ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



OEA: LA CORRUPCION ACABO CON SECRETARIO GENERAL  

    El ex presidente costarricense Miguel Angel Rodríguez se convirtió en el más efímero Secretario General que ha tenido en toda su historia la Organización de Estados Americanos (OEA) al dimitir un mes después de haber accedido al cargo por estar acusado en su país de corrupción, a través de una carta enviada al presidente del Consejo, el 8 de octubre de 2004.  

    La OEA fue constituida oficialmente por la “Carta de Bogotá”, que aprobó el 30 de abril de 1948 la IX Conferencia Interamericana celebrada en la capital colombiana, pero tenía antecedentes desde el Congreso Anfictiónico de Panamá en 1826  realizado a instancias del Libertador Simón Bolívar, y con las diversas Conferencias Interamericanas que se reunían a partir de 1889. Nunca, desde entonces, había sufrido la humillación de contar con un Secretario General corrupto.  

    Con ocasión de la IX Conferencia Interamericana de Bogotá, surgió un nombre propio: el de Fidel Castro, actual presidente de Cuba, que se graduó de abogado en el Externado de Colombia, y que tras participar en los sangrientos sucesos del 9 de abril de 1948 cuando fue asesinado el líder del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán, con el propósito de asestar un golpe a ese evento y buscar la caída de entonces presidente colombiano, Mariano Ospina Pérez, del Partido Conservador, huyó del país, dejando la ciudad con incendios, edificios destruidos y saqueos a centros alimenticios y cadenas de electrodomésticos.  

    Castro había regresado a Colombia para organizar un boicot contra la Conferencia en compañía de sujetos radicales colombianos y cubanos y su actitud sirvió para que se registrase el ya tristemente famoso “bogotazo”, que dejó una ciudad ardiendo y semidestruida. Su comportamiento terrorista fue el preludio de lo que luego ocurrió en Cuba, cuyo país fue expulsado de la OEA en 1962 por sus métodos dictatoriales en el gobierno de la isla, que asumió tras un golpe contra el entonces presidente Fulgencio Batista.  

    En su carta de renuncia al presidente del Consejo Permanente, Aristides Royo, ex presidente panameño,  Rodríguez afirmó que “con humildad, dolor y angustia pido a ustedes y a sus países perdón por hacerles pasar por este difícil trance y espero que mi decisión contribuya a que la Organización pueda enfocar toda su atención a las altas tareas que le han sido encomendadas”.  

    La dimisión de Rodríguez, a partir del 15 de octubre –asumió el cargo el 15 de septiembre- fue originada por acusaciones de corrupción cuando desempeñaba la presidencia de su país, especialmente por haber aceptado el 60 por ciento de un soborno de 2.4 millones de dólares que entregó la firma francesa Alcatel por haber recibido la adjudicación de 400.000 líneas para teléfonos móviles en el año 2001 por un gran total de 149 millones de dólares.  

    Su otro “compinche”, el entonces director del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) José Antonio Lobo, fue “comprado” por la empresa “gala” con el 40 por ciento restante. Para disimular la fraudulenta operación, y en connivencia con la empresa francesa que  había realizado esa práctica indecorosa y corrupta,  el soborno se ingresó en la cuenta bancaria de Jean Sue Philp Gallud, esposa de Lobo, y desde la cual se fueron trasladando los 1.4 millones de dólares a la de Rodríguez.  

    Como toda persona corrupta, Rodríguez cayó pronto en evidencia, cuando tras asumir su cargo en la OEA, llamó a Lobo el 17 de septiembre pasado desde Washington para decirle que había que justificar el soborno y que debía declarar ante la justicia que era producto de un préstamo que ese funcionario le había hecho destinado a los gastos de “su campaña para llegar a la Secretaría General de la Organización”.  

    Los actos delictivos de quien rigió los destinos de Costa Rica entre 1998 y 2002 se conocieron el pasado 30 de septiembre gracias a un periodismo de investigación realizado por el diario “La Nación”, que publicó la grave acción de Alcatel y la mucho más grave cometida por Rodríguez y Lobo, al aceptar el soborno.  

