo con la Isla no ha sido positivo” y que las sanciones “no
han servido para nada” porque a su juicio, están limitando la
capacidad de acción de los diplomáticos europeos acreditados en La
Habana para que busquen soluciones a las continuas violaciones de los
derechos humanos y de las libertades políticas, aunque esta postura no
es compartida totalmente por todos los miembros de la UE.
En efecto, a la posición “pro castrista” de España –como lo
denunció Oswaldo Payá, premio Sajarov de Derechos Humanos y líder del
Movimiento Cristiano de Liberación (MCL)- se han unido Francia, Italia
y Gran Bretaña, pero otro grupo de países liderado por Alemania y que
incluye a República Checa y Hungría, pide que sea primero Castro quien
“dé el primer paso liberando a los presos políticos o efectuando
algún gesto convincente sobre el cambio de su política represora”.
“La UE no acaba de entender, sobre todo el gobierno (español) de
Zapatero, las características del gobierno cubano que no quiere
diálogo. En otros procesos, las embajadas jugaron un importante papel
para favorecer el contacto entre las autoridades y la sociedad civil;
por eso Castro no quiere que se produzcan esas invitaciones”, declaró
a la prensa Elizardo Sánchez, líder de la Comisión Independiente
Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional (CICDHRN).
Dentro de los grupos disidentes, además del MCL, el Proyecto Varela y
la CICDHRN, empiezan a surgir “grandes sospechas” porque los grupos
de izquierda –la moderada y la extrema- “estén presionando,
empujados por el propio régimen castrista”, para que varíe la
opinión de la UE y para que los perseguidos que están dentro de las
cárceles y en las calles “no tengan ninguna otra opción y continúen
pisoteados en sus derechos humanos”.
Sánchez señaló que “no puedo ocultar mi preocupación en cuanto a
dar pasos positivos (por la UE) hacia un gobierno que hasta ahora no ha
estado dispuesto a dar ninguna señal de buena voluntad”.
Otro grupo disidente, pero proclive al diálogo con Castro, el
socialdemócrata Arco Progresista, afirmó a través de su portavoz,
Manuel Cuesta Morúa, que “no debemos hacer en la oposición el asunto
de la invitación a las fiestas nacionales una cuestión de
principios”, aclarando que son partidarios que la UE “establezca un
diálogo crítico con el gobierno (de Castro), por supuesto, sin dejar
de mantener contactos con la disidencia”.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) también ha denunciado en
varias oportunidades las “atrocidades cometidas por el gobierno de
Fidel Castro”, al igual que el ex presidente estadounidense Jimmy
Carter y la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO) que, además, han pedido la “inmediata
liberación de los periodistas y opositores detenidos”.
A pesar de todas las peticiones, incluidas las del Papa Juan Pablo II y
la de la Organización de Estados Americanos (OEA), de la que fue
expulsada Cuba, Castro no ha expresado ni una sola vez su intención por
respetar los derechos humanos y por cambiar la dictatorial actuación de
su gobierno.
Por el contrario, cada vez es más extremista y persigue con más saña
a los cubanos que no están de acuerdo con su régimen. Y, además, es
feliz, en sus kilométricos discursos, insultando a su “gran
fantasma”, Estados Unidos, y a la propia Unión Europea, a la que
últimamente ha lanzado los peores epítetos.
Con ese espíritu belicoso y grosero creció y así morirá. Los
europeos pueden estar seguros, por más que algunos quieran ignorarlo,
que Castro no cambiará nunca. Le gusta el terrorismo oral y el armado y
es un furibundo fanático de la persecución a sus compatriotas.
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