ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



ORIENTE MEDIO: ILUSA PRETENSION ESTADOUNIDENSE SOBRE PAZ  

    El gobierno de Estados Unidos mantiene una ilusa pretensión sobre el presunto deseo de Israel de dar cumplimiento a la “Hoja de Ruta”, que busca alcanzar la paz con los palestinos en la sufrida y sangrienta región del Medio Oriente y la cual, desde que fue entregada a los dos gobiernos el 30 de abril de 2003, no ha tenido cumplimiento en ninguna de sus tres fases.  

    Ese Plan de Paz, promovido conjuntamente por Estados Unidos, Rusia, la Comunidad Europea y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), buscaba la paz con el cumplimiento de tres etapas, la primera de las cuales debía estar ejecutada el 31 de diciembre del año pasado y concluía con la tercera, en 2005, donde estaría constituido el Estado Palestino y fijadas las respectivas fronteras.  

    El pasado 7 de octubre de 2004, Estados Unidos dijo tener confianza “en que Israel mantenga su compromiso con el proceso de paz”, y por intermedio del Secretario de Estado, Colin Powell, que ofreció en Washington una rueda de prensa, el “primer ministro israelí, Ariel Sharon, cumplirá con su compromiso de retirarse militarmente de los asentamientos en la franja de Gaza”, en donde el gobierno hebreo realiza desde el 29 de septiembre una operación bélica que ha dejado numerosos muertos y heridos palestinos.  

    Powell  quiso “destacar el compromiso” de Sharon para dar cumplimiento a los requisitos consagrados en la “Hoja de Ruta”, y expresó que desde abril pasado se comprometió a tomar medidas que correspondan con esa iniciativa diplomática para pacificar la zona, contando con la necesaria colaboración, para ello, de los palestinos.  

    Dijo el funcionario estadounidense que “ese es el punto de vista del gobierno israelí, tal como lo ha expresado el primer ministro y él es, por supuesto, la persona a la cual escuchamos y prestamos atención”.  

    Israel, a través de un comunicado emitido el 6 de octubre, expresó que “el Primer Ministro apoya la `Hoja de Ruta`, que es el único plan que facilitará el progreso hacia un arreglo político duradero”, para desmentir a Dov Weisglass,  principal asesor de Sharon, quien había declarado el día anterior al diario israelí “Haaretz” que “el objetivo de evacuación de Gaza es acabar con la Hoja de Ruta y congelar cualquier avance hacia la creación de un Estado palestino”.  

    Si bien el gobierno norteamericano tiene claro ese concepto respecto a la disposición israelí para buscar la paz a través de dicha “Hoja de Ruta”, el mundo árabe, lanza en ristre, acusó a Estados Unidos, por su posición pro-israelí en los debates de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en donde vetó una resolución contra su país aliado, de concederle “una licencia para matar”.  

    La resolución que Estados Unidos vetó en la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU el pasado 5 de octubre, condenaba la ofensiva militar de Israel, identificada como “Días de Penitencia” contra el campo de refugiados de Yabalia, al norte de Gaza y que según datos palestino ha dejado no menos de 92 muertos y decenas de heridos  e instaba a palestinos e israelíes a cumplir el plan de paz para Oriente Medio.  

    Aunque Estados Unidos vetó la resolución, que recibió el voto a favor de 11 países, otros tres –Alemania, Reino Unido y Rumania- se abstuvieron, lo que significa que en el fondo tampoco estaban de acuerdo con su texto. Sorprende, de manera especial,  que los alemanes, que a través de su actual gobierno se han declarado enemigos de Estados Unidos, mantuviesen  esa actitud.  

    El embajador estadounidense ante la ONU, John Danforth, encontró justificado el veto de su gobierno y acusó al resto del mundo de “conspirar contra Israel mientras hay un insidioso silencio sobre terrorismo”. Según este funcionario diplomático, todos acusan al régimen hebreo pero nadie critica la actuación de los grupos terroristas palestinos amparados por el gobierno que preside Arafat y que matan también a decenas de israelíes.  

