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Tras el fallecimiento del considerado “principal obstáculo
para la paz, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yasser
Arafat, ocurrido el 11 de noviembre de 2004
en París, la opinión pública mundial se pregunta, dos días después,
si realmente los palestinos la desean, tras comprobar las consignas antiisraelíes
y el caos predominante durante el entierro en la Mukata
de Ramala, y las amenazas de los principales
grupos criminales y anarquistas de continuar el terrorismo contra el
Estado judío.
Aunque el Primer Ministro palestino, Ahmed
Qurei (alias Abú Alá) y los principales
dirigentes políticos de la ANP y la Organización para la Liberación
de Palestina (OLP) renovaron el 13 de noviembre ante la tumba de Arafat
“su compromiso con la paz”, la insensata y altisonante hipótesis
del médico personal del “rais”, el
neurólogo jordano Achraf al Kurdi
sobre la posibilidad que hubiese sido asesinado, y claro está, por
Israel, ha contribuido a elevar mucho más la controversia porque, desde
luego, es una imputación sin la más mínima prueba.
Esa imprudencia de un médico que se ha caracterizado por
defender el terrorismo en todas sus formas, obliga a la dirección
médica del Hospital Militar de Percy, en Clamart
(Francia) a pronunciarse oficialmente para desvanecer cualquier sospecha
y divulgar la verdadera causa de la muerte de Arafat,
así su viuda, Suha,
haya exigido la “máxima discreción”, porque está en juego
la misma honorabilidad de los profesionales galos que le atendieron
durante los 16 días en que permaneció ingresado en ese Centro.
Además, otro irresponsable dirigente como el antiguo Primer
Ministro Mahmud Abas (alias Abú Mazen),
que fue destituido por Arafat, y ahora es el
nuevo presidente de la OLP, para aumentar la tensión, afirmó el 12 de
noviembre, que “habría que determinar si ha habido errores y dónde,
en Ramala o en París. No ha habido
diagnóstico y hay sospechas sobre su muerte”.
Por esa causa, diversos comentaristas y observadores políticos
del mundo se han mostrado escépticos
desde el mismo día
de la muerte de Arafat sobre “las buenas
intenciones palestinas para alcanzar la paz”, porque los principales
sucesores del “rais” han seguido
“echando leña al fuego” y, además, no tienen, como en el caso
específico de “Abú Mazen” la más
mínima “influencia positiva” sobre las bandas terroristas de Yihad
Islámica, Brigadas de los Mártires de Al Aqsa
(brazo armado del movimiento político Al Fatah)
y el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás),
para evitar que sigan cometiendo atentados criminales.
Estos grupos terroristas, que se distinguen por su salvajismo y
porque obligan a sus seguidores a inmolarse en atentados suicidas,
cuando ninguno de los “jefes” los predica con su propia vida, a
través de sus dirigentes prometieron, cuando aún el cadáver de Arafat
no estaba siquiera frío, “continuar la lucha violenta contra
Israel”
Tras haber rezado ante la tumba del dirigente fallecido, “Abú
Alá” pidió una “multiplicación de esfuerzos” por todos los que
“están comprometidos con el proceso de paz”, porque según él,
“israelíes y palestinos tienen el mismo derecho a existir en paz”.
“Se lo digo a la administración estadounidense, al presidente
(norteamericano), George Bush,
a los israelíes y al mundo entero: este es el momento en que tenemos
que estar más serios” dijo el Primer Ministro, porque a su juicio,
“si hay determinación por parte de todos, lo conseguiremos en un
periodo de tiempo muy corto y la paz y la convivencia se asentarán en
la región”.
El Primer Ministro también anunció que los comicios para elegir
al sucesor de Arafat al frente de la ANP se
celebrarán “antes del 9 de enero de 2005”. Provisionalmente ocupa
este cargo, desde el 12 de noviembre, el presidente del Parlamento, Rauhi
Fayuh, designado para “evitar un vacío de
poder”.
También el ministro responsable de la Negociación con Israel, Saeb
Erakat, intervino tras el Primer Ministro y
afirmó que “los palestinos están listos para celebrar elecciones en
el margen de tiempo permitido (60 días) por la ley, pero la comunidad
internacional debe ayudarles a que el proceso electoral sea justo y
democrático”, porque según él, si “se pierde esta oportunidad de
celebrar unos comicios libres, los próximos 50 años de la historia de
la región estarán marcados por el caos y la oscuridad”.
