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La impopularidad del presidente ecuatoriano, Lucio Gutiérrez,
continuó en aumento durante las elecciones provinciales y municipales
que se celebraron el pasado 18 de octubre de 2004 y puede decirse que se
“salvó por los pelos” de quedarse sin partido político que lo
respaldase hasta el fin de su mandato constitucional, previsto para el
15 de enero de 2007.
Durante estos comicios, el Partido Sociedad Patriótica (PSP),
del que fue candidato a la presidencia en 2002, apenas
“raspó” el reglamentario 5 por ciento de los votos para seguir
subsistiendo y continuar inscrito como grupo político en el Tribunal
Supremo Electoral (TSE), pero la amplia victoria de los Partidos Social
Cristiano (PSC) e Izquierda Democrática (ID), ambos opositores, le
estrechó a Gutiérrez mucho más el campo de acción política para el
futuro.
Gutiérrez, un ex coronel golpista, que obtuvo en las elecciones
presidenciales de hace dos años un total de 2.726.476 votos superando
ampliamente a su rival Alvaro Noboa, no
logró ganar el domingo en
las más importantes ciudades del país y tuvo que conformarse
únicamente con el triunfo en 24 municipalidades situadas en cantones
pequeños.
En estos comicios municipales y regionales, en cambio, Noboa se
cobró una “pequeña revancha” porque con su agrupación derechista
“Prian” ganó 20 alcaldías y sus
representantes serán “adversarios de consideración” para el propio
gobierno central.
También la alcaldía de Quito la siguió conservando el ex
general Paco Moncayo, apoyado por una alianza entre el grupo de
Izquierda Democrática y el movimiento indigenista Pachakutik,
mientras en Guayaquil, la segunda ciudad en importancia y con el
principal puerto ecuatoriano, triunfó el social-cristianismo. Ambas
ciudades son consideradas por los dirigentes políticos como las más
emblemáticas y apetecibles dentro del terreno político y electoral.
Sus principales rivales políticos y los analistas consideran que
a Gutiérrez le espera “un difícil y amargo camino” y que su
gestión será mucho más “desafortunada e inoperante” de la que
viene realizando desde que asumió el poder, lo que le ha costado un
vertiginoso descenso de popularidad y ser ya un mandatario “poco
creíble” dentro de la mayoría de sus compatriotas.
Martín Pallares, editor político del diario “El Comercio”
expresó que “el Gobierno queda muy débil y se vienen dos años de
ejercicio de poder en condiciones de inestabilidad e incertidumbre” y
que Gutiérrez tendrá ahora una “oposición más radical” del PSC e
ID, porque fueron los ganadores y los que ante la opinión pública han
quedado más fortalecidos.
“Gutiérrez va a ser víctima de sus propios errores políticos
como el de haberse convertido en jefe de campaña del PSP y por lo tanto
convirtió a las elecciones en un referendo”, señaló la analista Talia
Flores, del “Diario Hoy”, quien considera que el Gobierno tendrá
una “situación difícil en los próximos dos años por la falta de
aglutinación de fuerzas para decisiones trascendentales para
Ecuador”.
El mandatario, por el contrario, transformó la derrota en
victoria, porque previamente había señalado que para “un partido que
nace de cero, sin alcaldes y sin prefectos, cualquier resultado será un
triunfo”, pero el ex presidente León Febres
Cordero, cuyo partido PSC fue uno de los grandes triunfadores, le afeó
ese concepto, al señalar que “nada ni nadie puede ocultar el fracaso
electoral” del presidente.
Cuando Gutiérrez ganó la elección presidencial contaba con el
decisivo apoyo de los movimientos indígenas, a los que en su campaña
electoral ofreció el “oro y el moro” e, incluso, cargos públicos,
porque sin estos grupos “no se puede alcanzar ningún progreso del
país” e indicó que el gobierno que presidiría “iba a combatir a
fondo la corrupción”.
Teniendo en cuenta que la población indígena ecuatoriana,
dentro de los 12,2 millones de habitantes representa al 35 por ciento
(4.270.000 personas), Gutiérrez designó en su primer gabinete a
representantes de esos movimientos, entre ellos a la ministra de
Relaciones Exteriores, pero a los pocos meses surgieron los problemas y
le retiraron todo su apoyo, además de renunciar a sus cargos.
