ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



MEDIO ORIENTE: APROBADA RETIRADA ISRAELI FRANJA GAZA  

    En una histórica decisión, el Parlamento (Knesset) de Israel aprobó el 26 de octubre de 2004 el plan de retirada de las fuerzas armadas israelíes de la Franja de Gaza ocupadas desde hace 37 años por parte del Estado hebreo, a pesar de la oposición de algunos legisladores radicales y de la amenaza de cuatro ministros de presentar su renuncia.  

    La decisión fue aprobada con el voto favorable de 67 parlamentarios, incluyendo a la oposición laborista, 45 en contra, de las formaciones religiosas ultraortodoxas y de extrema derecha e, inexplicablemente de 18 miembros del Partido Likud, en el gobierno, y siete abstenciones.  

    Luego de la votación, el Primer Ministro israelí, Ariel Sharon, destituyó al ministro sin Cartera, Uzi Landau, y al viceministro de Seguridad Interior, Michael Ratzon, dos fanáticos que votaron en contra de un plan que abre la puerta de la esperanza para una posible y definitiva paz con los palestinos.  

    Al mismo tiempo, el ministro de Finanzas y antiguo Primer Ministro, Benjamín Netanyahu, perteneciente al “ala dura” del Likud y enemigo personal de Sharon, anunció que junto con otros tres ministros presentará su renuncia si ahora la decisión del Parlamento no se somete a referendo de los israelíes en un plazo máximo de dos semanas.  

    Sharon, empeñado tenazmente en lograr la aprobación de su plan de retirada de las fuerzas armadas israelíes de 21 asentamientos en la franja de Gaza y la correspondiente evacuación de 7.781 colonos que residen en ella, y de otros cuatro del norte de Cisjordania, no desea, como tampoco su ocasional aliado, el Partido Laborista (PL), la realización del referendo.  

    El líder del PL, Simón Peres, calificó al referendo como “un torpedo que va a provocar la implosión de todo el proceso”, y anunció que junto con su grupo político “continuaremos actuando en función de las necesidades de paz”, por las que, al igual que Sharon, abogó ante los miembros del Parlamento para “avanzar todos juntos por el camino de la paz”.  

    Netanyahu, que durante la sesión mostró un tono desafiante e irresponsable, haciendo creer que se abstendría o votaría en contra, dijo que el referendo debe celebrarse para “evitar una guerra fratricida” y una eventual escisión en el Likud, que llevaría a Sharon, obligatoriamente, a convocar elecciones anticipadas, lo que podría frustrar el aprobado  “Plan de Desconexión”, y que de cumplirse originaría la tercera retirada desde que el Estado de Israel fue creado en 1948.  

    La amenaza del titular de Finanzas quedó reflejada en la declaración que hizo en los siguientes términos: “Si en dos semanas el Primer Ministro no acepta organizar un referendo, yo y otros tres ministros nos iremos”. Además de Netanyahu, abandonarían el gobierno israelí los de Educación, Limor Livnat, Salud, Danny Naveh, y Agricultura, Israel Katz.  

    Además de este amago de crisis, miles de colonos judíos se reunieron, dentro de un tenso ambiente en las inmediaciones del Parlamento para protestar por el “Plan de Desconexión”, exhibiendo pancartas amenazantes en las que podía leerse, entre otras, “judíos no expulsan judíos” y “no aceptaremos nada que nos haga retirar”, mientras en un edificio del centro de Jerusalén había una pintada que señalaba: “Asesinamos a (Isaac) Rabin (cuando desempeñaba el cargo de Primer Ministro en representación del Partido Laborista) y asesinaremos a Sharon”.  

    Los militares israelíes cumplieron su primera retirada –en la península del Sinaí- en 1982, tras la firma de los acuerdos de Camp Davis con Egipto y en los que tuvo especial participación el entonces presidente estadounidense Jimmy Carter; la segunda se produjo en mayo de 2000 con la evacuación de la Franja del sur del Líbano. Ahora Sharon, Peres y un elevado porcentaje de israelíes, que el gobierno espera sea mayoritario, desean poner fin a la tercera ocupación en Gaza y Cisjordania.  

