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En una histórica decisión, el Parlamento (Knesset)
de Israel aprobó el 26 de octubre de 2004 el plan de retirada de las
fuerzas armadas israelíes de la Franja de Gaza ocupadas desde hace 37
años por parte del Estado hebreo, a pesar de la oposición de algunos
legisladores radicales y de la amenaza de cuatro ministros de presentar
su renuncia.
La decisión fue aprobada con el voto favorable de 67
parlamentarios, incluyendo a la oposición laborista, 45 en contra, de
las formaciones religiosas ultraortodoxas y de extrema derecha e,
inexplicablemente de 18 miembros del Partido Likud, en el gobierno, y
siete abstenciones.
Luego de la votación, el Primer Ministro israelí, Ariel Sharon,
destituyó al ministro sin Cartera, Uzi Landau, y al viceministro de
Seguridad Interior, Michael Ratzon, dos fanáticos que votaron en contra
de un plan que abre la puerta de la esperanza para una posible y
definitiva paz con los palestinos.
Al mismo tiempo, el ministro de Finanzas y antiguo Primer
Ministro, Benjamín Netanyahu, perteneciente al “ala dura” del Likud
y enemigo personal de Sharon, anunció que junto con otros tres
ministros presentará su renuncia si ahora la decisión del Parlamento
no se somete a referendo de los israelíes en un plazo máximo de dos
semanas.
Sharon, empeñado tenazmente en lograr la aprobación de su plan
de retirada de las fuerzas armadas israelíes de 21 asentamientos en la
franja de Gaza y la correspondiente evacuación de 7.781 colonos que
residen en ella, y de otros cuatro del norte de Cisjordania, no desea,
como tampoco su ocasional aliado, el Partido Laborista (PL), la
realización del referendo.
El líder del PL, Simón Peres,
calificó al referendo como “un torpedo que va a provocar la
implosión de todo el proceso”, y anunció que junto con su grupo
político “continuaremos actuando en función de las necesidades de
paz”, por las que, al igual que Sharon,
abogó ante los miembros del Parlamento para “avanzar todos juntos por
el camino de la paz”.
Netanyahu, que durante la sesión
mostró un tono desafiante e irresponsable, haciendo creer que se
abstendría o votaría en contra, dijo que el referendo debe celebrarse
para “evitar una guerra fratricida” y una eventual escisión en el Likud,
que llevaría a Sharon, obligatoriamente, a
convocar elecciones anticipadas, lo que podría frustrar el aprobado “Plan
de Desconexión”, y que de cumplirse originaría la tercera retirada
desde que el Estado de Israel fue creado en 1948.
La amenaza del titular de Finanzas quedó reflejada en la
declaración que hizo en los siguientes términos: “Si en dos semanas
el Primer Ministro no acepta organizar un referendo, yo y otros tres
ministros nos iremos”. Además de Netanyahu,
abandonarían el gobierno israelí los de
Educación, Limor Livnat,
Salud, Danny Naveh,
y Agricultura, Israel Katz.
Además de este amago de crisis, miles de colonos judíos se
reunieron, dentro de un tenso ambiente en las inmediaciones del
Parlamento para protestar por el “Plan de Desconexión”, exhibiendo
pancartas amenazantes en las que podía leerse, entre otras, “judíos
no expulsan judíos” y “no aceptaremos nada que nos haga retirar”,
mientras en un edificio del centro de Jerusalén había una pintada que
señalaba: “Asesinamos a (Isaac) Rabin
(cuando desempeñaba el cargo de Primer Ministro en representación del
Partido Laborista) y asesinaremos a Sharon”.
Los militares israelíes cumplieron su primera retirada –en la
península del Sinaí- en 1982, tras la
firma de los acuerdos de Camp Davis
con Egipto y en los que tuvo especial participación el entonces
presidente estadounidense Jimmy Carter;
la segunda se produjo en mayo de 2000 con la evacuación de la Franja
del sur del Líbano. Ahora Sharon, Peres
y un elevado porcentaje de israelíes, que el gobierno espera sea
mayoritario, desean poner fin a la tercera ocupación en Gaza
y Cisjordania.
