ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



OEA: SECRETARIO GENERAL ACUSADO CORRUPCION  

    Los gobiernos de los 34 países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA) se llevaron una muy desagradable sorpresa tras conocer el 30 de septiembre de 2004 que su nuevo Secretario General, el ex presidente de Costa Rica Miguel Angel Rodríguez, se encuentra envuelto en un escándalo de corrupción por haber  aceptado presuntamente sobornos cuando ejercía el poder en su patria.  

    La grave denuncia contra Rodríguez, elegido el 7 de  junio pasado para el cargo de Secretario General de la OEA en reemplazo del ex presidente colombiano César Gaviria Trujillo, y que lo asumió  el pasado 15 de septiembre, se conoció en San José de Costa Rica el jueves 30 de septiembre tras una “concreta y precisa declaración” del ex director del Instituto Costarricense de Electricidad  (ICE) José Antonio Lobo, también beneficiado con el soborno de la empresa francesa Alcatel tras una denuncia del diario “La Nación”.  

    Según declaró Lobo al Fiscal General costarricense, Francisco Dall`Anesse, “Alcatel ganó una licitación (sobre 400.000 líneas para teléfonos móviles o celulares en el año 2001), me contactaron para decirme que tenía un premio. Yo lo consulté con don Miguel Angel Rodríguez y le pregunté qué debía hacer. Me dijo que aceptara y que fuéramos en una relación del 60 por ciento para él y el 40 por ciento para mí”. Este “premio” fue un soborno equivalente a 2.4 millones de dólares pagado por la empresa gala.  

    Con el objeto de disfrazar el acto de corrupción, tanto Rodríguez como Lobo planearon –según la televisión costarricense- que el dinero “donado presuntamente” por Alcatel a Jean Sue Philp Gallup, esposa del entonces director del ICE, pasara a engrosar la cuenta bancaria del Jefe de Estado.  

    Lo más grave del escándalo es que el actual mandatario de Costa Rica, Abel Pacheco, le pidió el 3 de octubre la renuncia a Rodríguez ante “las gravísimas acusaciones”. El nuevo dignatario de la OEA había intentado presionar a Lobo, el pasado 17 de septiembre, y en una llamada telefónica desde Washington le pidió que simulara un préstamo para justificar parte del dinero que le habían pagado como soborno.  

    Para hacer creíble su coartada, el ex presidente en declaraciones al periódico “El Día”, tras señalar que “no tengo nada de que arrepentirme”, afirmó  el primero de octubre que el dinero del soborno que recibió “era parte de un préstamo de 140.000 dólares” que Lobo le otorgó para financiar “sus gastos en la campaña” para ganar la secretaría de la OEA, “a la que no pienso renunciar”. Dijo también que se encuentra reuniendo el dinero del “préstamo”  para devolverlo rápidamente.  

    Rodríguez ocupó la presidencia de Costa Rica en el periodo 1998-2003 y tras ser remplazado por Pacheco, fue este quien promovió su candidatura a la OEA, la que fue respaldada por Estados Unidos para otorgar a Centroamérica una posición que, generalmente, era ocupada por dirigentes suramericanos.  

    Alcatel  ganó en 2001 la licitación para suministrar 400.000 líneas de telefonía celular al ICE por un total de 149 millones de dólares y luego giró a Rodríguez y Lobo un total de 2.4 millones de dólares, de los cuales  el entonces presidente recibió 1.4 mientras el otro funcionario corrupto se quedó con un millón.  

    En la carta que Pacheco dirigió al secretario general de la OEA, el mandatario expresa: “Le solicito que se separe enseguida de la Secretaría y regrese al país a enfrentar las responsabilidades que corresponden. Asimismo le pido que plantee su renuncia ante el órgano competente en esa Organización”.  

    Pacheco cree que “el país y el gobierno tenemos la legitimación moral para pedirle que, ante los órganos judiciales competentes, responda usted de manera clara, satisfactoria y contundente los cuestionamientos que se le han hecho”. La solicitud del presidente fue respaldada por la Asamblea Legislativa, que el 3 de octubre también le solicitó la dimisión.  

