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Finlandia, un país del norte de Europa, con algo más de cinco
millones de habitantes, y Haití, un Estado de las Grandes Antillas, que
ocupa la parte occidental de la Isla La Española –en la otra se
encuentra República Dominicana- y que tiene una población de 9
millones, son los dos países con menor y mayor corrupción,
respectivamente, del mundo.
La organización “Transparencia Internacional” (TI) a través
de su presidente, Peter Eigen,
presentó el 19 de octubre de 2004 en Londres el Indice
de Percepción de la Corrupción (IPC) correspondiente al 2004, en donde
en Las Américas se destaca a Canadá como
el menos corrupto de la región, en la cual también aparecen incluidos
Ecuador y Venezuela, los dos principales productores de petróleo, con
señalamiento de estar entre “los países más corruptos”.
Para Eigen existe una “imperiosa
necesidad” de enfrentar la corrupción en la contratación pública
porque, señaló, los “gastos de los gobiernos en ese capítulo se
aproximan a los 4 billones de dólares anuales en el mundo y el dinero
que se pierde en sobornos es como mínimo de 400.000 millones”.
Los países están calificados del 0 (alto nivel de corrupción)
al 10 (alto nivel de honradez) en el Índice publicado y para Eigen
la lucha contra la corrupción “es un desafío tanto para los líderes
políticos como para una sociedad civil bien organizada”, porque cada
día se registran sonados casos de sobornos, aunque en muchas ocasiones
existen complicidades de los gobiernos para no darlos a conocer a la
opinión pública ni para que los investigue la justicia.
Tan importante como acabar con los corruptos es hacerlo con las
empresas que sobornan para conseguir contratos en sectores claves como
los de obras públicas, la construcción, la industria de armamentos,
las comunicaciones y otros, sostuvo Eigen.
Un total de doce organismos independientes realizaron 18
investigaciones y un análisis de expertos para conocer los grados de
corrupción y honradez de 146 países; Eigen
dijo que “se requiere un mínimo de tres investigaciones” para que
cada Estado pueda ser incluido en el IPC.
Otro país en donde el nivel de corrupción es bajo es el de
Nueva Zelanda, que aparece tras Finlandia, mientras Estados Unidos
figura en el décimo séptimo lugar y Costa Rica, que en las últimas
semanas ha tenido un amplio escándalo por el soborno de dos empresas
–una francesa y otra española- al entonces presidente Miguel Angel
Rodríguez, ocupa el puesto 41 en la lista general con una puntuación
de 4,9.
El escándalo surgió a nivel mundial dado que Rodríguez, que
gobernó Costa Rica entre 1998-2002, ocupaba desde el pasado 15 de
septiembre el cargo de Secretario General de la Organización de Estados
Americanos (OEA), al que se vio obligado a renunciar tras sólo 17 días
de gestión y al regresar a San José, el pasado 16 de octubre, fue
detenido y esposado dentro del propio avión que lo condujo desde
Washington.
Las empresas Alcatel, de Francia, y
la española Inabensa Abengoa,
fueron señaladas como las que sobornaron a Rodríguez cuando ejercía
el cargo de Presidente de Costa Rica, con 1,4 millones y 100.000
dólares al ser favorecidas con la adjudicación de contratos para
suministrar 400.000 líneas de telefonía celular
y para obras de electrificación subterránea, respectivamente.
Por estos delitos, Rodríguez se encuentra bajo arresto
domiciliario, y se le investiga por otros relacionados con unos pagos
que realizó el gobierno de Taiwán y otras empresas de este mismo país
asiático.
Los quince primeros países que tienen el menor nivel de
corrupción, según el IPC, son Finlandia (calificación de 9,7), Nueva
Zelanda (9,6), Dinamarca e Islandia (9,5), Singapur (9,3), Suecia (9,2),
Suiza (9,1), Noruega (8,9), Australia (8,8), Holanda (8,7), Reino Unido
(8,6), Canadá (8,5, y primero de Las Américas),
Austria, Luxemburgo (8,4), Alemania y Hong Kong
(8,2).
También están Bélgica, Irlanda y Estados Unidos (7,5), Chile
(7,4 en el puesto 20 y primero de América Latina y el Caribe), España
y Francia (posición 22 con 7,1) y en el puesto 28 Uruguay (7,1).
Dentro de los países suramericanos, la lista señala, tras Chile
y Uruguay, a Brasil (puesto 59 con calificación de 3,9), Colombia (60
con 3,8), Perú (67 con 3,5), Argentina (108 con 2,5), Ecuador (112 con
2,4), Venezuela (114 con 2,3), Bolivia (122 con 2,2) y Paraguay (140 con
1,9).
Cuba y Panamá comparten el puesto decimotercero de la lista de
Las Américas (y el 62 de la lista general)
con 3,7 puntos, mientras México es decimoquinto en la regional y 64 en
la general, con 3,6 puntos, en tanto que Costa Rica, dentro de la zona
centroamericana, es 41 de la lista general con 4,9 puntos seguida por El
Salvador (posición 51 con 4,2), Nicaragua (97 con 2,7), Honduras (114
con 2,3) y Guatemala (122 con 2,2 puntos).
En el último puesto en la lista general y en la regional figura
Haití, acompañada por la asiática Bangladesh
(145 con 1,5 puntos). Es decir, son los dos países más corruptos del
mundo según el IPC de “Transparencia Internacional”. República Dominicana,
en el Caribe, que ocupa la parte oriental de la Isla La Española –que
comparte con Haití- figura en el puesto 87 de la lista general y 18 de
Las Américas con una puntuación de 2,9.
Haití es, además, el país más pobre de América y actualmente
vive una de las más difíciles y penosas situaciones, porque el pasado
29 de febrero fue despojado del poder el presidente Jean-Bertrand
Aristide y en la última semana de mayo unas
lluvias torrenciales acompañadas por huracanes la castigaron sin
misericordia dejando no menos de 1.500 muertos, miles de heridos y
poblaciones totalmente destruidas.
La situación política es también uno de los graves problemas
que vive esa nación de habla francesa, y el nuevo Primer Ministro, Gérard
Latortue, está gobernando en medio de
numerosas dificultades, aunque tiene el apoyo de la Comunidad
Internacional.
El crudo Indice de Percepción de la
Corrupción que se ha hecho público vuelve a sacar a la luz pública
uno de los fenómenos más graves que está incidiendo en la misma
democracia, originando el desprestigio de las clases política y
empresarial y de la renuncia que se ha hecho a los valores éticos y
morales con los que deben desenvolverse las sociedades en el mundo. Aquel principio que durante tantos años rigió sobre la importancia que la honradez tenía como la gran carta de presentación para quienes asumían funciones de gobierno o de instituciones políticas y para los que desde la empresa privada contribuían al mejor desarrollo y crecimiento de los pueblos está siendo pisoteado, impunemente en la mayoría de los casos, y ahora solo se llega a las posiciones con el propósito de “hacerse millonario a costa del tesoro público”. Por eso los sobornos están a la “orden del día”, infortunadamente, en todo el mundo. |