Habrá necesidad de cumplir cuatro etapas para realizar con
éxito completo la evacuación, prevista para terminar en septiembre de
2005 que comprenden estos puntos: la destrucción de las viviendas de
los colonos judíos y las
Sinagogas en la Franja de Gaza; control de
la frontera terrestre de Gaza por parte de
Israel y dominio de manera exclusiva del espacio aéreo y marítimo;
mantenimiento de tropas del ejército israelí en la “vía Filadelfi”,
en la frontera con Egipto, con un posterior retiro, y ninguna tropa en
los asentamientos de Judea y Samaria (nombres bíblicos de Cisjordania).
También Israel continuará la construcción de la “valla de
seguridad”, que en el mundo se conoce ya como “el muro de la
vergüenza”, pero teniendo en cuenta razones humanitarias y evitando
perjuicios para la población palestina.
Sin embargo, cada una de las cuatro etapas deberá ser aprobada
por el gobierno y existe el temor que haya oposición a los presupuestos
para el próximo año, en los que se contemplan las compensaciones y los
gastos que se realizarán con motivo de la evacuación.
El Parlamento estudia un proyecto de ley para la indemnización
de los 7.781 colonos y se calcula que ascenderá a 700 millones de
dólares, suma que, necesariamente, deberá incluirse en los
presupuestos de 2005 porque de lo contrario el “Plan de
Desconexión” estará sometido al fracaso.
La decisión del Parlamento israelí fue bien recibida por los
miembros del gobierno palestino, que se apresuraron a “celebrarla”
por considerar que puede ser el “comienzo del plan de paz” en la
agitada región.
“Si el gobierno israelí es serio sobre el proceso de paz,
debería volver a la mesa de negociaciones con la Autoridad Nacional
Palestina a fin de aplicar la Hoja de Ruta y discutir la idea de la
retirada de la Franja de Gaza en el marco de
ese plan de paz”, afirmó el ministro palestino de Negociaciones, Saeb
Erakat.
Este ministro, sin embargo, no debe olvidar que son sus propios
compatriotas, vinculados con los tres grupos terroristas que operan con
el beneplácito del gobierno que preside Yaser
Arafat, los que están impidiendo por sus
“brutales y criminales acciones” que se pueda dialogar sobre la paz
y que la Hoja de Ruta haya quedado prácticamente en el olvido.
Precisamente el 26 de octubre se conocieron las últimas cifras
sobre las muertes ocurridas en la región desde que comenzó la “Intifada”
el 28 de septiembre de 2000, y que ascienden a 4.533, de los cuales
3.577 son palestinos y 956 israelíes.
Esta acción terrorista ha sido ejecutada por los miembros
de Izedin Al Qasam,
brazo armado del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás),
la Yihad Islámica y las Brigadas de los
Mártires de Al Aqsa –brazo armado del
partido Al Fatah, que dirige Arafat-
y respondida por el ejército hebreo con mucha contundencia.
En los próximos días, el ejército de Israel que ha venido
actuando en Gaza en la operación denominada
“Días de Penitencia”, con un elevado saldo sangriento, de más de
140 palestinos muertos, tiene previsto retirarse por orden de Sharon,
que desea así, según un portavoz de su gobierno, “testimoniar con
los hechos su deseo de paz en la región”.
Mientras el gobierno israelí se propone a negociar con sus
propios ministros la no realización del referendo, los terroristas de Hamás
dijeron el 27 de octubre que “la evacuación de Gaza
es un primer paso para poner fin a la ocupación israelí”.
Ojalá que las acciones de terror palestinas y las respuestas
bélicas de Israel no vuelvan a registrarse porque ello sería el primer
gran síntoma sobre la presencia de un “espíritu pacificador”, tan
necesario, que acabe con años de dominio de un Estado –el hebreo- y
con el logro de la legítima aspiración palestina de contar con un
Estado propio. |