Desde entonces, la presidencia para Gutiérrez ha sido un
verdadero calvario e, incluso, se vio involucrado en un proceso
investigativo, tras una denuncia del diario “El Comercio” de haber
recibido apoyo económico del narcotráfico para acceder a la Jefatura
del Estado.
Aunque la acusación del influyente diario se realizó el 14 de
noviembre de 2003, una comisión del Congreso Nacional encargada de la
respectiva investigación concluyó el 12 de diciembre del mismo año
que no “hay pruebas” sobre el “uso de dinero negro en su
campaña”, pero sí se comprobó que el jefe mafioso César Fernández
tuvo vinculaciones con varios de sus más inmediatos colaboradores,
entre ellos el ministro de Turismo, Hernán Plaza, que se vio obligado a
dimitir.
A lo largo del ejercicio de este cargo, Gutiérrez ha debido
enfrentar diversas huelgas, entre ellas dos muy destacadas que
organizaron los movimientos indígenas. La primera se celebró entre los
días 16 y 17 de febrero pasado, y la segunda, de mayores consecuencias
internacionales, el 6 de junio cuando en Quito estaba reunida la XXXIV
Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA).
A pesar que el mandatario trata de “lanzar mensajes
triunfalistas”, en su propio partido existen muchas dudas sobre su
capacidad de maniobra para el futuro, y el dirigente Patricio Ortiz,
vocero del mismo reconoce, tras las elecciones del 18 de octubre, que el
PSP “quedará muy débil” porque es “un partido en agonía que se
encuentra en el umbral de la extinción”.
“Los pobres resultados que a duras penas alcanzaron al cinco
por ciento, únicamente permitirán al partido estar con respiración
artificial hasta las próximas elecciones de 2006”, dijo Ortiz quien,
al mismo tiempo consideró “necesario y urgente hacer rectificaciones
que deben ser tomadas del análisis profundo y el análisis objetivo de
la situación, porque en caso contrario, estoy convencido que en las
próximas elecciones seremos desaparecidos del espectro político”.
Además, parece ser que dentro del PSP existen amplias divisiones
internas, como lo demuestra el hecho que varios líderes del grupo no
fueron incluidos en las listas porque Gutiérrez
impuso las candidaturas de su cuñado Napoleón Villa y de su primo Renán
Borbúa, que según Ortiz, “obtuvieron una
votación vergonzosa” y sirvieron para “patentizar el fracaso”
electoral.
El problema actual para los movimientos indígenas es, como lo
declaró a la prensa Raúl Ilaquiche,
vicepresidente de la organización “Ecuarunari”,
que “Gutiérrez “ya no nos ofrece ninguna garantía ni seguridad”.
Ilaquiche aseguró que el presidente
“ha incumplido todas sus promesas y sólo ha pensado en enriquecer
más a los ricos porque no han existido programas de alto contenido
social, como lo prometió en su campaña electoral, para favorecer con
ellas a las clases más pobres y necesitadas y tampoco ha combatido la
corrupción”.
Los resultados electorales del 18 de octubre ratificaron los
sondeos que se han realizado en los últimos meses en Ecuador, en las
que más del 53 por ciento de los encuestados calificaron su gestión
como “muy mala” mientras que sólo el 2 por ciento la consideró
“muy buena”.
Tras conocer su amplia derrota, Gutiérrez anunció el mismo día
18 que “trabajará sin importar las banderas políticas”, pero Febres
Cordero le respondió que “un presidente ignorante y corrupto nada
puede hacer en beneficio de Ecuador”.
Otros líderes políticos de la oposición dijeron que
su “acción de gobierno será cada vez más nula” y que “ni
siquiera en su propio partido creen ya en él”, por lo que todos
pronosticaron un “oscuro panorama para nuestro país por la ineficacia
de un presidente que no sabe hacia donde va y no le ha dado un rumbo
adecuado al Gobierno para sacar a Ecuador de la pobreza (más del 60 por
ciento de la población está en esa situación) y del caos en que se
encuentra actualmente”. |