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En un reciente artículo sobre la conflictiva situación en
Oriente Medio, formulaba este interrogante: “¿Desean realmente la paz
los palestinos?”. Lo hacía en razón a los caóticos acontecimientos
ocurridos tras el fallecimiento de Yasser Arafat,
el 11 de noviembre de 2004, por muchos años líder de la Autoridad
Nacional Palestina (ANP) y del partido político Al Fatah.
Los sucesos posteriores vienen a confirmar la tesis sobre que es
casi imposible que pueda llegar la paz a esa ensangrentada zona por la
posición radical y extremista de los tres principales grupos a los que Arafat
alimentó en el odio y en el terrorismo contra Israel y por las
contundentes respuestas armadas de los hebreos a los atentados que
continuamente sufren.
Ya ni siquiera de esa acción sanguinaria se libran los mismos
dirigentes que han empezado a sufrir en carne propia el terror, como le
ocurrió el 14 de noviembre de 2004, al nuevo presidente de la
Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y ex Primer
Ministro Mahmud Abas, alias Abú Mazen,
cuando se encontraba recibiendo los sentimientos de pésame en una
tienda instalada en Gaza.
Como resultado del acto terrorista tres personas, guardaespaldas
de Abú Mazen, perdieron la vida, aunque el
número uno de la OLP salió ileso y fue evacuado rápidamente del
lugar.
Diversos militantes de Al Fatah, el
partido fundado por Arafat y que desde el
pasado jueves preside Furuk Kadumi,
jefe del Departamento Político de la OLP, se enfrentaron con los
servicios de seguridad de Abú Mazen y de Mohamed
Dahlan ex ministro de Seguridad en Gaza.
Es conocido que Abu Mazen,
retirado de su cargo de Primer Ministro por Arafat,
tras pocos meses de gestión, no es una persona que goce de mucha
credibilidad entre sus paisanos, pero de todas maneras logró hacerse
con el control de la OLP, y sus seguidores dicen que se presentará como
candidato a las elecciones presidenciales recientemente convocadas para
el 9 de enero de 2005.
Un rumor surgido en la zona palestina sobre su posible
designación como candidato presidencial por el partido Al Fatah,
pudo ser uno de los desencadenantes de los incidentes y del posible
atentado contra Mazen y Dahlan,
porque este último pese a su alto poder en la región cuenta con
“enemigos por montones” y, además, durante los últimos años
mantuvo unas “muy tensas relaciones con Arafat”,
según dijeron dirigentes de aquella agrupación política.
“No veo un objetivo político o personal en lo sucedido”,
dijo Mazen, quien para tratar de disminuir
la gravedad del hecho dijo que “sólo hubo un enfrentamiento entre
hombres armados que comenzaron a disparar al aire”, lo que difiere
totalmente con lo mostrado por la Associated
Press Televisión News,
en donde se aprecia a no menos de 20 hombres encapuchados y vestidos
de verde que gritaban “Abas (Mazen) y Dahlan
son agentes (que trabajan) para los estadounidenses”.
El gobierno norteamericano, aparentemente, ha otorgado su
aprobación a Mazen por considerarlo –lo
que no ocurre en la región-, “un dirigente moderado y que no ha
apoyado la Intifada”, que
puso en marcha Arafat el 28 de septiembre de
2000 y que ha dejado no menos de 4.000 muertos palestinos en los
enfrentamientos con Israel y en los atentados suicidas.
En la tienda (“jaima” para
los palestinos) había no menos de mil personas, según testigos del
hecho, y se vivieron “continuas escenas de pánico”, mientras
sonaban disparos seguidos y
los dos dirigentes eran evacuados por sus respectivos servicios de
seguridad.
El secretario general de Al Fatah en
Cisjordania, Husein al Sheij,
negó que ya se hubiese escogido a Mazen
como candidato presidencial, porque “la decisión corresponderá al
Comité Central y al Consejo Revolucionario”, que se reunirán
próximamente y serán los “encargados de anunciar el resultado”.
Asimismo, al Sheij desmintió la
posibilidad de un atentado en Gaza contra Mazen
para “intentar asesinarle” durante esos enfrentamientos porque,
según afirmó, únicamente fue “una expresión de los sentimientos de
algunos palestinos en el ambiente tenso en el que vivimos tras la muerte
de Arafat”.
A su juicio, “lo que hay en la Franja de Gaza
es un caos de armas que hay que solucionar”, y dijo que para ello,
corresponde a la ANP “tomar durante los próximos meses una serie de
medidas para poner la situación bajo control”.
Ninguno de los dirigentes que han tomado el control de Al Fatah,
la ANP y la OLP, ha querido referirse al deseo expresado por Marwan
Barghuti, jefe de Al Fatah
en Cisjordania, que se encuentra preso y condenado a cinco cadenas
perpetuas en Israel, de ser candidato presidencial.
Barghuti fue, junto con Arafat,
según el gobierno israelí, artífice de la segunda Intifada
y goza de popularidad entre la población más radical y los tres grupos
terroristas –Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás),
Yihad Islámica y las Brigadas de los
Mártires de Al Aqsa, brazo armado de Al Fatah-,
y quien ha expresado desde la prisión en donde se encuentra que “a
pesar de ello se presentará como candidato a las elecciones de enero de
2005”.
Para el gobierno israelí es “totalmente inaceptable” que uno
de los peores terroristas palestinos y que “está detenido de por vida
para pagar por todos los crímenes cometidos, pueda presentarse como
candidato a unas elecciones presidenciales” y junto con Estados Unidos
presionará a las autoridades de Palestina para que no permitan su
participación en el acto electoral.
La paz en Oriente Medio que, desafortunadamente ha fracasado en
todos sus intentos, tiene muy pocas posibilidades de salir adelante, a
pesar de la muerte de Arafat, considerado
por Israel y Estados Unidos como el “principal obstáculo para
alcanzarla”, porque las bandas criminales vienen actuando ante la
completa impunidad de la ANP e, incluso, del Primer Ministro, Ahmed
Qurea (“Abú Alá”).
Aunque los nuevos dirigentes han dicho que negociarán con las
trece facciones que existen en la zona palestina, incluyendo a las tres
violentas y asesinas agrupaciones, para lograr que el proceso de paz
previsto en la “Hoja de Ruta” pueda ejecutarse, en círculos
políticos y diplomáticos mundiales se considera casi “una
utopía”, porque Hamás, Yihad
Islámica y Las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa
han hecho del terrorismo una muy productiva empresa y “es muy difícil
que la abandonen, porque a través de ella obtienen pingües
beneficios”.
“¿De qué van a vivir esos terroristas dentro de dos Estados
bien delimitados en sus fronteras y en paz, si no saben hacer otra
cosa?”, se preguntó un portavoz del ejército israelí, quien auguró
que “las buenas intenciones y mejores actitudes de la Unión Europea
(UE) volverán a fracasar, como ha ocurrido desde hace mucho tiempo para
buscar que esos criminales acepten una negociación de buena fe. A ellos
solo les interesa matar israelíes”. |