ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



COLOMBIA: URIBE DEBE DECIDIR EXTRADICION “EL AJEDRECISTA”  

    La extradición a Estados Unidos de Gilberto Rodríguez Orejuela (“El Ajedrecista”), uno de los “capos” narcotraficantes con más amplio historial delictivo y que junto a su hermano Miguel creó el tenebroso “Cartel de Cali”, se encuentra ahora pendiente de la decisión final del presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, tras la autorización otorgada por la Corte Suprema de Justicia, el 2 de noviembre de 2004.  

    El máximo tribunal de justicia en Colombia autorizó la extradición del “jefe mafioso” atendiendo a la petición del Tribunal del Distrito Sur de Florida (Estados Unidos), que lo acusó el 22 de enero de este año por “los delitos de concierto para importar cocaína, concierto para poseer la misma sustancia con intención de distribuirla y concierto para lavar activos”.  

    Aunque el “Cartel de Cali” se extinguió hacia finales del siglo pasado tras las capturas de los dos hermanos que lo fundaron en Cali, capital del departamento (Provincia) del Valle del Cauca, William, uno de los hijos de Miguel, trató de revivirlo, pero fracasó en su intento y actualmente se encuentra fugitivo de la justicia,  también solicitado en extradición por la justicia estadounidense, al igual que su progenitor y su tío.  

    Fuentes del Palacio de Nariño, sede de la presidencia colombiana en Bogotá, informaron el 3 de noviembre que “el Presidente está dispuesto a firmar la extradición (de Gilberto) una vez se cumplan los trámites de rigor”, tal como sucedió el pasado 10 de septiembre cuando fueron enviados 14 narcotraficantes a Estados Unidos, y el 2 de noviembre con la extradición de otros 13.  

    “El Ajedrecista” fue sometido a un nuevo juicio el pasado 16 de septiembre por el envío en 1990 de 150 toneladas de cocaína a Costa Rica, para luego introducirlas a Estados Unidos, y aceptó ser extraditado y enviado a ese país, “si así lo decide la Corte Suprema de Justicia”.  

    Este “capo”, que había sido puesto en libertad el 7 de noviembre de 2002, tras haber sido capturado por primera vez el 5 de junio de 1995, luego de un polémico fallo de un juez de Tunja, fue acusado de recibir dinero de los Rodríguez Orejuela para otorgarle la libertad al aplicar un artículo de “Hábeas Corpus” que, incluso, originó una amplia polémica entre el magistrado y el entonces ministro de Justicia e Interior, Fernando Londoño Hoyos.  

    El 13 de marzo de 2003 Rodríguez Orejuela fue nuevamente capturado para responder por otro proceso –tiene en su haber no menos de 70- por narcotráfico y concierto para delinquir y por el cual se le condenó a 24 años de cárcel.  

    No obstante, la manera como “hizo correr” el dinero entre jueces y magistrados corruptos le permitieron obtener una considerable rebaja de penas, porque a esos 24 años de prisión se le sumaron otros 21, pero finalmente, por “sospechosas reducciones”, sólo debía permanecer en la cárcel durante 10 años y 6 meses.  

    Su hermano Miguel tiene también una orden de extradición solicitada por la justicia estadounidense, que lo ha procesado por los delitos de narcotráfico y lavado de activos. La respectiva solicitud se encuentra en la Procuraduría General de la Nación para  emitir un concepto pedido por la Corte Suprema de Justicia que, en última instancia, decidirá si pide al presidente Uribe Vélez autorizar el envío de este otro “capo”.  

    Sobre su hijo William Rodríguez Abadía, que tiene orden de captura desde el 19 de junio de 2002 por parte de la Fiscalía General, pesa una solicitud de extradición por una Corte de Nueva York bajo la acusación de “concierto para importar cocaína”.  

    Ambos hermanos, de acuerdo con lo publicado por la revista colombiana “Semana” a finales de octubre, llegaron a un acuerdo con las autoridades estadounidenses para ser condenados cada uno a 25 años de prisión, mientras William Rodríguez recibiría un castigo de 10 años de cárcel.  

