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Bajo un estado de emergencia dictado por el gobierno de Irak ante
la necesidad de proteger a la población de los terroristas islamistas
dirigidos desde la sombra por el criminal y sanguinario Osama
Ben Laden, las
tropas estadounidenses iniciaron el 8 de noviembre de 2004 un masivo
ataque que será decisivo “para acabar con esas inmundas alimañas”,
como lo describieron portavoces militares de Irak y Estados Unidos,
antes de comenzar los bombardeos en la
ciudad de Faluya.
El Primer Ministro iraquí, Iyad Alaui,
consciente que la batalla contra el terrorismo únicamente se ganará a
“través de las armas”, autorizó a las tropas estadounidenses, con
el respaldo de las iraquíes, para comenzar su acción bélica, cuyo
primordial objetivo es “asestar el golpe de gracia” a los
terroristas comandados por el jordano Abu Mussab
al Zarqawi, otro de los más peligrosos
asesinos que tienen los islamistas.
De acuerdo con lo afirmado por el portavoz del gobierno iraquí, Thamer
Hassan al Naquib,
“el objetivo de la implantación del estado de emergencia en todo el
país, a excepción de la región del Kurdistán,
es el de crear un ambiente de seguridad para que las elecciones (de
enero de 2005) se desarrollen de forma pacífica”.
Aunque la medida excepcional, tomada por primera vez desde que en
abril de 2003 fue despojado de su cargo de presidente el dictador Sadam
Hussein, sólo regirá durante 60 días, el
gobierno de Alaui indicó que “podrá
prolongarse durante otros 30 días, si las circunstancias así lo
aconsejan”.
La ciudad de Faluya, convertida en el
principal foco terrorista del país, comenzó a ser bombardeada a
primera hora del 8 de noviembre, encaminándose la acción inicial a
destruir todos los campamentos y lugares de refugio de los terroristas.
Además de la artillería, los tropas de la coalición utilizaron la
aviación y los tanques e impusieron el “toque de queda” para todos
los hombres de entre 15 y 50 años.
“Está prohibido a todos los hombres de entre 15 y 50 años
entrar o salir, de lo contrario serán considerados como blancos. Sólo
las mujeres y los niños pueden salir a condición que no regresen hasta
nueva orden”, fue la orden del ejército iraquí en un mensaje
difundido en árabe por toda la ciudad a través de altoparlantes.
Antes de dar comienzo a la acción militar, tropas combinadas de
Estados Unidos e Irak capturaron una sección del denominado
“territorio rebelde” en el extremo de Faluya,
en donde se encuentra el principal hospital utilizado por los
terroristas. Se informó de que se registraron durante toda la noche
intensos combates y que varios de los criminales islamistas fueron
detenidos o heridos.
Los “marines” norteamericanos y el ejército iraquí que
intervienen en la operación calculan que en Faluya
están instalados, al menos, 6.000 terroristas, y que todos ellos deben
ser dados de baja o capturados para garantizar que el país recobre su
calma y la normalidad absoluta.
En Faluya no existe agua ni
electricidad desde el 7 de noviembre, al tiempo que otros servicios como
el telefónico o el de las comunicaciones funcionan difícilmente,
porque con ello se busca que también la población no comprometida con
el terrorismo islamista, colabore con las “fuerzas de la coalición”
delatando los lugares en donde se encuentran los criminales,
especialmente su cabecilla al Zarqawi, un
cruel y sanguinario tirano, por quien se ofrece una recompensa de 25
millones de dólares.
La ciudad, escenario de la acción desarrollada por cuatro
brigadas norteamericanas y una iraquí, con el respaldo de tropas del
Reino Unido, que totalizan 15.000 unidades, y la cual tiene la
autorización del gobierno, esconde al “núcleo duro” del terrorismo
de Irak y a decenas de mercenarios llegados desde otros países que
integran grupos radicales islamistas y que participan activamente en los
atentados que se han venido registrando en el
país, y que en los últimos tres días han dejado, al menos, 60 muertos
en Anbar, Bagdad, donde se atentó contra
dos iglesias, Samarra, Haditha
y otros lugares.
