ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



IRAK: DESDE 1991 NO TENIA ARMAS DESTRUCCION MASIVA  

    La guerra desatada contra Irak a través de la invasión anglo-americana producida el 20 de marzo de 2003 y que terminó con el régimen tiránico de Sadam Hussein el 9 de abril del mismo año, tuvo motivos totalmente diferentes a los de posesión de Armas de Destrucción Masiva (ADM), como lo confirmó un informe presentado el 6 de octubre de 2004 ante el Congreso norteamericano,  en Washington.  

    El jefe de los inspectores estadounidenses de armas, Charles Duelfer, un destacado experto en estas cuestiones, que también prestó sus servicios a la Organización de Naciones Unidas (ONU), fue concluyente: Desde el año 1991 Irak no tenía armas de destrucción masiva y tampoco contaba con un programa de armas químicas, biológicas y nucleares en la época que se registró la invasión a ese país.  

    Según Duelfer, la capacidad de Irak para fabricar esas armas, lejos de ser reconstruida, “se degradaba en lugar de mantenerse”, y a su juicio, “se habrían necesitado varios años de trabajo para levantarla”. El presidente estadounidense, George Bush, y el Primer Ministro británico, Tony Blair, llevaron a cabo su acción armada contra el régimen iraquí, insistiendo en que este constituía un grave peligro para el mundo al poseer un amplio armamento de destrucción masiva.  

    El experto sí señaló en su informe que el ex dictador iraquí “deseaba conservar el capital intelectual” que fue adquirido en los años de desarrollo de las armas de destrucción masiva, “pero estaba más preocupado por el levantamiento de las sanciones que pesaban sobre Irak, lo que necesariamente implicaba el abandono de cualquier programa”.  

    El documento de 1.000 páginas deja conocer, asimismo, que los tubos de aluminio que el gobierno de Estados Unidos señaló que estaban destinados para enriquecer uranio destinado al programa nuclear, “se destinaban probablemente a misiles convencionales”, aclarando que “no existen pruebas” sobre que Irak “tratara de comprar uranio después de 1991”.  

    Precisamente la Agencia Central de Inteligencia estadounidense (CIA) “argumentó erróneamente”, según el Congreso, el caso de los tubos de aluminio, al señalar con énfasis que el régimen iraquí “había conseguido para fabricar una máquina para enriquecer uranio”, lo que a la postre, y como ahora lo corrobora Duelfer, “no era cierto”.  

    Duelfer es un experto adscrito a la CIA, organismo que también está en el “ojo del huracán” y que ya fue señalado, el pasado 8 de julio, por el Congreso de Estados Unidos, como el “máximo culpable” de la guerra contra Irak porque ofreció al gobierno de Bush “una serie de conclusiones incorrectas que sirvieron como base para decidir esa acción”.  

    George Tenet, antiguo director de la CIA, fue considerado por el órgano legislativo estadounidense como uno de los principales responsables de los errores porque “no escuchó los consejos y las sugerencias” que se le ofrecieron desde el Departamento de Estado y del Pentágono (Departamento de Defensa) para poder tener “una real y auténtica justificación de la decisión que tomó” el presidente Bush.  

    La guerra se realizó, según la conclusión del Congreso en julio pasado, porque Estados Unidos “partió de la base que Irak tenía armas químicas y biológicas y porque estaba intentando producir más”. Añade que Tenet y otros responsables de la CIA “mantuvieron su posición sin salirse de ese pensamiento colectivo ni ponerlo jamás en duda”, por lo que expuso al gobierno a realizar “una invasión y una guerra sobre la base de datos inciertos”.  

    Para Duelfer existe otro factor totalmente contrario a la tesis de Bush: la capacidad de producción de armas de Irak “se degradó a partir de 1998”, aunque aclaró que bien es cierto que Sadam Hussein tenía toda la intención de producir esas armas pero no contaba con los medios adecuados para fabricarlas.  

    En relación con el programa nuclear iraquí, el experto dice en su informe que “los análisis demuestran que a pesar del deseo manifiesto de Sadam  de mantenerlo activo, durante los 12 años posteriores a 1991 decayó la capacidad de producir armas”.  

    Respecto a las armas químicas, el informe indica que “en 2003 Irak estaba a pocos meses de poder producir gas mostaza y a menos de un año de fabricar agentes nerviosos”, pero que todos los programas del régimen en el año de la guerra “estaban más retrasados que en 1998” cuando los inspectores de la ONU fueron expulsados de ese país, y que a pesar” que Sadam “quería tener misiles de largo alcance, casi no había adelantado nada en cuanto a la carga de los proyectiles”.  

    Tampoco el jefe de inspectores, según señala en su informe, encontró “rastros de laboratorios móviles para fabricar armas biológicas”, pero no llegó a negar su existencia”.  

    “Aunque Sadam Hussein soñara con tenerlas en el futuro (las armas de destrucción masiva), la única fábrica capaz de producir cantidades significativas de armas nucleares o biológicas en Irak fue destruida en 1996”, manifestó también Duelfer.  

    Aunque el informe de Duelfer no favorece para nada las aspiraciones reeleccionistas de Bush ante los comicios del próximo mes, el actual mandatario estadounidense continuó defendiendo su actuación y declaró que “Sadam Hussein representaba un riesgo real para la paz mundial”, porque a su juicio, favorecía las acciones terroristas, aunque tampoco se ha podido probar que ese sanguinario dictador tuviese una fuerte relación con Bin Laden.  

    En un discurso dentro de su campaña electoral en Pensilvania, Bush expresó que “el dictador tenía una historia en el uso de armas de destrucción masiva, un historial de agresión y odio hacia América”, por lo cual “había un riesgo real  que Sadam pasara armas o material o información a las redes terroristas”.  

    Actualmente la guerra contra Irak, que únicamente ha tenido como gran recompensa el derrocamiento de Sadam, sigue siendo para Estados Unidos, especialmente, una prueba palpable de sus errores, que continúan costándole numerosos muertos (más de mil militares han caído en los enfrentamientos y en atentados con coches-bombas, especialmente) y su ineficacia para combatir a la resistencia terrorista dirigida por el sanguinario clérigo radical “suníMúqtada al Sáder y el jordano Abu Musab al-Zarkaui, jefe de la banda asesina “monoteísmo”, apéndice de Al Qaeda.  

    Precisamente, Paul Bremer, que fue gobernador de Estados Unidos tras la guerra, y que dejó el cargo el pasado 30 de junio, declaró a los periodistas, en lo que él consideró una información privada, lo que se denomina “off the record”, que su país había “cometido un error al tener pocas tropas en el terreno” y por “dejar que el caos se desatara en Bagdad tras la invasión”.  

    No hay dudas que lo que comenzó tras una mentira se ha convertido en una peligrosa bola de fuego para el presidente Bush que no solo le puede costar la derrota electoral sino que Estados Unidos sea víctima de un nuevo atentado terrorista igual o peor que el de las “Torres Gemelas”. Ya España vivió uno de características dantescas el pasado 11 de marzo que originó un saldo de 191 muertos y centenares de heridos y que permitió un vuelco político en el gobierno, que hasta ese mismo día se consideraba imposible.

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