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El terrorismo, que tantos apoyos recibe de políticos y pseudo-intelectuales
del mundo, asestó un nuevo y peligroso golpe en Irak al robar 380
toneladas de explosivos, con los cuales se pueden cometer innumerables
atentados que recibirán, sin dudarlo, el aplauso de quienes consideran
que el sanguinario ex dictador Sadam Hussein
debe regresar al poder en el escenario de sus matanzas porque eso
constituye una derrota para quien lo echó, el presidente
estadounidense, George Bush.
La Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA)
confirmó el 25 de octubre de 2004 las informaciones sobre ese robo que
fueron publicadas un día antes por el diario “The
New York
Times”. La acción delictiva se efectuó en las instalaciones
militares Al Qaqaa, que el despótico
régimen poseía a 50
kilómetros del sur de Bagdad, y ha originado una seria advertencia del
gobierno interino de Irak por el peligro que representa para el futuro.
La propia OIEA confirmó que los explosivos robados pueden ser
utilizados en misiles clásicos o nucleares y emplearse como detonador
para provocar la explosión de una bomba.
De acuerdo con la información del diario estadounidense, “casi
380 toneladas de explosivos convencionales potentes –que pueden ser
utilizados para destruir edificios, hacer cabezas de misiles y detonar
armas nucleares- desaparecieron de una de las antiguas instalaciones
militares más sensibles de Irak”.
Según “The New
York Times”, la instalación Al Qaaqa,
“estaba supuestamente bajo control norteamericano, pero ahora es un
descampado donde los saqueadores actuaban todavía el domingo” (23 de
octubre).
Para la portavoz de la OIEA, Melissa Fleming,
como los inspectores de desarme de la Organización de Naciones
Unidas (ONU) se vieron obligados a abandonar Irak por la expulsión que
de ellos decretó el despótico régimen de Sadam
Hussein, la única capacidad de control del
organismo se realizaba a “través de imágenes vía satélite, pero
como esas cosas estaban en búnkeres, eran muy difíciles de
detectar”.
Los explosivos comenzaron a desaparecer a partir de abril de 2003
una vez que la operación bélica anglo-americana triunfó y originó la
huida del dictador, quien en diciembre del año pasado fue capturado por
tropas estadounidenses después de una delación que permitió a su
autor hacerse con los 25 millones de dólares de recompensa ofrecida por
el gobierno de Bush.
“Aunque desde el punto de vista de la proliferación existe una
aplicación posible en un arma nuclear, nuestro temor inmediato es que
estos explosivos puedan caer en malas manos y servir para actos
terroristas”, declaró a los periodistas Melissa
Fleming, al tiempo que el Director General
de la OIEA, Mahomed El Baradei,
deberá “informar sobre este tema al Consejo de Seguridad de la
ONU”.
Las 380 toneladas de explosivos contenían HMX y RDX, que
“podrían producir bombas suficientemente potentes para hacer estallar
aviones y dañar edificios”, añadió la información del importante
diario estadounidense.
En la base Al Qaaqa se fabricaban,
por orden del ex dictador, cabezas de misiles convencionales, pero al
comenzar la década de los años 90 del siglo pasado, los inspectores de
la OIEA hicieron desmantelar el programa nuclear iraquí que se estaba
diseñando y que le impidió al sanguinario régimen ponerlo
satisfactoriamente en marcha.
Explosivos de las mismas características de los robados ahora en
Bagdad se utilizaron en sangrientos atentados como el del avión
estadounidense que en 1988 estalló, por la colocación de una bomba, a
cargo de dos terroristas libios, sobre la escocesa localidad de Lockerbie,
así como de los ocurridos en Rusia y Arabia Saudí.
Por eso, que tan enorme cantidad de explosivos se encuentre en
poder de los grupos terroristas islamistas, constituye uno
de los mayores peligros para el mundo e, incluso, se cree que pueda
tenerla la banda criminal que dirige Osama Ben
Laden, y que con ella se piense realizar un
nuevo atentado en Estados Unidos en vísperas de las elecciones del dos
de noviembre, como una forma de favorecer la victoria del candidato
demócrata, John Kerry.
Precisamente, y con un sentido oportunista, Kerry
dio a conocer el 25 de octubre un comunicado, suscrito por su asesor Joe
Lockhart, en donde se señala que “la
administración Bush debe responder por lo
que podría ser el error más grave y catastrófico en la trágica serie
de equivocaciones en Irak”.
Al parecer, la Consejera de Seguridad Nacional estadounidense, Condoleeza
Rice, fue informada en septiembre pasado del robo de los explosivos y
desde entonces la Agencia Central de Inteligencia (CIA) designó una
fuerza especial para encargarse de la búsqueda y localización exacta
de aquellos a objeto de impedir que los terroristas puedan utilizarlos
en atentados contra las tropas de la coalición y las iraquíes que los
combaten para imponer el orden en el país o en Estados Unidos.
Si la guerra de Irak ha servido como “peligroso dardo” para
el lanzamiento de acusaciones personales en la campaña electoral de
Estados Unidos, que culminará con los comicios del próximo dos de
noviembre en los que Bush aspira a ser
reelegido y Kerry a sucederle en el cargo,
el robo de los explosivos ha aumentado la tensión y los ataques.
Kerry, en su comunicado, acusó al
mandatario de “increíble incompetencia”, mientras que su “apoyo
de última hora”, el recién operado ex presidente Bill
Clinton, señaló en un acto electoral
celebrado en Filadelfia que “el actual presidente seguirá los pasos
de su padre (también llamado George Bush)
y perderá las elecciones”.
Precisamente fue Clinton
quien derrotó al progenitor del actual mandatario cuando aspiraba a la
reelección, tras haber ganado Bush senior
la primera guerra contra Irak, cuando este país invadió Kuwait.
Los republicanos, por su parte, acusan de inmoral a Kerry
porque sus asesores quieren hacer un ilegal intercambio de votos con Ralph
Nader, para otorgarle sufragios en los
estados donde el partido Demócrata es poderoso y será un seguro
ganador, y para que el
candidato independiente ordene votar por el rival de Bush
en aquellos donde existe la certeza de derrota.
Aunque la ley prohibe estas
prácticas, los demócratas no “encuentran impedimento moral” para
buscar, a través de “chanchullos” –como les acusaron los
republicanos- una victoria que los partidarios de Bush
“creen imposible porque el electorado no es tonto y confían en que el
actual gobierno seguirá combatiendo intensamente al terrorismo
internacional”.
De todas maneras la absurda guerra contra Irak, el robo de los
explosivos, las presiones que se hacen desde gobiernos extranjeros y
desde el propio Estados Unidos en contra de Bush,
han dado un tono “muy especial”, a juicio de comentaristas
políticos, a estas elecciones, pero a cinco días de su celebración,
las encuestas presagian un empate técnico o una victoria por la mínima
del actual presidente. |