    Colombia, que está considerado como el “primer exportador mundial de cocaína”, reformó la Carta Magna en 1997 y autorizó de nuevo la extradición de nacionales por delitos contra la salud pública, la exportación de estupefacientes y el lavado de dinero negro, que había sido suspendida precisamente por presiones de los carteles narcotraficantes que “compraron” a legisladores y miembros del gobierno, presidido entonces por Ernesto Samper Pizano.  

    El 10 de septiembre pasado fueron enviados a Estados Unidos catorce mafiosos, entre ellos el “capo” Carlos Alberto Lopesierra, y el 2 de noviembre otros 14 miembros de una banda internacional de narcotraficantes, entre quienes se encontraban Claudia Patricia Puello Hernández, Juan Carlos Rodríguez Guevara, Carlos Peralta Carrasquilla y Rafael Ignacio Lopera García. Todos han sido reclamados por Cortes de Nueva York, Florida, Tampa y Massachussets, informó el departamento Administrativo de Seguridad (DAS), la policía secreta colombiana y se ofrecían recompensas económicas por sus capturas.  

    En “capilla” para ser también extraditado se encuentra Gabriel Puerta Parra, uno de los 12 jefes narcotraficantes más buscados por Estados Unidos y capturado el pasado 6 de octubre en una hacienda de la población de La Vega, a 60 kilómetros de Bogotá. Al parecer, fue uno de los “hombres claves” del “Cartel de Medellín”, fundado por Pablo Escobar, que murió al enfrentarse en esa ciudad a las fuerzas militares y de policía.  

    Una Corte del Distrito estadounidense de Columbia  solicitó al gobierno colombiano la extradición de Puerta Parra, miembro del “Cartel del Norte del Valle”, por “concierto para conducir y participar en un negocio a través de un patrón de actividad de fraude organizado, concierto para distribuir una sustancia controlada y por conspiración”.  

    Otro de los “mafiosos” con más historial delictivo en el mundo del narcotráfico es Luis Hernando Gómez Bustamante, alias “Rasguño”, detenido en julio pasado en el aeropuerto de La Habana, capital de Cuba, país con el que, al parecer, mantenía negocios para introducir a través de él, la cocaína del “Cartel del Norte del Valle” a Estados Unidos. También está a la espera de ser extraditado.  

    Estados Unidos había ofrecido por la captura de estos dos mafiosos y de otros diez una recompensa de hasta 5 millones de dólares. En la “lista” para ser capturados y extraditados se encuentran también varios “narcoterroristas”, entre ellos Diego León Montoya Sánchez (Don Diego), Wilber Alirio Varela (Jabón), Miguel Angel Mejía Múnera (El Loco), Juan Carlos Ramírez (Chupeta), Salomón Camacho Mora y Carlos Alberto Rentería (Beto).  

    También están solicitados varios de los actuales “negociadores” de un hipotético plan de paz con el gobierno de Uribe Vélez, que pertenecen a la banda terrorista Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), entre ellos su número uno Salvador Mancuso, Víctor Manuel Mejía Múnera (El Mellizo o Pablo Arauca), Iván Roberto Duque Gaviria (Ernesto Báez), el conocido solamente con el alias de “Hernán Hernández”, Francisco Javier Zuluaga (Gordo lindo) y Ramiro Vanoy Murillo (Cuco).  

    Una decisión tomada el 2 de noviembre por el presidente Uribe de permitir el “tránsito libre” por todo el país y de no aplicarles las órdenes de detención dictadas por la justicia a Mancuso, “Ernesto Báez” y “Hernán Hernández”, que estaban confinados en una zona de Santa Fe de Ralito de 368.790 kilómetros cuadrados que el gobierno les otorgó como una especie de “república Independiente”, ha originado amplio malestar dentro del pueblo colombiano.  

    Numerosas voces, entre ellas las de la Justicia, que la consideran una intromisión en su independencia y en la separación  de poderes que contemplan la Constitución y las leyes, se han hecho sentir, pero según la oposición, “el presidente ha pasado olímpicamente de ellas” porque se trata de “sus amigos, a quienes ha apoyado desde la época en que integraban un grupo de paramilitares” y porque “Uribe solo está preocupado por su reelección”.  

    Ello constituye una muestra más de la forma como se quiere implantar en Colombia el “egouribismo”, a través de corrupción con la compra de miembros del Congreso, de funcionarios y de diplomáticos, porque a Uribe “lo que más le interesa es permanecer en el poder a costa de lo que sea”.

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