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El gobierno de Estados Unidos mantiene una ilusa pretensión
sobre el presunto deseo de Israel de dar cumplimiento a la “Hoja de
Ruta”, que busca alcanzar la paz con los palestinos en la sufrida y
sangrienta región del Medio Oriente y la cual, desde que fue entregada
a los dos gobiernos el 30 de abril de 2003, no ha tenido cumplimiento en
ninguna de sus tres fases.
Ese Plan de Paz, promovido conjuntamente por Estados Unidos,
Rusia, la Comunidad Europea y la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), buscaba la paz con el cumplimiento de tres etapas, la primera de
las cuales debía estar ejecutada el 31 de diciembre del año pasado y
concluía con la tercera, en 2005, donde estaría constituido el Estado
Palestino y fijadas las respectivas fronteras.
El pasado 7 de octubre de 2004, Estados Unidos dijo tener
confianza “en que Israel mantenga su compromiso con el proceso de
paz”, y por intermedio del Secretario de Estado, Colin
Powell, que ofreció en Washington
una rueda de prensa, el “primer ministro israelí, Ariel Sharon,
cumplirá con su compromiso de retirarse militarmente de los
asentamientos en la franja de Gaza”, en
donde el gobierno hebreo realiza desde el 29 de septiembre una operación
bélica que ha dejado numerosos muertos y heridos palestinos.
Powell
quiso “destacar el compromiso” de Sharon
para dar cumplimiento a los requisitos consagrados en la “Hoja de
Ruta”, y expresó que desde abril pasado se comprometió a tomar
medidas que correspondan con esa iniciativa diplomática para pacificar
la zona, contando con la necesaria colaboración, para ello, de los
palestinos.
Dijo el funcionario estadounidense que “ese es el punto de
vista del gobierno israelí, tal como lo ha expresado el primer ministro
y él es, por supuesto, la persona a la cual escuchamos y prestamos
atención”.
Israel, a través de un comunicado emitido el 6 de octubre,
expresó que “el Primer Ministro apoya la `Hoja de Ruta`, que es el único
plan que facilitará el progreso hacia un arreglo político duradero”,
para desmentir a Dov Weisglass,
principal asesor de Sharon,
quien había declarado el día anterior al diario israelí “Haaretz”
que “el objetivo de evacuación de Gaza es
acabar con la Hoja de Ruta y congelar cualquier avance hacia la creación
de un Estado palestino”.
Si bien el gobierno norteamericano tiene claro ese concepto
respecto a la disposición israelí para buscar la paz a través de
dicha “Hoja de Ruta”, el mundo árabe, lanza en ristre, acusó a
Estados Unidos, por su posición pro-israelí en los debates de la
Organización de Naciones Unidas (ONU), en donde vetó una resolución
contra su país aliado, de concederle “una licencia para matar”.
La resolución que Estados Unidos vetó en la reunión del
Consejo de Seguridad de la ONU el pasado 5 de octubre, condenaba la
ofensiva militar de Israel, identificada como “Días de Penitencia”
contra el campo de refugiados de Yabalia, al
norte de Gaza y que según datos palestino
ha dejado no menos de 92 muertos y decenas de heridos e
instaba a palestinos e israelíes a cumplir el plan de paz para Oriente
Medio.
Aunque Estados Unidos vetó la resolución, que recibió el
voto a favor de 11 países, otros tres –Alemania, Reino Unido y
Rumania- se abstuvieron, lo que significa que en el fondo tampoco
estaban de acuerdo con su texto. Sorprende, de manera especial, que
los alemanes, que a través de su actual gobierno se han declarado
enemigos de Estados Unidos, mantuviesen esa
actitud.
El embajador estadounidense ante la ONU, John
Danforth, encontró justificado el veto de
su gobierno y acusó al resto del mundo de “conspirar contra Israel
mientras hay un insidioso silencio sobre terrorismo”. Según este
funcionario diplomático, todos acusan al régimen hebreo pero nadie
critica la actuación de los grupos terroristas palestinos amparados por
el gobierno que preside Arafat y que matan
también a decenas de israelíes.
