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Las elecciones presidenciales que se celebrarán el dos de
noviembre de 2004 en Estados Unidos han adquirido, a medida que la
campaña partidista transcurrió por todos los Estados del país, una
muy significativa importancia y por ello será, quizás, la más reñida
y decisiva en toda la historia política de la única potencia mundial.
Aparentemente el candidato republicano a la reelección, el
presidente estadounidense, George Bush,
sale con una mínima ventaja frente a su rival demócrata, John
Kerry, aunque la mayoría de las encuestas
indican que “existe un empate técnico” entre los dos aspirantes,
por lo que Florida y Ohio se han convertido en “Estados claves” para
definir al ganador.
Mientras los sondeos de la
Revista “Newsweek” otorgan a Bush
una ventaja de seis puntos y los de “The New
York Times y Pew
Center de tres, los del The
Washington Post y la firma Zogby dan sendos
empates a 48 puntos y el de la cadena Fox
indica también paridad, pero a 46 puntos. Es decir que no existe total
claridad respecto a la manera como los estadounidenses van a proceder y
a cual de los dos otorgarán sus preferencias para que gobierne el
próximo cuatrienio desde la Casa Blanca.
Estas cifras, de resultar acertadas pueden originar, como
sucedió hace cuatro años, una amplia incertidumbre respecto al ganador
y las sospechas de unos y otros se dispararán para señalar que su
respectivo candidato ha resultado triunfante. En el año 2000, Bush
derrotó a Al Gore, entonces vicepresidente
del gobierno demócrata de Bill Clinton,
por sólo 537 votos. Esta nueva elección puede resultar igual de
reñida, aunque ahora se juegan mayores intereses políticos y la paz
mundial.
Precisamente Florida, que otorgó a Bush
la mínima victoria sobre Gore, sirvió de
escenario al presidente para cerrar su campaña electoral en Miami, la
capital del Estado, prometiendo a la amplia colonia anticastrista
que reside en él, que seguirá trabajando para acabar con el poder
dictatorial del presidente cubano, Fidel Castro.
“El regalo de la libertad llegará a Cuba”, les dijo el
mandatario para solicitar el voto de quienes han convertido a Florida en
una auténtica “fortaleza antifidelista”,
reafirmando que en los próximos cuatro años “seguiremos presionando
para asegurar que la libertad llega por fin a los hombres y mujeres de
Cuba”.
Por su parte, Kerry visitó el Estado
de Ohio y pidió a la mayoría negra, durante un servicio baptista, que
lo apoyara porque “cambiaremos la dirección de América; pedid
cuentas a Bush por los últimos cuatro años
y devolved este país al buen camino”, dijo
Simultáneamente con la ardorosa disputa entre Kerry
y Bush, el electorado norteamericano
acudirá a las urnas para renovar totalmente la Cámara de
Representantes (435 escaños) y parcialmente el Senado (34), comicios
igualmente decisivos y trascendentales porque de sus resultados
dependerá muchísimo la buena gestión del presidente y el cumplimiento
de su programa electoral para los próximos cuatro años.
El actual Congreso cuenta en la Cámara de Representantes con
mayoría republicana (229 escaños contra 205 y un independiente que se
ha sumado siempre en las votaciones a favor de los demócratas) y en el
Senado el partido de Bush tiene la mínima
ventaja al contar con 51 escaños contra 49 de los demócratas.
Ninguno de los dos candidatos, enfrascados durante la campaña
electoral en programas exclusivamente de índole interna aunque el tema
de la seguridad ha sido “estrella”, se ha preocupado por asuntos
relacionados con el mundo latinoamericano, pero en los últimos días
ambos se volcaron en el Estado de Florida, donde reside el mayor núcleo
de ciudadanos de esa región, para tratar de captar su voto porque a la
hora de la verdad, cuando se efectúe el escrutinio, servirá de
“balanza decisiva” para las aspiraciones de victoria de uno u otro.
Además de los tradicionales ataques personales que todos los
políticos se lanzan en las campañas electorales, los votantes
estadounidenses han escuchado de boca de Bush
y Kerry intensos debates, conceptos y
argumentos en materia de seguridad y respecto al tema del conflicto
bélico en que Estados Unidos está comprometido desde hace dos años en
Irak con el objetivo final de derrotar al terrorismo.
Kerry, que sin embargo ha reiterado
que no retirará las tropas de Irak, ha atacado a Bush
por considerar que su actitud en la guerra ha sido equivocada y que
mintió cuando la justificó al señalar que el régimen presidido por Sadam
Hussein contaba con armas de destrucción
masiva que, finalmente, no se encontraron.
“Estados Unidos sabe que tengo 35 años de experiencia, mucha
más que Bush en política exterior y
asuntos de seguridad nacional”, dijo el aspirante demócrata en
entrevista con la cadena de televisión ABC, durante la cual reafirmó
su seguridad porque “llevaré a cabo una guerra contra el terrorismo
de manera mucho más eficaz de lo que él ha hecho”.
Bush, sin embargo, ha defendido y
justificado su actitud y decisión porque “ahora el mundo es más
seguro tras la caída del dictador” y porque, a su juicio, “la
guerra sirvió para combatir al terrorismo”, al que pretende aniquilar
si es reelegido.
Los norteamericanos están muy sensibilizados respecto al
terrorismo, máxime después de los atentados islamistas del 11 de
septiembre de 2002 a las Torres Gemelas de Nueva York
y a la sede del Pentágono, en Washington, y ese es uno de los temas que
va a influir muchísimo en el ánimo y el pensamiento de quienes se
acercarán a las urnas para depositar su voto.
La reciente nueva aparición del sanguinario terrorista Osama
Ben Laden, quien
en un vídeo presentado por la cadena de televisión árabe Al Yazira,
su intermediaria predilecta que no para de hacerle propaganda a sus
actos criminales, parece que ha beneficiado muchísimo a Bush,
porque los norteamericanos saben, según las encuestas, que “Kerry
no actuará con la misma contundencia para combatirle”.
No obstante, el asesor de Kerry, Bob
Shrum, considera que ello no sucederá
porque el mensaje del “terrorista número uno” del mundo se volverá
en contra del presidente, ya que “lo importante es que la guerra de
Irak restó fuerzas y concentración en Afganistán y creó un paraíso
para terroristas que antes no existía”.
La prensa estadounidense también, como en las encuestas, se
encuentra prácticamente empatada en sus apoyos a los dos aspirantes, lo
que demuestra que estas elecciones han dividido mucho más a los
norteamericanos y que no se puede señalar un ganador previo, aunque Bush
y Kerry aspiran, desde luego, a proclamarse
ganador de los comicios.
Este año, más que en ningún otro, el voto de los
hispanos, la primera minoría mayoritaria en el país, puede ser
decisivo, especialmente en los Estados de Florida, California y Arizona,
gracias a las amplias colonias de cubanos, puertorriqueños, mexicanos,
dominicanos y colombianos, especialmente..
Bajo la premisa que “cualquiera puede ganar”, los
estadounidenses cumplirán una “cita electoral” de
la que estará pendiente el mundo entero porque es mucho lo que se juega
en ella a nivel internacional. Sus votos, nunca como el 2 de noviembre,
serán tan “importantes y decisivos” para que este reto de la
Democracia sirva para consolidarla y demostrar que sólo con esta se
pueden construir caminos dignos y contar con un mundo pacificado.
Servirá, además, para demostrarle al terrorismo que nunca podrá
vencer a la paz y que sus criminales acciones terminarán por volverse
en su contra. |