ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



ORIENTE MEDIO: LA “INTIFADA”, SINONIMO DE TERRORISMO 

El plan ideado por el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Yaser Arafat, para protestar y combatir la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza por parte de Israel, denominado la “Intifada” y que comenzó su andadura de sangre el 28 de septiembre de 2000, es actualmente un sinónimo de terrorismo, que impide cualquier posibilidad de alcanzar la paz en la atormentada y violenta región de Oriente Medio. 

Las cifras de muertos palestinos e israelíes han registrado un considerable aumento a lo largo del actual año, y de acuerdo con informaciones oficiales conocidas el 28 de septiembre de 2004, un mínimo de 4.000 palestinos y de 1.000 israelíes han fallecido como consecuencia de los ataques palestinos respondidos con el mismo énfasis de violencia por el ejército vecino. 

Si al 31 de diciembre de 2003, las cifras señalaban que los muertos ascendían a 3.855 palestinos y 900 israelíes, todos los enfrentamientos armados, los ataques terroristas y suicidas, han hecho que durante los primeros nueves meses de 2004 fallecieran otros 145 por parte palestina y 100 por la israelí, mientras los heridos y lesionados llegan ya a 38.100, con un aumento de 238 por ambas partes. 

En la última semana, además, la situación ha empeorado considerablemente y ante la nueva situación de violencia, el gobierno palestino decretó el pasado dos de octubre el estado de emergencia tras un ataque israelí en la Franja de Gaza, cuya ofensiva ha dejado no menos de 60 palestinos muertos en cuatro días, además de numerosos heridos, con lo cual las cifras del 28 de septiembre tienen, lamentablemente, un nuevo incremento. 

Arafat es, sin duda, el autor del peor plan terrorista, y el cual se ha cebado en sus propios compatriotas porque ha encontrado un enemigo tenaz en el primer ministro de Israel, Ariel Sharon, que también es un fanático amante de la violencia. Son dos dirigentes que no merecen regir los destinos de sus respectivas zonas y mientras estén, especialmente el “rais”, es casi imposible pensar en una paz duradera en la región. 

Al celebrarse el cuarto aniversario de la “Intifada”, el dirigente Nabil Abu Rudeina, consejero de Arafat, afirmó que “el pueblo palestino sigue apegado a sus derechos y al establecimiento de su Estado independiente, con Jerusalén como capital”, porque a su juicio, “es el único camino para llegar a la paz, la seguridad y la estabilidad de la región”. 

Este es un juicio descabellado y fuera de toda realidad, porque mientras los palestinos sigan insistiendo en sus acciones terroristas, el gobierno de Sharon continuará respondiendo con la Ley del Talión y las posibilidades para una real pacificación de la región seguirán estando a “años-luz”. 

Cuando el mundo creyó ver una “luz al final del túnel” para alcanzar los compromisos necesarios de las partes con la “Hoja de Ruta”, el más completo plan de paz para la zona, entregada a los dirigentes de los dos gobiernos el 30 de abril de 2003, y elaborado por Estados Unidos, la Comunidad Europea, Rusia y la Organización de Naciones Unidas (ONU), Arafat, al ordenar seguir la violencia, y Sharon, al responder con la misma arma, le dieron un entierro de tercera clase. 

De ese plan, compuesto por tres fases, no se ha cumplido ni siquiera la primera, que debía estar superada el pasado 31 de diciembre y, por tanto, es prácticamente imposible que en el año 2005 haya un Estado Palestino, como lo indica la tercera y última fase. 

El cuarto aniversario de la “Intifada”, o plan de violencia, se celebró dentro de una nueva polémica (..y van….) entre israelíes y palestinos acerca de la Explanada de las Mezquitas, lugar santo del Islam en Jerusalén (el tercero, en el orden de importancia) por la advertencia que lanzó el gobierno israelí el pasado 26 de septiembre sobre el riesgo de hundimiento de una parte de aquella. 

La Explanada de las Mezquitas (a la que los judíos consideran sagrado y llaman el monte del Templo) se convirtió en un lugar clave para el inicio de la acción violenta palestina porque la “Intifada” estalló tras la visita que Sharon, por entonces jefe de la oposición al gobierno socialista de Israel, la visitó en septiembre de 2000 y los palestinos la consideraron como un desafío. 

El gobierno israelí a través de su funcionario advirtió ese 26 de septiembre sobre la existencia de un “serio riesgo” por la gran posibilidad que una sala de plegaria, situada bajo el patio de la Explanada, “pueda hundirse”, en caso de no ser reparada, lo que podría ocasionar una actuación de la policía de ese país para limitar el acceso durante el “mes de ayuno musulmán del Ramadán”, que comenzará a mediados del actual mes. 

Los palestinos consideran que esa Explanada de las Mezquitas les pertenece porque Jerusalén es la capital de “su Estado” y consideraron la declaración del funcionario judío como “un intento de injerencia israelí”. 

Sharon también afronta serios problemas en su propio país, en donde se le denomina ahora “traidor”, por parte de miembros y activistas de su propio partido, el Likud, por su anunciado plan de desmantelamiento de las 21 colonias de la Franja de Gaza y de cuatro en el norte de Cisjordania, antes de finalizar el año 2005. 

“Actúo de forma democrática. El Likud está en contra mía pero también soy Primer Ministro y responsable ante el pueblo y el Estado de Israel”, afirmó el mes pasado Sharon para responder a las críticas de sus propios copartidarios que le acusan de estar “obedeciendo órdenes del presidente estadounidense (George) Bush”. 

La actual situación que se vive en el Medio Oriente es bastante delicada porque el ejército de Israel está llevando a cabo una amplia y fuerte ofensiva tras haber descubierto y dado muerte a cuatro terroristas palestinos fuertemente armados y que habían atravesado la valla que separa la parte norte de la Franja de Gaza de Israel, con el objetivo de cometer un nuevo atentado. 

Dos grupos terroristas palestinos, Las Brigadas de los Mártires de Al Aqsa –brazo armado del partido Al Fatah, presidido por Arafat-, e Izedin Al Qasam, milicia del Movimiento de Resistencia Islámica (Hamás), se adjudicaron la autoría del ataque que esos cuatro palestinos iban a realizar en Israel 

Arafat pidió al Consejo de Seguridad de la ONU, el 2 de octubre, que realice una reunión urgente para tratar este delicado tema pero, desde luego, para nada se refirió a la acción terrorista que iban a realizar sus compatriotas muertos, porque él ha sido el “arquitecto” de la violencia palestina contra Israel. 

El gobierno de la ANP, tras solicitar “ayuda humanitaria”, lanzó un ataque contra la comunidad internacional, calificando de “silencio del mundo ante los crímenes monstruosos e inhumanos de Israel”, luego que Sharon dijo que las tropas militares israelíes debían ampliar su incursión hacia el norte de Gaza. 

Ismail Haniye, jefe de Hamás en la Franja de Gaza, señaló, en un comunicado, que su grupo “está dispuesto a interrumpir el lanzamiento de cohetes `Qasam` si Israel pone fin a sus invasiones y agresiones contra los palestinos”. Pero nadie cree en ello porque a lo largo de los últimos cuatro años, los tres grupos terroristas palestinos han incumplido todos sus compromisos y promesas, aún los firmados. 

El combatir la violencia con violencia ha impedido a Israel acabar con la “Intifada” y por eso la situación en el Medio Oriente continúa viviendo en la incertidumbre y la paz está cada día más lejana. Lo malo, además, es que quien “ha nacido terrorista, muere terrorista”. Y tanto Arafat como Sharon, se encuentran dentro de esa común denominación. 

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