    Por 42 votos a favor y 4 en contra –de los 51 diputados-, el órgano legislativo costarricense pidió a Rodríguez la renuncia del cargo y el inmediato regreso al país para responder ante la justicia. En todo el país centroamericano reina una “justa indignación”, según varios diputados, por “este caso de corrupción” que va en contra del buen nombre de Costa Rica.  

    Pero Rodríguez, de momento, no parece estar por la labor de renunciar ni de responder ante la justicia, porque en una respuesta al presidente Pacheco, le señaló que “estoy seguro que usted comprenderá lo esencial que resulta la presunción de inocencia, mientras no se demuestre lo contrario. No es posible, en la Costa Rica que yo conozco, que se quiera causar un gran daño a mi persona, familia e institución que hoy represento, irrespetando mi estado de inocencia”.  

    El fiscal Dall`Anesse, que se convertirá en “persona clave” para el futuro de Rodríguez, declaró que en la declaración de Lobo existen “importantes elementos” para adelantar la investigación, pero debido al secreto del sumario no quiso adelantar ninguna conclusión como tampoco indicó la posible fecha en que llamará a declarar al Secretario de la OEA, aunque si dijo que “lo decidiré próximamente”.  

    Este funcionario está investigando numerosos casos de corrupción de la clase política, especialmente, y personalmente  confirmó la información del diario “La Nación” sobre el presunto soborno, que incluyó detalles de la declaración de Lobo ante cuatro miembros de la Fiscalía.  

    El presidente de la Comisión Legislativa del gasto público en el Congreso, Luis Gerardo Villanueva, que al igual que la Fiscalía se encuentra investigando varios casos de corrupción, declaró a la prensa que “posiblemente antes de un mes, llamaremos a Rodríguez a declarar”.  

    La situación política de Rodríguez se encuentra “pasando por momentos muy difíciles” en Costa Rica, hasta el punto que el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), con el cual ganó la presidencia en 1998, resolvió apartarlo, al tiempo que los legisladores de todas las opciones políticas consideraron que el ex mandatario “debe renunciar a su cargo en la OEA y regresar de inmediato al país para explicar los hechos”. Pero no parece que así piense el recientemente posesionado funcionario de la OEA.  

    El Secretario de la OEA, ante la gravedad de la situación, se reunió separadamente con los embajadores de los 34 países miembros de la Organización, los representantes de la Asociación Latinoamericana de Integración (ALADI), los del bloque del Caribe y los del Norte y Centroamérica, para darles “su versión” sobre las denuncias de corrupción surgidas en su contra.  

    Todos los miembros de la OEA están de acuerdo en señalar que “si el Ministerio de Relaciones Exteriores lo solicita”,  deberá activarse el mecanismo para una reunión de consulta de los cancilleres, la que tiene, entre otras funciones, la de poder destituir al Secretario General.  

    Su ello sucede, y posiblemente así ocurrirá tras la carta del presidente Pacheco a Rodríguez para solicitarle la renuncia, el presidente del Consejo Permanente de Embajadores, Aristides Royo, ex presidente de Panamá, tendrá que activar el mecanismo y señalar el procedimiento que debe seguirse.  

    Mientras el embajador venezolano ante la OEA, Jorge Valero, declaró a los periodistas que “hemos escuchado la versión del Secretario General y deben ser las autoridades judiciales de Costa Rica las que definan su caso”, Estados Unidos a través del portavoz del Departamento de Estado, Adam Ereli, expresó que “el asunto está actualmente ante las autoridades legales de Costa Rica y no sería pertinente para nosotros formular un mayor comentario”.  

    La actual situación, de todas formas, es demasiado grave para Rodríguez porque, según fuentes judiciales de su país, “hay reveladores indicios” sobre la existencia del soborno, y para la propia OEA, que se ve salpicada así, “sin comerlo ni beberlo”, en un caso de corrupción de amplia magnitud y repercusión, a la que no está acostumbrada dada la pulcritud de sus anteriores Secretarios Ejecutivos. Es, verdaderamente, un caso lamentable, de la que la propia Organización tiene que salir indemne.

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