Y, como siempre ocurre cuando habla, Erakat
lanzó sus “dardos envenenados” contra Israel, pues señaló que
“estoy seguro que, incluso, si traemos a la Madre Teresa como
presidenta, a Nelson Mandela como Primer
Ministro, a Martin Luther King
como portavoz y a Mahatma Gandhi como
jefe de las negociaciones, los israelíes encontrarán la forma de
relacionarlos con el terrorismo”.
“Bush debería sustituir los
tanques israelíes por observadores internacionales que den credibilidad
al proceso electoral de Palestina”, añadió Erakat,
mientras el dirigente del izquierdista Partido Iniciativa Nacional (PIN),
Mustafá Barghoutti,
también cargó contra el Estado hebreo al señalar que “según
Israel, Arafat bloqueaba el proceso de paz,
pero él ya está muerto y no he visto ningún gesto de buena voluntad.
Sólo nos ha recordado lo que debemos hacer para que después, tal vez,
negocien con nosotros”.
Sharon declaró en Jerusalén, el
mismo día del fallecimiento del “rais”,
que ahora si cree posible que puedan reanudarse las negociaciones de paz
con “una nueva dirección palestina responsable”, a la que pidió
para que esa reanudación sea verdadera, parar el terrorismo, la
incitación a la violencia y la puesta en marcha de reformas, pues en
caso distinto no variará la posición de Israel”.
El gran reto que de verdad tienen los dirigentes palestinos no es
seguir lanzando insultos, amenazas o apoyando a los grupos terroristas
contra Israel sino el de buscar el fortalecimiento de las instituciones
y separar los poderes “para construir un Estado democrático”, que
surgirá si las partes reanudan las negociaciones de paz sobre la base
de la “Hoja de Ruta”, que se encuentra, como la “bella
durmiente”, en un sueño profundo.
Mostrando un espíritu constructivo, negociando de buena fe,
rechazando la violencia y el terrorismo en vez de apoyarlo como lo hizo Arafat,
los nuevos dirigentes palestinos obligarán al gobierno de Israel, y a
su principal aliado, Estados Unidos, a emprender el camino de la no
confrontación dialéctica y, sobre todo, armada, y a encontrar la mejor
solución para que pueda hacerse realidad el Estado de Palestina, hasta
ahora inexistente y prácticamente imposible que se establezca en 2005
como lo indicaba la tercera fase de la “Hoja de Ruta”.
Para ello, indudablemente, necesitan realizar en su propio bien y
el de la martirizada región, una “poda adecuada” y quitar del
camino a tantos dirigentes convertidos
en auténticos estorbos en vez de colaborar para alcanzar la paz.
Personas como “Abú Mazen”, Erakat,
Sami Abu Zuhri,
portavoz de Hamás, Salá,
uno de los jefes de Yihad Islámica y muchos
otros no pueden seguir al frente de la dirigencia palestina porque
están cuestionados por su corrupción y han sido y son, además,
terroristas.
El fallecimiento de Arafat también
ha traído consigo algunas denuncias sobre la inmensa fortuna que amasó
durante su actividad como máximo responsable de Al Fatah
y de la ANP, que algunos calculan en cerca de 5.000 millones de
dólares, y la propia Unión Europea se propone participar en las
averiguaciones para determinar si las ayudas por ella otorgadas fueron
desviadas a cuentas particulares del dirigente palestino.
Los nuevos dirigentes palestinos y quienes salgan electos
después de los comicios de enero próximo tendrán las máximas
responsabilidades no solo para conseguir la paz en el Oriente Medio sino
para acabar con uno de los mayores problemas que existe actualmente en
su territorio: la amplia corrupción, a la que Arafat
no pudo o no quiso perseguir con ejemplaridad y decisión.
Tanto la paz como la libertad son esenciales para el ser humano,
porque sin ellas no puede haber progreso ni desarrollo social y
económico y porque ninguna actividad puede avanzar sin tenerla a su
lado.
Ese es el gran reto que los dirigentes palestinos
e israelíes tienen por delante y por el cual deben trabajar con la
máxima intensidad para no defraudar a sus pueblos. Ha llegado el
momento de cambiar la historia en la región y que sus caminos, calles y
lugares santos se puedan transitar con libertad y porque están limpios
de sangre. |