ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



COLOMBIA: PROCESO PAZ CON TERRORISTAS CAUSARA IMPUNIDAD  

    El cada vez más vacilante e inseguro proceso de paz con el grupo terrorista Autodefensas Unidas de Colombia (Auc) puede “contribuir a la impunidad de graves crímenes” a juicio de la Comisión Internacional de Juristas (CIJ), que pidió el 18 de octubre de 2004 a la Unión Europea (UE) tener cuidado en su apoyo a un plan que podría “perpetuar la impunidad”.  

    La petición fue hecha a la UE aprovechando la reunión del Consejo de Ministros de la Comunidad sobre América Latina que, al parecer, va a tratar sobre el tema de la negociación colombiana con los terroristas de las Auc.  

    Tanto en Colombia como fuera de este país suramericano crecen cada vez más las voces contrarias a que el gobierno que preside Álvaro Uribe Vélez continúe, en aras de una discutida negociación, otorgando mayores facilidades a terroristas que han cometido crímenes espantosos, que han traficado con drogas y que están solicitados en extradición por la justicia y el gobierno estadounidenses.  

    El gobierno colombiano y el grupo terrorista comenzó el pasado primero de julio el nuevo proceso encaminado a lograr la desmovilización de los casi 18.000 miembros de las Auc para reinsertarlos a la vida civil, pero las negociaciones no han avanzado positivamente y, antes por el contrario, la banda armada ha cometido nuevos crímenes en diversas regiones, lo que ha causado la protesta del gobierno de Estados Unidos y la Organización de Naciones Unidas (ONU) porque existe un compromiso previo de alto el fuego.  

     Las Auc han contado con el beneplácito del gobierno para tener una “república independiente” de 368,790 kilómetros cuadrados en Santa Fe de Ralito, departamento de Córdoba, que se ha denominado “zona de ubicación” y sus principales jefes y negociadores son, además de terroristas, reconocidos narcotraficantes, que inexplicablemente Uribe no ha ordenado extraditar, a pesar de existir peticiones de Estados Unidos en tal sentido desde hace varios meses. Desde ese lugar siguen ordenando actos delictivos y nuevos crímenes y atentados.  

    La CIJ, en su comunicado, señala que “la oferta lanzada por el gobierno colombiano tanto a los grupos paramilitares (Auc) como a los rebeldes (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia –Farc) y Ejército de Liberación Nacional –Eln-), supone que a  cambio de su desmovilización pueden ser perdonados por, incluso, graves violaciones de los derechos humanos, tales como crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra”.  

    Esta Organización No Gubernamental (ONG) discrepó de la política que viene aplicando el gobierno de Uribe y a través de su Secretario General, Nicholas Hower, señaló que “la legislación internacional establece claramente que no puede haber amnistía ni perdón para tan graves crímenes contra los derechos humanos”.  

    En las negociaciones en las que por parte del gobierno participa personalmente el Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, se está dando un “trato preferente” a los terroristas, a los que, al parecer, el propio funcionario les prometió que Uribe iba a mantener “su facultad discrecional en materia de extradición”, lo que los “negociadores” de la banda armada y asesina consideraron “un gran triunfo para su causa”.  

    Aunque el gobierno, a través de un comunicado, matizó las afirmaciones del Alto Comisionado, indicando que “no negocia la extradición”, otro párrafo del mismo evidenció la contradicción, al indicar que quienes “quieran evitarla, deben demostrar a la Comunidad Internacional su buena fe y su propósito de enmienda”, y para disfrazar esa ambigua postura autorizó el pasado 28 de septiembre extraditar a Juan Carlos Sierra.  

    Este “narcoterrorista” venía formando parte de la Comisión Negociadora de las Auc para la paz y el gobierno de Uribe resolvió también “desconocerlo como interlocutor válido” para dicho proceso, aunque no se sabe si, como se ordenó a las Fuerzas Armadas, ya fue capturado y enviado a Estados Unidos.  

    De esa “cúpula” negociadora, que goza de plena libertad y todas las facultades para moverse por la “zona de ubicación” sin ser molestada, también forman parte, entre otros, Salvatore Mancuso, José Vicente Castaño –los dos máximos jefes-, Víctor Manuel Mejía Múnera (“El Mellizo”), Francisco Javier Zuluaga Lindo (“Gordo Lindo”  o “comandante Gabriel Galindo”) y Ramiro Vanoy Murillo (“Cuco”), también solicitados en extradición por Estados Unidos.  

