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El gobierno de Irán acordó, por fin, suspender el
enriquecimiento de uranio y otras actividades para el desarrollo de su
programa de energía atómica y así lo comunicó oficialmente el 14 de
noviembre de 2004 a la Organización Internacional de Energía Atómica
(OIEA), dando un importante paso para alejar los fantasmas sobre sus
intenciones nucleares y, al mismo tiempo, para facilitar un acuerdo con
la Unión Europea (UE) e indirectamente con Estados Unidos.
De conformidad con los informes de los expertos, el uranio
enriquecido sirve como combustible para las plantas de energía nuclear
e, igualmente, para fabricar armas atómicas. Estados Unidos acusó a
este país desde hace dos años de querer producir una bomba atómica,
“por contar con un programa nuclear secreto”.
“Hemos aceptado suspender casi todas las actividades de
enriquecimiento de uranio”, precisó en Teherán el negociador iraní,
Hasan Rohani, y su gobierno lo comunicó, por escrito, a la OIEA y a los
gobiernos de Alemania, Francia y Gran Bretaña, que a nombre de la UE
negociaban el tema con el régimen presidido por Mahomad Jatami.
De esta manera, la Junta de Gobernadores de los 35 países
miembros de la OIEA podrá evaluar la decisión iraní durante la
reunión que iniciará en Viena el próximo 25 de noviembre y que
evitará, muy seguramente, que esta entidad rinda un informe
desfavorable al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones
Unidas (ONU), que bien podría haber dispuesto duras sanciones de
carácter político y económico contra el régimen clerical que
gobierna ese país de Asia Occidental.
Europa estaba negociando con Irán, precisamente, la suspensión
completa del programa de energía atómica, con el objeto de evitar las
casi seguras sanciones del Consejo de Seguridad e impedir que prospere
una denuncia de Estados Unidos cuyo gobierno sostiene que las
“actividades de enriquecimiento de uranio forman parte de un programa
clandestino iraní de fabricar armas nucleares”.
El 16 de junio de 2004, Jatami había afirmado que su país “no
tenía ninguna intención de suspender su programa nuclear”, pese a
existir un primer informe desfavorable de la OIEA, después que sus
inspectores comprobaron, el pasado 29 de mayo, la existencia de
“rastros de uranio enriquecido U-235” en la ciudad de Farayand; en
2003 también habían descubierto otros rastros de ese metal altamente
enriquecido (UHE) en instalaciones de la Compañía de Electricidad de
Kalaye y en una fábrica piloto en Natanz.
Ese nuevo descubrimiento sorprendió a los propios inspectores,
pues también el año pasado, en un comunicado oficial, el gobierno del
ayatola Jatami, señaló que se habían suspendido las actividades de
enriquecimiento de uranio y la construcción de centrifugadoras
avanzadas tipo P-2, que son utilizadas en la fabricación de bombas
nucleares.
Con la nueva y reciente decisión de no proseguir con esa
actividad, la UE logró uno de los propósitos fundamentales como era,
según el borrador presentado en 2003 por los países miembros de la
Unión a la consideración del gobierno iraní, alcanzar un acuerdo
duradero que, además, eliminase uno de los focos de tensión mundial
dados los peligros del programa nuclear y la desconfianza que inspira
ese régimen radicalizado por los ayatolas.
Europa, a través de la Unión, firmará un acuerdo comercial y
ofrecerá tecnología nuclear civil, con fines pacíficos, que incluye
un reactor de investigación, que prometió al gobierno iraní si
suspendía indefinidamente la producción de uranio enriquecido y las
actividades relacionadas con el mismo programa.
La negociación UE-Irán, desarrollada en París el pasado fin de
semana y que culminó con un acuerdo preliminar, ahora ratificado por el
gobierno de Jatami, terminó con 22 horas de conversaciones,
divergencias, discusiones y con el peligro que suponía la búsqueda
para desarrollar armas nucleares por parte de ese país.
“Fueron muy complicadas (las negociaciones), pero alcanzamos un
acuerdo preliminar a nivel de los expertos, que contiene los puntos de
vista básicos de ambas partes”, afirmó Rohani, tras finalizar la
larga reunión en la capital francesa.
La nación persa, durante esas negociaciones, había presentado
varias demandas a la consideración de la UE, pero finalmente el
gobierno de Jatami resolvió eliminarlas para así llegar a un acuerdo
que ahora requiere la aprobación de los cuatro países implicados en el
tema: Alemania, Francia, Gran Bretaña e Irán y el posterior de la
totalidad de los miembros de la UE.
En el fondo, el acuerdo alcanzado por las partes garantiza,
básicamente, la suspensión completa del enriquecimiento del uranio,
que era la petición oficial de la UE y que también forma parte de la
solicitud de Estados Unidos para alejar el fantasma de una posible
guerra nuclear en el futuro.
El Director General de la OIEA, Mohamed El Baradei, hará ante la
Junta de Gobernadores de la entidad una amplia exposición sobre la
actitud iraní para que se incluya en el informe que será enviado al
Consejo de Seguridad y en el cual no se pedirá ninguna clase de
sanción, porque todos confían en que el gobierno de Jatami
“cumplirá fielmente su compromiso”, aunque de todas formas se
dejará abierta esta posibilidad.
Aparentemente han desaparecido ahora “el poco buen ánimo y la
ninguna cooperación” por parte del gobierno persa, tal como lo
declaró El Baradai en junio pasado, y se
confía en que Irán “podrá dejar de ser una amenaza para el mundo en
el más inmediato futuro”.
Logrado este gran avance, siempre y cuando Irán cumpla
cabalmente el compromiso adquirido y lo haga creíble ante la opinión
internacional, corresponde ahora seguir insistiendo ante Corea del
Norte, la otra gran amenaza mundial, para que también suspenda su
programa nuclear.
El gobierno norcoreano presidido por Kim Jong II, promovió otro
“estruendoso fracaso” durante la reunión celebrada en Pekín entre
el 24 y 27 de junio pasado en la que se le solicitaba el
“desmantelamiento urgente de su programa de armas nucleares” para
dejar de seguir siendo una amenaza mundial.
Estados Unidos, Corea del Sur, Japón, Rusia, China y Corea del
Norte fueron los participantes en esa reunión que buscaba,
concretamente, que la península coreana “esté libre de armas
nucleares”, mediante el desmantelamiento de su costoso programa a
cambio de ayuda económica y tecnológica, especialmente por parte del
gobierno estadounidense.
Norcorea insiste en una tesis inaceptable para el resto de
países como es la de “congelar” su programa nuclear a cambio de
“recibir ayuda energética a gran escala, que le permita contar con
dos millones anuales de energía eléctrica”, pero lo que se busca es
que “en vez de congelación, haya total desmantelamiento”.
Si Corea del Norte sigue el ejemplo de Irán y termina con su
programa de fabricación de armas nucleares, se habrá dado el más
importante paso para hacer desaparecer esa tremenda amenaza que soporta
actualmente el mundo. Los programas pueden y deben ejecutarse únicamente para la producción de combustible y con fines pacífico, máxime en países como los ya citados en donde predomina la pobreza entre sus habitantes, los que al menos merecen que se les trate más humanamente y se les procuren mejores niveles de vida y porque para ellos no es importante la actividad nuclear, porque lo importante es saciar el hambre. |