ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



IRAK: NUEVO GOLPE TERRORISTA CON ROBO EXPLOSIVOS  

    El terrorismo, que tantos apoyos recibe de políticos y pseudo-intelectuales del mundo, asestó un nuevo y peligroso golpe en Irak al robar 380 toneladas de explosivos, con los cuales se pueden cometer innumerables atentados que recibirán, sin dudarlo, el aplauso de quienes consideran que el sanguinario ex dictador Sadam Hussein debe regresar al poder en el escenario de sus matanzas porque eso constituye una derrota para quien lo echó, el presidente estadounidense, George Bush.  

    La Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) confirmó el 25 de octubre de 2004 las informaciones sobre ese robo que fueron publicadas un día antes por el diario “The New York Times”. La acción delictiva se efectuó en las instalaciones militares Al Qaqaa, que el despótico régimen poseía  a 50 kilómetros del sur de Bagdad, y ha originado una seria advertencia del gobierno interino de Irak por el peligro que representa para el futuro.  

    La propia OIEA confirmó que los explosivos robados pueden ser utilizados en misiles clásicos o nucleares y emplearse como detonador para provocar la explosión de una bomba.  

    De acuerdo con la información del diario estadounidense, “casi 380 toneladas de explosivos convencionales potentes –que pueden ser utilizados para destruir edificios, hacer cabezas de misiles y detonar armas nucleares- desaparecieron de una de las antiguas instalaciones militares más sensibles de Irak”.  

    Según “The New York Times”, la instalación Al Qaaqa, “estaba supuestamente bajo control norteamericano, pero ahora es un descampado donde los saqueadores actuaban todavía el domingo” (23 de octubre).  

    Para la portavoz de la OIEA, Melissa Fleming,  como los inspectores de desarme de la Organización de Naciones Unidas (ONU) se vieron obligados a abandonar Irak por la expulsión que de ellos decretó el despótico régimen de Sadam Hussein, la única capacidad de control del organismo se realizaba a “través de imágenes vía satélite, pero como esas cosas estaban en búnkeres, eran muy difíciles de detectar”.  

    Los explosivos comenzaron a desaparecer a partir de abril de 2003 una vez que la operación bélica anglo-americana triunfó y originó la huida del dictador, quien en diciembre del año pasado fue capturado por tropas estadounidenses después de una delación que permitió a su autor hacerse con los 25 millones de dólares de recompensa ofrecida por el gobierno de Bush.  

    “Aunque desde el punto de vista de la proliferación existe una aplicación posible en un arma nuclear, nuestro temor inmediato es que estos explosivos puedan caer en malas manos y servir para actos terroristas”, declaró a los periodistas Melissa Fleming, al tiempo que el Director General de la OIEA, Mahomed El Baradei, deberá “informar sobre este tema al Consejo de Seguridad de la ONU”.  

    Las 380 toneladas de explosivos contenían HMX y RDX, que “podrían producir bombas suficientemente potentes para hacer estallar aviones y dañar edificios”, añadió la información del importante diario estadounidense.  

    En la base Al Qaaqa se fabricaban, por orden del ex dictador, cabezas de misiles convencionales, pero al comenzar la década de los años 90 del siglo pasado, los inspectores de la OIEA hicieron desmantelar el programa nuclear iraquí que se estaba diseñando y que le impidió al sanguinario régimen ponerlo satisfactoriamente en marcha.  

    Explosivos de las mismas características de los robados ahora en Bagdad se utilizaron en sangrientos atentados como el del avión estadounidense que en 1988 estalló, por la colocación de una bomba, a cargo de dos terroristas libios, sobre la escocesa localidad de Lockerbie, así como de los ocurridos en Rusia y Arabia Saudí.  

    Por eso, que tan enorme cantidad de explosivos se encuentre en poder de los grupos terroristas islamistas, constituye  uno de los mayores peligros para el mundo e, incluso, se cree que pueda tenerla la banda criminal que dirige Osama Ben Laden, y que con ella se piense realizar un nuevo atentado en Estados Unidos en vísperas de las elecciones del dos de noviembre, como una forma de favorecer la victoria del candidato demócrata, John Kerry.  

    Precisamente, y con un sentido oportunista, Kerry dio a conocer el 25 de octubre un comunicado, suscrito por su asesor Joe Lockhart, en donde se señala que “la administración Bush debe responder por lo que podría ser el error más grave y catastrófico en la trágica serie de equivocaciones en Irak”.  

    Al parecer, la Consejera de Seguridad Nacional estadounidense, Condoleeza Rice, fue informada en septiembre pasado del robo de los explosivos y desde entonces la Agencia Central de Inteligencia (CIA) designó una fuerza especial para encargarse de la búsqueda y localización exacta de aquellos a objeto de impedir que los terroristas puedan utilizarlos en atentados contra las tropas de la coalición y las iraquíes que los combaten para imponer el orden en el país o en Estados Unidos.  

    Si la guerra de Irak ha servido como “peligroso dardo” para el lanzamiento de acusaciones personales en la campaña electoral de Estados Unidos, que culminará con los comicios del próximo dos de noviembre en los que Bush aspira a ser reelegido y Kerry a sucederle en el cargo, el robo de los explosivos ha aumentado la tensión y los ataques.  

    Kerry, en su comunicado, acusó al mandatario de “increíble incompetencia”, mientras que su “apoyo de última hora”, el recién operado ex presidente Bill Clinton, señaló en un acto electoral celebrado en Filadelfia que “el actual presidente seguirá los pasos de su padre (también llamado George Bush) y perderá las elecciones”.  

    Precisamente fue Clinton quien derrotó al progenitor del actual mandatario cuando aspiraba a la reelección, tras haber ganado Bush senior la primera guerra contra Irak, cuando este país invadió Kuwait.  

    Los republicanos, por su parte, acusan de inmoral a Kerry porque sus asesores quieren hacer un ilegal intercambio de votos con  Ralph Nader, para otorgarle sufragios en los estados donde el partido Demócrata es poderoso y será un seguro ganador, y para  que el candidato independiente ordene votar por el rival de Bush en aquellos donde existe la certeza de derrota.  

    Aunque la ley prohibe estas prácticas, los demócratas no “encuentran impedimento moral” para buscar, a través de “chanchullos” –como les acusaron los republicanos- una victoria que los partidarios de Bush “creen imposible porque el electorado no es tonto y confían en que el actual gobierno seguirá combatiendo intensamente al terrorismo internacional”.  

    De todas maneras la absurda guerra contra Irak, el robo de los explosivos, las presiones que se hacen desde gobiernos extranjeros y desde el propio Estados Unidos en contra de Bush, han dado un tono “muy especial”, a juicio de comentaristas políticos, a estas elecciones, pero a cinco días de su celebración, las encuestas presagian un empate técnico o una victoria por la mínima del actual presidente.

Portada - Indice