“Las acciones terroristas, que forman parte de la política
desarrollada por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) bajo la mirada
complaciente del presidente, Yaser Arafat,
son las que se han convertido en el principal obstáculo para la paz”,
sostiene Estados Unidos que, incluso, ya no considera al “rais”
como “interlocutor válido” para participar en las negociaciones
pacificadoras.
Arafat, precisamente, pidió el
pasado 2 de octubre al Consejo de Seguridad una condena contra Israel,
al igual que lo hace la mayoría del mundo árabe que, sin embargo, no
le solicita al mandatario palestino que ordene detener las acciones
terroristas y que busque desintegrar los tres grupos que tienen como única
misión realizar esas criminales acciones.
La Yihad Islámica, las Brigadas de
los Mártires de Al Aqsa –brazo armado de
Al Fatah, el partido que preside Arafat-,
e Izedin Al Qasam,
la milicia del Movimiento
de Resistencia Islámica (Hamás), son las
encargadas de efectuar los actos terroristas, y esa acción tampoco
contribuye a reforzar la búsqueda de la paz, máxime cuando saben que
Israel no desaprovecha ninguna oportunidad para responder con amplia
consistencia bélica a todas ellas.
Desde principios de este año, Sharon
propuso realizar un “plan de desconexión” para evacuar totalmente,
y de forma unilateral, las 21 colonias de la Franja
de Gaza y cuatro asentamientos judíos al
norte de Cisjordania, lo que ha originado una amplia polémica dentro de
su propio partido político, el Likud, que
lo ha tachado de “traidor”, pero el primer ministro declaró que a
pesar de ello, seguirá adelante con su plan.
Lo que pasa es que los continuos enfrentamientos ante la
violencia terrorista palestino han obligado a Sharon
a “retrasar sus planes”, según un portavoz del Departamento
norteamericano de Estado para el cual, la actual situación conflictiva
en Gaza, se debe “exclusivamente al
gobierno palestino que sigue apoyando a sus tres grupos terroristas y a
los suicidas en los atentados contra las fuerzas de seguridad y civiles
israelíes”. Precisamente
esa ofensiva del ejército judío que trató el Consejo de Seguridad de
la ONU se originó porque cuatro terroristas suicidas palestinos fueron
descubiertos y dados de baja cuando se disponían a cometer atentados
contra israelíes. Las acciones frustradas
por el ejército hebreo, fueron respaldadas por Al Aqsa
y Hamás, a través de comunicados y
declaraciones de varios de sus dirigentes.
Las protestas de gobiernos y medios de comunicación árabes,
muchos de ellos –ejecutivos y medios de comunicación- comprometidos
con la violencia, por lo que no tienen autoridad moral para criticar, no
recordaron, sin embargo, que Israel no ha cumplido nunca con las
Resoluciones de la ONU.
Ello tiene dos lecturas: El régimen hebreo (sea socialista o
conservador) cuenta con un sólido apoyo de Estados Unidos por lo cual
la da lo mismo que aprueben o dejen de aprobar resoluciones en su
contra, o la ONU es cada vez un organismo más débil e incapaz de
imponer sus tesis para que se busque la paz y por eso necesita ser
reestructurada urgentemente. Actualmente, en manos del ghanés Kofi
Annan, es un organismo improductivo y burocrático
que, además, ha sido acusado por Israel de ayudar a terroristas
palestinos.
Oriente Medio requiere, con suma urgencia, tener una paz
duradera, pero los caminos para alcanzarla están totalmente
equivocados, porque la violencia no ha sido nunca el arma adecuada. Es lógico
que Palestina tenga un Estado, porque la historia no puede seguir negándoselo
e Israel debe admitirlo, pero requiere tener garantizado que sus vecinos
no seguirán usando el terrorismo. Si el mundo quiere que Israel cese sus acciones militares, deberá exigir también a los palestinos que no sigan cometiendo atentados ni utilizando el terrorismo como “deporte nacional”. Cuando unos y otros se convenzan que es urgente que convivan pacífica y amistosamente, entonces se alcanzará la paz. Pero el tiempo pasa y nadie hace nada por lograrla. |