ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



COLOMBIA: “EGOURIBISMO” QUIERE ELIMINAR OPOSITORES  

    La egolatría que domina al presidente colombiano, Álvaro Uribe Vélez, con el respaldo de varios de sus obsecuentes funcionarios y legisladores, sigue sembrando de “peligrosas minas” el camino hacia sus rivales políticos, a quienes desea eliminar de la legítima aspiración de presentarse como candidatos a las elecciones presidenciales de 2006.  

    La Comisión Primera de la Cámara de Representantes, dominada por “uribistas”, algunos disidentes liberales y del grupo conservador, a los cuales el gobierno ha “comprado” con auxilios económicos especiales o el nombramiento de familiares en cargos diplomáticos, resolvió el 13 de octubre de 2004 eliminar del proyecto de reelección presidencial la presentación de candidatos que ostenten el cargo de Gobernadores departamentales o de Alcalde de Bogotá, salvo que renuncien previamente a ellos.  

    De esta forma, permiten a Uribe ejercer como presidente y “engrasar su maquinaria electoral” sin ningún problema, y en cambio a sus posibles rivales, entre quienes se encuentra Luis Garzón, alcalde izquierdista de Bogotá, se les impide seguir en sus cargos.  

    La incompatibilidad, a juicio de los congresistas leales al “egouribismo”, que ha patentado el ególatra presidente a base de triquiñuelas, sólo tiene que afectar a quienes se atrevan a discutirle a Uribe en las urnas su peligrosa tendencia a “continuar mandando a como de lugar”.  

    El Senado, en su sesión plenaria, había suprimido en el sexto debate, de los ocho que requiere la reforma constitucional, esa inhabilidad, pero los  “ponentes” del proyecto en la Cámara de Representantes, William Vélez, Roberto Camacho, José Luis Flórez, Jorge Caballero y Eduardo Enríquez,  la volvieron a implantar con “un descarado propósito de favorecer al presidente y siguiendo órdenes directas de Uribe”, según denunciaron congresistas de la oposición.  

    Uribe, que hace dos años fue el candidato por el “Movimiento Primero Colombia”, ganó las elecciones presidenciales el 26 de mayo de 2002, para un periodo de cuatro años, con un total de 5.829.958 votos, el 53,04 por ciento, superando al aspirante del Partido Liberal, Horacio Serpa Uribe, que contabilizó 3.486.384 sufragios, equivalentes al 31,72 por ciento.  

    Esa amplia victoria evitó la realización de una segunda vuelta, al haber obtenido Uribe más de la mitad más uno de los votos requeridos, y el 7 de agosto de ese año asumió el poder, en reemplazo del conservador Andrés Pastrana Arango, -que ostenta la marca de votos a favor, pues en mayo de 1998 obtuvo 6.114.752-. El candidato triunfante Álvaro Uribe encabezó una disidencia al Partido Liberal, del que había sido Congresista y Gobernador de Antioquia, además de ocupar otros cargos públicos bajo la bandera de ese movimiento político.  

    Los ponentes de la implantación de la inhabilitación dijeron que habían adoptado tal actitud sobre la base del inciso 8 del artículo 179 de la Carta Magna que indica que “nadie podrá ser elegido para más de una Corporación o cargo público, ni para una Corporación y un cargo, si los respectivos periodos coinciden en el tiempo, así sea parcialmente”.  

    Ese criterio, tan ajustado a la Constitución, sería totalmente válido si también se aplicase también a Uribe. Pero el mandatario queda con “manos libres”, para desde su cargo, “promover otras medidas que le favorezcan, seguir comprando conciencias y facilitar un copioso fraude en las elecciones de mayo de 2006”, como denunciaron miembros del Partido Liberal y del Polo Democrático, el grupo que lidera Garzón, y quien hace dos años obtuvo 679.201 votos, mientras la actual embajadora en España, Noemí Sanín de Rubio, quedó cuarta con 639.585.  

    Para el representante “uribista” William Vélez, uno de los ponentes y “leal incondicional” por razones económicas y de parentesco, la medida, calificada como “arbitraria”, incluso por medios de comunicación,  solo busca “impedir que los cargos de elección sirvan como trampolín para que puedan aspirar a otros cargos. Estamos siendo coherentes con lo que se ha dicho en anteriores debates”.  

    ¿Y es que acaso, Uribe Vélez no es un cargo de elección?, se pregunta la oposición. Que se sepa, cuando ganó las elecciones en 2002, no promovía los actos corruptos de los que ha sido ahora acusado para lograr la reforma de la Constitución en su propio beneficio personal.  