El jefe de las tropas estadounidenses en Irak, general George
Casey, afirmó a la prensa que la operación
denominada “Al Faja”, que significa “Amanecer”, “tiene como
objetivo eliminar a los terroristas y a los
insurgentes para restaurar el control del gobierno iraquí”.
Desde mayo pasado el ejecutivo de Alaui
perdió el control de esa ciudad.
Desde Faluya, el jeque Jaled
Hamud al Yomeili,
pidió la “mediación” del Secretario General de la Organización de
las Naciones Unidas (ONU), Kofi Annán,
la de la Unión Europea (UE) y la Liga Arabe
para, según dijo, “parar la ofensiva”.
También el Secretario norteamericano de Defensa, Donald
Rumsfeld, desde Washington, afirmó que el
pueblo de Irak “ha hecho muchos esfuerzos para liberarse del terror y
la tiranía” y que por tanto esta acción “Amanecer” está
diseñada para acabar con quienes están “sembrando de violencia al
país”.
El jefe del Pentágono enfatizó acerca de la necesidad de
buscar esa libertad para Irak, porque “no puede permitirse que los
grupos de insurgentes y los terroristas mantengan la ley de los asesinos
y locos”, por lo que pronosticó que la acción iniciada el lunes
será “definitiva, amplia y larga, y a favor de la libertad”.
Entre tanto, en Bagdad, el ayatolá chíi,
Alí al Sistani, que aparenta ser un
moderado, pero que no puede esconder sus ansias de poder, comenzó una
nueva acción política encaminada a integrar una coalición para poder
hacerse con el gobierno iraquí durante las próximas elecciones. Para
ello ha logrado ya la unión de los dos principales partidos religiosos
que integran el actual gobierno, el Consejo Supremo de la Revolución
Islámica (CSRI) y el Dawa.
Pero, por otra parte, el clérigo radical y temible terrorista Múqtada
al Sáder, también “chíi”
y otrora partidario y seguidor de
al Sistani, ha unido sus fuerzas –repletas
de sanguinarios asesinos- a la del “vendepatrias”
y corrupto Ahmed Chalabi,
a quien Estados Unidos no permitió ser elegido presidente provisional
de Irak, para impedir que el ayatolá pueda salir triunfante.
Los “chíies” conforman la mayor
comunidad iraquí, pero siempre fueron menospreciados y alejados del
poder por el ex dictador derrocado, por lo que ahora quieren apoderarse
del gobierno, unos como al Sistani a través
de las urnas y otros, como al Sáder, con el
uso de las armas.
Llama poderosamente la atención que todos esos clérigos en vez
de estar buscando la pacificación del país con llamamientos a sus
compatriotas para evitar más derramamiento de sangre, ambicionen como
en otros países de la región –Irán, por ejemplo-, controlar el
gobierno. El fracaso del régimen iraní, violento y demagogo, debía
servir de espejo para no participar en esas peligrosas aventuras que
están encaminadas simplemente a fortalecer sus propios egos y a
empobrecer mucho más a sus pueblos.
Es también llamativa la posición del jeque Al Yomeili,
que ahora pida la intervención de organizaciones y gobiernos cuando no
ha sido capaz de levantar su voz, ni una sola vez, para protestar por la
acción criminal de los terroristas. Ahora, cuando estos están siendo
perseguidos en una ciudad que han convertido en su fortín, entonces
sale a pedir que “se pare la ofensiva”.
Los terroristas únicamente tienen dos lugares para estar: las
cárceles o las tumbas. Por ello no puede haber “medias tintas” en
la lucha mundial para exterminarlos, pues no merecen otra suerte. Las
tropas estadounidenses, iraquíes y británicas tienen la gran misión y
el irreversible compromiso con el mundo de hacer que la paz reine por
completo en Irak y por eso no deben dar tregua a los criminales.
Alimañas como Ben Laden,
Al Zarqawi, al Sáder
y todos esos criminales que están a su lado, no pueden seguir llenando
de sangre las calles de las ciudades iraquíes y deben pagar con sus
vidas o ser encerrados en prisiones por todas esas criminales acciones
terroristas. Ni más, ni menos. |