ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



COLOMBIA: AUTORIZAN EXTRADITAR NARCOTERRORISTA NEGOCIADOR

El gobierno autorizó el pasado 28 de septiembre de 2004 la extradición de uno de los jefes de la banda terrorista Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), que participaba en el cada vez más debilitado “diálogo de paz”, y que se encontraba en la zona de Santa Fe de Ralito, al norte del país, cedida por el presidente, Alvaro Uribe Vélez, para que ese grupo sanguinario tenga “similares facilidades” a las que el anterior ejecutivo otorgó a los criminales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) entre 1998 y 2002.

El narcoterrorista y jefe “paramilitar” Juan Carlos Sierra fue desconocido como interlocutor de las negociaciones de paz el 26 de septiembre, día en que el presidente colombiano, Alvaro Uribe Vélez, firmó su envío a Estados Unidos, señalando que “la política de extradición del gobierno no es negociable”. El ejecutivo ordenó la “inmediata detención” de Sierra “dentro de la zona de ubicación o fuera de ella”.

La “zona de ubicación” de Santa Fe de Ralito tiene 368,790 kilómetros cuadrados y en ella se encuentran ubicados los principales jefes de la banda paramilitar rodeados de decenas de miembros armados hasta los dientes de la Auc y, desde luego, sin que el ejército o la policía colombianas, encargados por la Constitución y las leyes de velar por la tranquilidad pública en todo el país, puedan acercarse hasta allí.

Al igual que sucedió con las Farc, en la zona de San Vicente del Cagúan (al sureste del país) durante el gobierno presidido por Andrés Pastrana Arango, (1998-2002) las Auc tienen un territorio exclusivo para ellas desde el pasado primero de julio, y hasta ahora no ha habido la
más mínima posibilidad ni demostración válida sobre su deseo para firmar la paz. Esto, además, parece más improbable, tras la decisión del gobierno de extraditar a Sierra, “comandante militar” del frente “Héroes de Granada” que actúa en la zona oriental del departamento de Antioquia.

El proceso de pacificación ha tenido otros “puntos negros”, debido a las informaciones sobre la actitud del Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, que aparentemente mantuvo una “acalorada discusión” con los jefes paramilitares, según la información publicada por la revista “Semana”, sobre la “facultad discrecional” del presidente Uribe “en materia de extradición”.

Restrepo fue calificado por el presidente Uribe, a raíz de esa información, como un “patriota incorruptible” y el propio Alto Comisionado afirmó que “ante las informaciones de la revista Semana, donde se sugiere que el presidente, a través (de Restrepo) ha hecho saber a las autodefensas que `usará la facultad discrecional para no extraditarlos`, me permito aclarar que jamás he recibido autorización (del presidente) para decir a las autodefensas algo distinto a lo
consignado en el comunicado del 27 de abril”.

Eso sí, el punto fue tocado en reuniones con las Auc, pues el propio Restrepo declaró que “cualquier referencia que haya hecho en la mesa de diálogo al tema de la discrecionalidad presidencial en el asunto de la extradición ha tenido, simplemente, un propósito pedagógico”.

Para que no quedara duda de ese “propósito pedagógico” de un Comisionado que ya empieza a perder la confianza del país, aunque no la de su jefe directo, el presidente Uribe, las Auc salieron en su ayuda y en un comunicado le echaron una mano, al expresar que “es absolutamente
falso que el gobierno nacional en la mesa de negociación haya hecho ofrecimientos de no extraditar o de coartar los alcances de la Corte Penal Internacional”.

Según el grupo terrorista, “el Alto Comisionado, ante escasos requerimientos de los negociadores, solo se ha limitado estrictamente a ofrecer explicaciones que en todo se ajustan a las precisiones que el señor Presidente ha hecho públicamente”, en referencia al comunicado de
Uribe, del 26 de septiembre, en el que señaló que la política de extradición “no es negociable”.

A pesar que el gobierno insiste en que no negocia la extradición, lo cierto del caso es que salvo en el caso de Juan Carlos Sierra, los demás terroristas paramilitares, Mancuso, José Vicente Castaño (el “Profe”), Diego Fernando Murillo (Don “Berna” o “Adolfo Paz”) y muchos otros,
siguen paseándose ufanamente por el país y en especial por la “zona de ubicación”, desde la cual continúan dando órdenes para traficar con droga y organizar nuevas matanzas.