    Otro de los “beneficiados” con las “propinas” de Uribe, el representante conservador Roberto Camacho, afirmó que “si no se introdujo la reelección inmediata de alcaldes y gobernadores para sus propios cargos –en los cinco primeros debates-, ¿cómo puede entenderse que ahora puedan ser candidatos a la Presidencia de la República?”. Peregrina y pobre defensa del acto de imposición, porque el primero en estar inhabilitado es Uribe.  

    Aunque también se presentó el 14 de octubre una ponencia negativa respaldada por el conservador Telésforo Pedraza y los liberales Yaneth Restrepo y Carlos Arturo Piedrahita para que el proyecto fuese archivado, la mayoría corrupta de la Comisión de la Cámara de Representantes la rechazó.  

    El deseo de “limpiar de rivales” el camino hacia la presidencia es tan evidente, que el representante liberal Jorge Homero Giraldo declaró a la prensa que “todo el que el presidente Uribe considere que es enemigo de él en la reelección, va a buscar la forma de sacarlo, bien sea a través de un acto constitucional o si no como trató de hacer con Antonio Navarro y el escándalo con el M-19”.  

    Hace tres semanas, Uribe realizó críticas al único proceso de paz que ha sido exitoso en Colombia: la entrega de armas y la incorporación a la vida civil del Movimiento 19 de Abril (M-19) en los años 80-90, señalando que había traficado con drogas y acusando a su líder, el actual senador Antonio Navarro –que también fue ministro de Salud-, de ser uno de los beneficiados con esa acción delictiva.  

    Navarro, es ahora uno de los aspirantes a la presidencia y por eso, es un “enemigo” para Uribe, al que hay que “minarle el camino”, según sus instrucciones a legisladores,  funcionarios y fuerzas de seguridad del Estado. En caso de no presentarse, Navarro dará su apoyo político a Luis Garzón.  

    Pero en Colombia la gente se pregunta: ¿Por qué Uribe se muestra tan preocupado con el M-19 y en cambio a sus `amigos` del grupo terrorista Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), que están hasta el cuello comprometidos con actos criminales y el tráfico de drogas y muchos de sus dirigentes han sido solicitados en extradición por la justicia y el gobierno estadounidenses, los defiende y nos los entrega?  

   El pasado 8 de octubre una encuesta de opinión encargada por el influyente diario liberal “El Tiempo” a la firma Gallup demostró que la popularidad de Uribe sigue descendiendo y del 77 por ciento que tenía en agosto, al cumplir su segundo año de gobierno, bajó al 67 en septiembre. La pérdida en 30 días de respaldo público en proporción de diez puntos se debe, principalmente, al incumplimiento de sus promesas electorales y a su empecinamiento por ser reelegido.  

    Además de no haber acabado con los tres grupos terroristas que operan en el país y no detener a ninguno de sus jefes, pues el único que está en la cárcel, Ricardo Palmera Pineda (alias Simón Trinidad), de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc), fue capturado por la policía de Ecuador en diciembre pasado en Quito, y de incumplir con el envío de dirigentes narcoterroristas a Estados Unidos, Uribe incumplió uno de los principales: acabar con la corrupción, especialmente dentro del órgano legislativo (Cámara de Representantes y Senado), al que ahora ha primado increíblemente.  

    Fuera de ello, para que el Congreso le apruebe su reelección inmediata, ha utilizado una “amplia corrupción”, como lo ha denunciado la oposición, y la situación económica y social cada vez está peor, pues la pobreza en Colombia sobrepasa el 60 por ciento de sus 44 millones de habitantes, otro 30 por ciento se encuentra en la miseria y el paro (desempleo) supera el 13 por ciento de la población laboralmente activa.  

    En un país en donde millones de sus compatriotas solo pueden llevarse al estómago una comida, y no todos los días, el gobierno de Uribe pretende también gravar los alimentos con un 17 por ciento del Impuesto de Valor Añadido (IVA), para así contribuir mucho más a la desnutrición de la población. Además durante su gobierno se han cerrado no menos de 80 hospitales y centros sanitarios en todo el país, desprotegiendo así el sector de la salud.  

    Todo eso ha contribuido a quitarle popularidad. Pero a él y los corruptos que propugnan y votan favorablemente la reelección no les interesa empobrecer el país y ocasionar más sufrimiento a sus gentes porque lo único válido es conseguir, a cualquier precio, que pueda perpetuarse en el poder.  

    Por eso, un mandatario ególatra, donde los haya, quiere que todo gire en función del “egouribismo”. Por tal razón, como declaró el representante liberal Carlos Arturo Piedrahita, “la ponencia (que se encuentra para su aprobación definitiva en la Cámara de Representantes) está orientada bajo las directrices señaladas desde el Gobierno Nacional. La reelección, como está planteada, no admite sino una sola vía y es la reelección del presidente Uribe”.

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