ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



IRAK: AMPLIA OFENSIVA CONTRA TERRORISTAS EN FALUYA  

    Bajo un estado de emergencia dictado por el gobierno de Irak ante la necesidad de proteger a la población de los terroristas islamistas dirigidos desde la sombra por el criminal y sanguinario Osama Ben Laden, las tropas estadounidenses iniciaron el 8 de noviembre de 2004 un masivo ataque que será decisivo “para acabar con esas inmundas alimañas”, como lo describieron portavoces militares de Irak y Estados Unidos, antes de comenzar los bombardeos en la  ciudad de Faluya.  

    El Primer Ministro iraquí, Iyad Alaui, consciente que la batalla contra el terrorismo únicamente se ganará a “través de las armas”, autorizó a las tropas estadounidenses, con el respaldo de las iraquíes, para comenzar su acción bélica, cuyo primordial objetivo es “asestar el golpe de gracia” a los terroristas comandados por el jordano Abu Mussab al Zarqawi, otro de los más peligrosos asesinos que tienen los islamistas.  

    De acuerdo con lo afirmado por el portavoz del gobierno iraquí, Thamer Hassan al Naquib, “el objetivo de la implantación del estado de emergencia en todo el país, a excepción de la región del Kurdistán, es el de crear un ambiente de seguridad para que las elecciones (de enero de 2005) se desarrollen de forma pacífica”.  

    Aunque la medida excepcional, tomada por primera vez desde que en abril de 2003 fue despojado de su cargo de presidente el dictador Sadam Hussein, sólo regirá durante 60 días, el gobierno de Alaui indicó que “podrá prolongarse durante otros 30 días, si las circunstancias así lo aconsejan”.    

    La ciudad de Faluya, convertida en el principal foco terrorista del país, comenzó a ser bombardeada a primera hora del 8 de noviembre, encaminándose la acción inicial a destruir todos los campamentos y lugares de refugio de los terroristas. Además de la artillería, los tropas de la coalición utilizaron la aviación y los tanques e impusieron el “toque de queda” para todos los hombres de entre 15 y 50 años.  

    “Está prohibido a todos los hombres de entre 15 y 50 años entrar o salir, de lo contrario serán considerados como blancos. Sólo las mujeres y los niños pueden salir a condición que no regresen hasta nueva orden”, fue la orden del ejército iraquí en un mensaje difundido en árabe por toda la ciudad a través de altoparlantes.  

    Antes de dar comienzo a la acción militar, tropas combinadas de Estados Unidos e Irak capturaron una sección del denominado “territorio rebelde” en el extremo de Faluya, en donde se encuentra el principal hospital utilizado por los terroristas. Se informó de que se registraron durante toda la noche intensos combates y que varios de los criminales islamistas fueron detenidos o heridos.  

    Los “marines” norteamericanos y el ejército iraquí que intervienen en la operación calculan que en Faluya están instalados, al menos, 6.000 terroristas, y que todos ellos deben ser dados de baja o capturados para garantizar que el país recobre su calma y la normalidad absoluta.  

    En Faluya no existe agua ni electricidad desde el 7 de noviembre, al tiempo que otros servicios como el telefónico o el de las comunicaciones funcionan difícilmente, porque con ello se busca que también la población no comprometida con el terrorismo islamista, colabore con las “fuerzas de la coalición” delatando los lugares en donde se encuentran los criminales, especialmente su cabecilla al Zarqawi, un cruel y sanguinario tirano, por quien se ofrece una recompensa de 25 millones de dólares.  

    La ciudad, escenario de la acción desarrollada por cuatro brigadas norteamericanas y una iraquí, con el respaldo de tropas del Reino Unido, que totalizan 15.000 unidades, y la cual tiene la autorización del gobierno, esconde al “núcleo duro” del terrorismo de Irak y a decenas de mercenarios llegados desde otros países que integran grupos radicales islamistas y que participan activamente en los atentados que se han venido registrando en  el país, y que en los últimos tres días han dejado, al menos, 60 muertos en Anbar, Bagdad, donde se atentó contra dos iglesias, Samarra, Haditha y otros lugares.  

