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Más de 125 millones de electores, la más amplia participación
en la historia política de Estados Unidos, ofrecieron una lección de
libertad y democracia durante los comicios presidenciales y para el
Parlamento, celebrados el 2 de noviembre de 2004 que, además, otorgaron
un significativo triunfo al actual presidente republicano, George Bush,
que arrasó en votos electorales y generales a su contendiente
demócrata, John Kerry.
“Felicitaciones, señor Presidente”,
expresó Kerry en llamada telefónica a Bush, tras conocerse su
amplia victoria para seguir gobernando los destinos de su país durante
los próximos cuatro años.
Bush, según las informaciones de la Casa Blanca, sede de la
presidencia, destacó como “un gesto elegante” la llamada de Kerry
y, además, dijo que este había sido “un contrincante fuerte y
honorable”, olvidando ambos rivales políticos los insultos que se
lanzaron, personalmente, durante la campaña.
A la categórica victoria del mandatario se unió también la de
su Partido Republicano, que logró mantener su dominio en las dos
cámaras legislativas, la de Representantes y el Senado, con lo cual
Bush podrá gobernar sin obstáculos parlamentarios del Congreso.
La participación electoral fue impresionante, cercana al 60 por
ciento, y superior en más de 20 millones a la registrada hace cuatro
años, que alcanzó a 105 millones, cuando Bush ganó su primer mandato
superando al demócrata Al Gore por sólo 537 votos, ventaja
que obtuvo en el Estado de Florida.
En esta ocasión, nuevamente en este Estado volvió a ganar Bush,
pero lo más notable, según sus portavoces en la Casa Blanca y en el
partido Republicano, fue su triunfo en Ohio, otra poderosa región en
donde los Demócratas creían tener un “fortín político y
electoral”. El presidente reelegido superó allí por 134.019 votos a
Kerry.
De acuerdo con los datos oficiales, aunque no definitivos, Bush
alcanzó el 51 por ciento de la votación contra el 48 por ciento de
Kerry y el uno por ciento del “candidato circense” Ralph Nader,
obteniendo, al menos, 274 votos electorales, cinco más de los 269 que
exige la ley para proclamarlo presidente a través de los 538 del
Colegio Electoral.
Además, al contabilizar los votos totales de los comicios, Bush
tiene una ventaja de más de 3,5 millones que constituye, frente a las
elecciones del año 2000, una “victoria concluyente y tan amplia que
no deja lugar a ninguna duda y que demuestra el gran respaldo que los
estadounidenses le han dado para que pueda gobernar con el apoyo de la
mayoría”, dijeron portavoces de la Casa Blanca.
La amplitud de la victoria de Bush determinó la inmediata
reacción de Kerry para reconocer su derrota, a la vez que el Partido
Demócrata anunció que “desistía de iniciar procesos judiciales”,
con lo cual el candidato a la vicepresidencia, John Edwards, tuvo que
“tragarse” sus palabras del día anterior cuando afirmó que
“vigilaremos y recontaremos voto por voto”.
Mientras Bush se mostró dispuesto a buscar la colaboración de
los Demócratas, y de Kerry en particular, para unir a “todos los
estadounidenses”, el candidato derrotado pidió también una
“necesaria unidad”, durante un discurso pronunciado en Boston donde
afirmó que “hace falta trabajar juntos para bien del país, sin
enfados ni recriminaciones”.
El presidente reelegido pudo “degustar mucho más la miel de su
victoria” al conocerse las cifras relativas a las elecciones
parlamentarias que permitieron a los republicanos ganar, al menos, 225
escaños de los 435 con los que cuenta la Cámara de Representantes,
pues tenía asegurados 192 y otros 33 probables.
En el Senado, el partido del presidente obtendrá un mínimo de
50 escaños, de los 100 que forman la Cámara Alta contra 49 de los
Demócratas y uno que, por ley, pertenece a un independiente. Esto
significa que Bush logró una victoria por “partida triple”. Es
posible, incluso, que alcance a los 52 porque la agrupación política
de Kerry perdió en Estados que tradicionalmente le han votado.
Los estadounidenses, con su masiva participación en las urnas
quisieron señalar que no desean darle tregua al terrorismo y por eso
apoyaron mayoritariamente a Bush, a pesar de los errores cometidos
durante sus primeros cuatro años de mandato y a ser uno de los
presidentes más maltratados verbal y por escrito por colegas suyos y
jefes de gobierno, especialmente europeos, y por una prensa que, según
la Casa Blanca, “estuvo muy parcializada”.
“Estados Unidos ha comenzado una gran batalla contra el
terrorismo mundial y no cejará en su empeño de exterminarlo, aunque
haya voces en el mundo que muestren una benevolencia hacia quienes matan
y cometen atentados”, dijo un miembro del departamento de Prensa del
Partido Republicano.
Tanto en fuentes del gobierno como del partido, dirigentes
políticos y portavoces se mostraron “felices y encantados” porque
“esos presidentes y medios informativos europeos que pidieron
descaradamente el voto contra Bush sin exponer ningún argumento válido
sino solamente su odio personal contra el presidente, sufrieron una
severa derrota y ahora tienen que lamerse sus heridas. Quisieron estar,
al mismo tiempo, con Dios y el diablo, y eso les ha restado credibilidad
en sus propios pueblos”.
La guerra contra Irak que Kerry y muchos Jefes de Estado y de
Gobierno utilizaron para atacar a Bush “fue respaldada por el pueblo
estadounidense, que está convencido que nuestro país tiene que liderar
la lucha contra el terrorismo y buscar una sólida seguridad para el
mundo”, señalaron fuentes del Pentágono, las que se burlaron del
“poco poder de convicción que tiene el radical cineasta Michael Moore,
un resentido, que debe estar rumiando ahora su
fracaso”.
El mandatario reelegido, durante un discurso dirigido a todos sus
compatriotas desde la Casa Blanca pidió su colaboración “para poder
conseguir que este país sea más fuerte. Yo lucharé por ello. Necesito
toda la ayuda”, al tiempo que manifestó que “la grandeza de Estados
Unidos no tiene límites” y que en esta fiesta “donde triunfaron la
democracia y la libertad, yo gobernaré para todos los que me votaron y
también para quienes lo hicieron a favor del senador Kerry”.
No existe ninguna duda que con el amplio respaldo popular
recibido, la política antiterrorista del presidente Bush
ha quedado “totalmente reforzada” y que durante los próximos cuatro
años, además de continuar la batalla contra quienes quieren convertir
el mundo en un caos lleno de sangre y tumbas, tendrá que volcarse,
necesariamente, en políticas socio-económicas para beneficio de su
propio pueblo. Estados Unidos votó en democracia y por ello ganó la
democracia. |