Estados Unidos y la comunidad internacional se encuentran muy descontentos con la actitud del gobierno colombiano en esa materia, ya que varios de los negociadores de las Auc, entre ellas su nuevo máximo jefe, Salvatore Mancuso -tras la misteriosa desaparición del líder terrorista Carlos Castaño, ocurrida el 16 de abril pasado-, han sido solicitados en extradición sin que Uribe haya aceptado las diferentes peticiones de la justicia norteamericana, bajo el pretexto que “con ellos se está negociando la paz”.

Precisamente el pasado 27 de abril, el gobierno emitió un comunicado señalando que quienes “quieran evitarla (la extradición), deben demostrar a la comunidad internacional su buena fe y su propósito de enmienda”.

Por eso ha sorprendido ahora el cambio de actitud de Uribe, aunque en círculos políticos colombianos se dice que ello es debido a las presiones de Estados Unidos, principalmente, que ven cómo a narcoterroristas que están sentenciados por varios tribunales de ese país, se les está favoreciendo y el propio gobierno evita su respectiva extradición.

Las Auc, siguiendo el ejemplo de las Farc, se encuentran realizando un programa de expansión paramilitar a pesar del proceso de negociación, lo que ha hecho pensar, incluso al propio “facilitador” del proceso, el mexicano Andrés Valencia, que “no hay una firme decisión de ese grupo para encontrar la paz”.

Aunque el Alto Comisionado sigue pensando en la honradez de los terroristas que adelantan la negociación pacificadora, en todo el país han aumentado las dudas, que se tuvieron desde un principio, sobre la posición favorable de las Auc para alcanzarla y la gran mayoría de la gente piensa que “están dando largas” al gobierno para robustecerse económica y militarmente.

Restrepo, en declaraciones a la Cadena Radial Colombiana (Caracol), insistió en que debe haber “desmovilización total” de los terroristas para avanzar en las conversaciones. “Una negociación –afirmó- no la podemos detener interminablemente en el tiempo”, asegurando que “el
proceso está madurito como una fruta. Si usted no se la come, se cae y se pudre. No hay sino un camino: la desmovilización”.

El grupo terrorista a través del denominado “estado mayor negociador” anunció “una desmovilización y desarme del más grande contingente de combatientes del que se tiene historia en el país”, y la “expansión militar” que realiza actualmente “hace parte de una campaña perversa de asimilar las actuales negociaciones con el malogrado proceso el proceso del Caguán”, cosa que los altos mandos militares ponen en duda pero que el Alto Comisionado renunciante y ratificado por el primer mandatario “cree a ojos ciegos”.

Para el presidente Uribe, el objetivo prioritario es el de tener “una Colombia sin guerrilla, autodefensas y sin la droga que las sustenta”. Su gobierno sigue insistiendo en llamarlos guerrilla y autodefensas, cuando en todo el mundo (Estados Unidos, Canadá, la Unión Europea, Rusia, la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Organización de Estados Americanos (OEA) y otros países y organismos, se les ha calificado de “grupos terroristas”, que es lo que en realidad son.

Precisamente, el 8 de octubre se dio a conocer en la prensa colombiana un sondeo de opinión que demuestra que la popularidad de Uribe continúa descendiendo y en relación con el último bajó diez puntos, pasando al 67 por ciento que, aunque sigue siendo alto, demuestra que en Colombia muchas actitudes del gobernante, entre ellos no aceptar el fracaso de alcanzar la paz, que tanto prometió en su campaña electoral, y su empecinamiento por ser reelegido automáticamente
en el año 2006, le están “pasando factura”.

El mandatario quiere imponer a toda costa el “egouribismo” y su gobierno ha recurrido, sin que haya podido desvirtuar las denuncias de dirigentes políticos y las informaciones de los medios de comunicación, a la corrupción para “comprar los votos” de parlamentarios que por un cargo para sus parientes o de dinero para “cacicadas” en sus lugares natales han vendido sus conciencias y su honor para aprobar la reforma de la Constitución que le permita seguir en la Jefatura del Estado cuando se venza, el 7 de agosto de 2006, su actual periodo presidencial..

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