    El jefe de las tropas estadounidenses en Irak, general George Casey, afirmó a la prensa que la operación denominada “Al Faja”, que significa “Amanecer”, “tiene como objetivo eliminar a los terroristas y a los  insurgentes para restaurar el control del gobierno iraquí”. Desde mayo pasado el ejecutivo de Alaui perdió el control de esa ciudad.  

    Desde Faluya, el jeque Jaled Hamud al Yomeili, pidió la “mediación” del Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annán, la de la Unión Europea (UE) y la Liga Arabe para, según dijo, “parar la ofensiva”.  

    También el Secretario norteamericano de Defensa, Donald Rumsfeld, desde Washington, afirmó que el pueblo de Irak “ha hecho muchos esfuerzos para liberarse del terror y la tiranía” y que por tanto esta acción “Amanecer” está diseñada para acabar con quienes están “sembrando de violencia al país”.  

    El jefe del Pentágono enfatizó acerca de la necesidad de buscar esa libertad para Irak, porque “no puede permitirse que los grupos de insurgentes y los terroristas mantengan la ley de los asesinos y locos”, por lo que pronosticó que la acción iniciada el lunes será “definitiva, amplia y larga, y a favor de la libertad”.  

    Entre tanto, en Bagdad, el ayatolá chíi, Alí al Sistani, que aparenta ser un moderado, pero que no puede esconder sus ansias de poder, comenzó una nueva acción política encaminada a integrar una coalición para poder hacerse con el gobierno iraquí durante las próximas elecciones. Para ello ha logrado ya la unión de los dos principales partidos religiosos que integran el actual gobierno, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica (CSRI) y el Dawa.  

    Pero, por otra parte, el clérigo radical y temible terrorista  Múqtada al Sáder, también “chíi” y otrora partidario y seguidor  de al Sistani, ha unido sus fuerzas –repletas de sanguinarios asesinos- a la del “vendepatrias” y corrupto Ahmed Chalabi, a quien Estados Unidos no permitió ser elegido presidente provisional de Irak, para impedir que el ayatolá pueda salir triunfante.  

    Los “chíies” conforman la mayor comunidad iraquí, pero siempre fueron menospreciados y alejados del poder por el ex dictador derrocado, por lo que ahora quieren apoderarse del gobierno, unos como al Sistani a través de las urnas y otros, como al Sáder, con el uso de las armas.  

    Llama poderosamente la atención que todos esos clérigos en vez de estar buscando la pacificación del país con llamamientos a sus compatriotas para evitar más derramamiento de sangre, ambicionen como en otros países de la región –Irán, por ejemplo-, controlar el gobierno. El fracaso del régimen iraní, violento y demagogo, debía servir de espejo para no participar en esas peligrosas aventuras que están encaminadas simplemente a fortalecer sus propios egos y a empobrecer mucho más a sus pueblos.  

    Es también llamativa la posición del jeque Al Yomeili, que ahora pida la intervención de organizaciones y gobiernos cuando no ha sido capaz de levantar su voz, ni una sola vez, para protestar por la acción criminal de los terroristas. Ahora, cuando estos están siendo perseguidos en una ciudad que han convertido en su fortín, entonces sale a pedir que “se pare la ofensiva”.  

    Los terroristas únicamente tienen dos lugares para estar: las cárceles o las tumbas. Por ello no puede haber “medias tintas” en la lucha mundial para exterminarlos, pues no merecen otra suerte. Las tropas estadounidenses, iraquíes y británicas tienen la gran misión y el irreversible compromiso con el mundo de hacer que la paz reine por completo en Irak y por eso no deben dar tregua a los criminales.  

    Alimañas como Ben Laden, Al Zarqawi, al Sáder y todos esos criminales que están a su lado, no pueden seguir llenando de sangre las calles de las ciudades iraquíes y deben pagar con sus vidas o ser encerrados en prisiones por todas esas criminales acciones terroristas. Ni más, ni menos.

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