    El Fiscal General costarricense, Francisco Dall`Anesse, ha sido el encargado de llevar adelante la investigación y, al parecer, Rodríguez está comprometido en otro soborno, esta vez a cargo de la empresa española Abengoa, que le entregó 200.000 dólares por aprobarle un proyecto de electrificación subterránea, de acuerdo con otra denuncia periodística del canal de televisión Repretel, conocida el 8 e octubre.  

    Dall`Anesse confirmó que aunque la investigación está en “completa reserva”, la declaración que hizo Lobo a cuatro fiscales y que fue publicada por La Nacion, “es cierta”, y que existen elementos probatorios para enjuiciar al ex mandatario.  

    Lobo dijo a la justicia de su país que “Alcatel ganó una licitación, me contactaron para decirme que tenía un premio. Yo lo consulté con don Miguel Angel Rodríguez y le pregunté qué debía hacer. Me dijo que aceptara y que fuéramos en una relación del 60 por ciento para él y el 40 por ciento para mí”.  

    En unas declaraciones al periódico “El Día”, Rodríguez desde la sede de la OEA, afirmó el 4 de octubre que “no tengo nada de qué arrepentirme” y señaló que “no pienso renunciar” a la Secretaría General.  

    No obstante, las presiones que ha recibido para que dimita por estar comprometido en actos de corrupción le obligaron a variar su posición. Primero fue el propio presidente costarricense, Abel Pacheco, quien le solicitó que se “separe enseguida de la Secretaría y regrese al país a enfrentar las responsabilidades que le corresponden” y luego fue el presidente de Argentina, Néstor Kirchner, quien lo hizo al dar instrucciones al embajador en la OEA para que la solicitase oficialmente.  

    Además existía un amplio malestar en la gran mayoría de las 34 naciones miembros de la entidad por la actitud de Rodríguez y la más que segura veracidad de las acusaciones que pesan contra él. Igualmente dentro del Consejo Permanente no había ya una actitud de confianza hacia Rodríguez, máxime cuando el presidente y el Congreso de su propio país le pedían que renunciase y su Partido Político de Unidad Social Cristiana (PUSC) lo apartó de sus filas  

    En su carta de dimisión, Rodríguez dice que “defenderé y aclararé los hechos ante las autoridades judiciales costarricenses” y señaló que no quiere someter a la OEA “al costo de una cruel y larga persecución de su Secretario General no sólo en estrados judiciales sino también en los medios, del mismo modo que no quiero hacer sufrir a mi amada familia el costo de la defensa a distancia”. Lo que no precisó es cuando se dispone a regresar a su país y si piensa realizar su defensa desde fuera de él.  

     También hizo un esbozo de los planes de trabajo proyectados para “afrontar con eficiencia y eficacia esa responsabilidad”, entre los que se encontraban la reestructuración de la Secretaría General; resolver la difícil situación presupuestaria del organismo; consolidar la protección de los derechos humanos, la democracia y la gobernabilidad; acelerar el crecimiento compartido y la disminución de la pobreza; asegurar la paz, y consolidar la nueva visión de la seguridad hemisférica.  

    La justicia costarricense espera que tras su decisión de renunciar, Rodríguez regrese al país para responder y defenderse de los cargos y aunque siempre toda persona tiene el máximo derecho a la presunción de inocencia, los escándalos de soborno parecen “tener mucha consistencia”. Además, Lobo está dispuesto a colaborar totalmente, entre otras razones, para lograr no ser castigado con el máximo de severidad y “tener una rebaja de pena”.  

    Este nuevo caso pone de presente la falta de escrúpulos de las empresas multinacionales y de sus directivos, que recurren a la corrupción sin importarles nada y aprovechando que encuentran “caminos fértiles” para realizarlas en funcionarios inmorales, que fácilmente se dejan comprar.  

    Un tema tan delicado, sin duda, merece ser analizado serena, pero firmemente, y los gobiernos y los Congresos legislativos deben, en aras de la honradez y la pulcritud, adoptar eficaces medidas para combatir la corrupción y castigar severamente a los culpables: los que los utilizan para comprar favores y quienes los reciben por hacerlos.  

    En este caso me surge una pregunta que debía tener su adecuada respuesta en leyes más severas: ¿Quién es más culpable: el que peca por la paga o el que paga por pecar?, porque Alcatel también debe ser, igualmente, responsable y castigada por su indecorosa actitud y la inmoralidad de sus directivos.

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