    Además de “zona de ubicación”, Santa Fe de Ralito se ha convertido en “región de impunidad” porque a juicio de Estados Unidos, la ONU e, incluso el CIJ, el gobierno colombiano no ha debido aceptar como “negociadores” a tan reconocidos “narcoterroristas” que, además, están procesado por un delito contra la salud pública al ser los autores de la introducción de toneladas de cocaína a territorio estadounidense.  

    El CIJ y su Secretario General hicieron una urgente petición a la UE para que no se  comprometa con  ninguna ayuda financiera con el gobierno colombiano antes de asegurarse que “cualquier proceso de negociación con los grupos armados (terroristas) aporta la verdad, la justicia y la reparación, y no la impunidad”.  

    Igualmente Hower declaró que “debería ser impensable para la Unión Europea aprobar una cooperación con el gobierno colombiano que perpetuara la impunidad”, como sospecha el CIJ que sucederá para favorecer a las Auc, una banda que fue creada por ganaderos y hacendados en 1987 para que los defendiera de los atentados y asesinatos de las Farc y el Eln y que terminó convirtiéndose en otra agrupación “narcoterrorista”, al igual que a quienes pretendía combatir.  

    El 27 de agosto pasado, el Encuentro Internacional Voces por la Vida, que se realizó en Bogotá, al abordar el tema relacionado con la negociación entre el gobierno colombiano y los terroristas paramilitares que lideran Salvatore Mancuso y José Vicente Castaño, consideró que existe un “evidente peligro” para que los autores de grandes crímenes sean favorecidos por el presidente Uribe y “no paguen adecuadamente por todos los delitos cometidos”.  

    “La situación de Colombia es una herida abierta en la región”, fue una de las conclusiones de ese Encuentro que también consideró como “muy preocupante” la formalización de “un neoliberalismo armado que con apariencia democrática impone un Estado que arrasa conquistas sociales y las garantías individuales”.  

    De esta reunión, en donde participaron el brasileño Gustavo Codas, el británico David Raby, el canadiense Jim Hudgson, el italiano Giusto Catania y el uruguayo Armando Cuervo, entre otros,  surgió una clara advertencia acerca de la real posibilidad que se abra mayormente en Colombia una “crisis de derechos humanos por la realización de esa política de seguridad democrática” que está imponiendo el gobierno.  

    El hecho que surjan nuevos organismos, que se suman a otros gobiernos y entidades, que reclaman un cambio de actitud  para evitar que la impunidad continúe reinando en Colombia, demuestra que Uribe y su gobierno continúan equivocándose, aunque no quieran admitirlo, y que el proceso de paz con los terroristas de las Auc “no está bien encaminado”.  

    Tanto Uribe como el vicepresidente, Francisco Santos, el Alto Comisionado y los principales ministros, cada vez que surge alguna voz discrepante con el proceso la tachan de “enemiga de Colombia”, al igual que le sucede a millones de colombianos que piden el “merecido castigo” para un grupo terrorista que con sus asesinatos, narcotráfico, secuestros y atentados contra infraestructuras ha contribuido para que este país suramericano sea considerado uno de los más violentos del mundo.  

    A pesar que Uribe ha sido en varias ocasiones vinculado por un “posible apoyo” a la banda paramilitar, incluso por parte de la ONU, desde que ejercía el cargo de Gobernador del departamento de Antioquia, sus actuaciones como presidente colombiano no parecen estar acordes con un desmentido a esa colaboración porque, por el contrario, le está favoreciendo al persistir con visible tozudez a un inexistente proceso de paz y a incumplir compromisos internacionales.  

    Con esa actitud, Uribe y su gobierno están contribuyendo a elevar a la máxima potencia la impunidad en Colombia, a crear un amplio malestar dentro de la Comunidad internacional respecto al país suramericano y a incumplir la propia Constitución que autoriza la extradición de sus nacionales cuando han sido sometidos y condenados por decisiones judiciales en el extranjero.  

    Calificar como un “enemigo de Colombia” a todo el que discrepa del gobierno y de su forma de actuar en este campo es una muestra de la inseguridad con la que Uribe, Santos y su gabinete se desenvuelven en su función gubernamental. Con ello se está favoreciendo impunemente a las bandas terroristas y la paz sigue muy alejada del país, porque la realidad es otra.

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