    Habrá necesidad de cumplir cuatro etapas para realizar con éxito completo la evacuación, prevista para terminar en septiembre de 2005 que comprenden estos puntos: la destrucción de las viviendas de los colonos judíos  y las Sinagogas en la Franja de Gaza; control de la frontera terrestre de Gaza por parte de Israel y dominio de manera exclusiva del espacio aéreo y marítimo; mantenimiento de tropas del ejército israelí en la “vía Filadelfi”, en la frontera con Egipto, con un posterior retiro, y ninguna tropa en los asentamientos de Judea y Samaria (nombres bíblicos de Cisjordania).  

    También Israel continuará la construcción de la “valla de seguridad”, que en el mundo se conoce ya como “el muro de la vergüenza”, pero teniendo en cuenta razones humanitarias y evitando perjuicios para la población palestina.  

    Sin embargo, cada una de las cuatro etapas deberá ser aprobada por el gobierno y existe el temor que haya oposición a los presupuestos para el próximo año, en los que se contemplan las compensaciones y los gastos que se realizarán con motivo de la evacuación.  

    El Parlamento estudia un proyecto de ley para la indemnización de los 7.781 colonos y se calcula que ascenderá a 700 millones de dólares, suma que, necesariamente, deberá incluirse en los presupuestos de 2005 porque de lo contrario el “Plan de Desconexión” estará sometido al fracaso.  

    La decisión del Parlamento israelí fue bien recibida por los miembros del gobierno palestino, que se apresuraron a “celebrarla” por considerar que puede ser el “comienzo del plan de paz” en la agitada región.  

    “Si el gobierno israelí es serio sobre el proceso de paz, debería volver a la mesa de negociaciones con la Autoridad Nacional Palestina a fin de aplicar la Hoja de Ruta y discutir la idea de la retirada de la Franja de Gaza en el marco de ese plan de paz”, afirmó el ministro palestino de Negociaciones, Saeb Erakat.  

    Este ministro, sin embargo, no debe olvidar que son sus propios compatriotas, vinculados con los tres grupos terroristas que operan con el beneplácito del gobierno que preside Yaser Arafat, los que están impidiendo por sus “brutales y criminales acciones” que se pueda dialogar sobre la paz y que la Hoja de Ruta haya quedado prácticamente en el olvido.  

    Precisamente el 26 de octubre se conocieron las últimas cifras sobre las muertes ocurridas en la región desde que comenzó la “Intifada” el 28 de septiembre de 2000, y que ascienden a 4.533, de los cuales 3.577 son palestinos y 956 israelíes.  

    Esta acción terrorista ha sido ejecutada por los miembros de Izedin Al Qasam, brazo armado del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), la Yihad Islámica y las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa –brazo armado del partido Al Fatah, que dirige Arafat- y respondida por el ejército hebreo con mucha contundencia.  

    En los próximos días, el ejército de Israel que ha venido actuando en Gaza en la operación denominada “Días de Penitencia”, con un elevado saldo sangriento, de más de 140 palestinos muertos, tiene previsto retirarse por orden de Sharon, que desea así, según un portavoz de su gobierno, “testimoniar con los hechos su deseo de paz en la región”.  

    Mientras el gobierno israelí se propone a negociar con sus propios ministros la no realización del referendo, los terroristas de Hamás dijeron el 27 de octubre que “la evacuación de Gaza es un primer paso para poner fin a la ocupación israelí”.  

    Ojalá que las acciones de terror palestinas y las respuestas bélicas de Israel no vuelvan a registrarse porque ello sería el primer gran síntoma sobre la presencia de un “espíritu pacificador”, tan necesario, que acabe con años de dominio de un Estado –el hebreo- y con el logro de la legítima aspiración palestina de contar con un Estado propio.

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