    “Las acciones terroristas, que forman parte de la política desarrollada por la Autoridad Nacional Palestina (ANP) bajo la mirada complaciente del presidente, Yaser Arafat, son las que se han convertido en el principal obstáculo para la paz”, sostiene Estados Unidos que, incluso, ya no considera al “rais” como “interlocutor válido” para participar en las negociaciones pacificadoras.  

    Arafat, precisamente, pidió el pasado 2 de octubre al Consejo de Seguridad una condena contra Israel, al igual que lo hace la mayoría del mundo árabe que, sin embargo, no le solicita al mandatario palestino que ordene detener las acciones terroristas y que busque desintegrar los tres grupos que tienen como única misión realizar esas criminales acciones.  

    La Yihad Islámica, las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa –brazo armado de Al Fatah, el partido que preside Arafat-, e Izedin Al Qasam, la  milicia del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), son las encargadas de efectuar los actos terroristas, y esa acción tampoco contribuye a reforzar la búsqueda de la paz, máxime cuando saben que Israel no desaprovecha ninguna oportunidad para responder con amplia consistencia bélica a todas ellas.  

    Desde principios de este año, Sharon propuso realizar un “plan de desconexión” para evacuar totalmente, y de forma unilateral, las 21 colonias de la  Franja de Gaza y cuatro asentamientos judíos al norte de Cisjordania, lo que ha originado una amplia polémica dentro de su propio partido político, el Likud, que lo ha tachado de “traidor”, pero el primer ministro declaró que a pesar de ello, seguirá adelante con su plan.  

    Lo que pasa es que los continuos enfrentamientos ante la violencia terrorista palestino han obligado a Sharon a “retrasar sus planes”, según un portavoz del Departamento norteamericano de Estado para el cual, la actual situación conflictiva en Gaza, se debe “exclusivamente al gobierno palestino que sigue apoyando a sus tres grupos terroristas y a los suicidas en los atentados contra las fuerzas de seguridad y civiles israelíes”.  

    Precisamente esa ofensiva del ejército judío que trató el Consejo de Seguridad de la ONU se originó porque cuatro terroristas suicidas palestinos fueron descubiertos y dados de baja cuando se disponían a cometer atentados contra israelíes. Las acciones   frustradas por el ejército hebreo, fueron respaldadas por Al Aqsa y Hamás, a través de comunicados y declaraciones de varios de sus dirigentes.  

    Las protestas de gobiernos y medios de comunicación árabes, muchos de ellos –ejecutivos y medios de comunicación- comprometidos con la violencia, por lo que no tienen autoridad moral para criticar, no recordaron, sin embargo, que Israel no ha cumplido nunca con las Resoluciones de la ONU.  

    Ello tiene dos lecturas: El régimen hebreo (sea socialista o conservador) cuenta con un sólido apoyo de Estados Unidos por lo cual la da lo mismo que aprueben o dejen de aprobar resoluciones en su contra, o la ONU es cada vez un organismo más débil e incapaz de imponer sus tesis para que se busque la paz y por eso necesita ser reestructurada urgentemente. Actualmente, en manos del ghanés Kofi Annan, es un organismo improductivo y burocrático que, además, ha sido acusado por Israel de ayudar a terroristas palestinos.  

    Oriente Medio requiere, con suma urgencia, tener una paz duradera, pero los caminos para alcanzarla están totalmente equivocados, porque la violencia no ha sido nunca el arma adecuada. Es lógico que Palestina tenga un Estado, porque la historia no puede seguir negándoselo e Israel debe admitirlo, pero requiere tener garantizado que sus vecinos no seguirán usando el terrorismo.  

    Si el mundo quiere que Israel cese sus acciones militares,  deberá exigir también a los palestinos que no sigan cometiendo atentados ni utilizando el terrorismo como “deporte nacional”. Cuando unos y otros se convenzan que es urgente que convivan pacífica y amistosamente, entonces se alcanzará la paz. Pero el tiempo pasa y nadie hace nada por lograrla.

Portada - Indice