ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 


 
LA BELLA Y TENAZ BATALLA DE PUERTO RICO EN DEFENSA DEL IDIOMA (2 y final)
 
    La empresa encuestadora "Hispania Research", tras una consulta, hace varios años, en Puerto Rico, dio a conocer cifras que muestran la forma clara como sus habitantes enfocan la defensa idiomática: el 66 por ciento señaló que "no utilizará el idioma inglés en sus asuntos legales, para comunicarse o hacer gestiones ante el gobierno de Estados Unidos, aunque lo imponga a la fuerza como idioma oficial".
 
    Otro 14 por ciento manifestó que "haría uso del inglés con disgusto" y un 20 por ciento dijo que lo "haría con agrado si se convierte en la única lengual oficial de Puerto Rico". Pero es que la mayoría de sus habitantes tienen para el inglés un nombre casi común: lo denominan "el difícil".
 
    El Ateneo Puertorriqueño, que fundó Ricardo Alegría, uno de los intelectuales de más prestigio en Iberoamérica y de los más respetados en la Isla, durante otra encuesta con un amplio espectro de las clases sociales, comprobó que el 93 por ciento "nunca renunciará  al idioma español como su lengua oficial" y sólo un 25 por ciento declaró que al hablar inglés lo hace "bien o excelentemente".
 
    Tras esta consulta, Alegría afirmó: "En Puerto Rico se celebró un plebiscito en el que los puertorriqueños expresaron mayoritariamente su lealtad a su idioma, su cultura y su personalidad como pueblo".
 
    El Estado Libre Asociado (ELA), que entró en vigencia el 25 de julio de 1952, tras ser ideado y promulgado por el entonces gobernador Luis Muñoz Marín, permite a Puerto Rico mantener una autonomía respecto a Estados Unidos en un alto porcentaje y, lo más importante, impide que se convierta en el Estado 51 de la Unión.
   
    El pueblo puertorriqueño no es "independentista", pero sí "soberanista". Quiere ser soberano para mantener incólumes su cultura y su lengua maternas; soberano para integrarse, de forma definitiva y oficial, en el mundo iberoamericano, al que cree pertenecer legítimamente; y ser dueño de su propio destino, porque desde siempre, desafortunadamente, ha sido Colonia. Primero de España  y desde hace 104 años de Estados Unidos.
 
    El 21 de mayo de 1997 un comité legislativo de la Cámara de Representantes de Estados Unidos estableció que el ELA es "una fórmula de gobierno colonial", y al definir las alternativas de estatus para el plebiscito del 13 de diciembre de 1998 sobre el futuro político de Puerto Rico, la Comisión de Recursos de esa corporación legislativa mantuvo que "el ELA es un territorio no incorporado", sujeto a la voluntad del Congreso norteamericano.
 
    Por fortuna, en ese plebiscito sobre el futuro político de Puerto Rico, ganaron los partidarios del ELA frente a los anexionistas. Así, al menos durante los próximos 6 años, Puerto Rico evitará, como lo querían Roselló y su partido, que en la Isla se intensifique el uso y aprendizaje del inglés, si se quiere convertir en el Estado 51. Es posible que en 2008  vuelva a celebrarse otro plebiscito, dentro del propósito norteamericano de "adueñarse" totalmente de una Isla que "piensa, vive y habla en español".
 
    Y bien que merece esa soberanía, por la que ha luchado con "uñas y dientes", con altos valores de su amplia cultura y, sobre todo, porque ha resistido a la presión del Imperio para "americanizar" su idioma. 
 
    Como lo dijo el prócer José de Diego, en 1917, y sus palabras tienen hoy plena vigencia, "transigir en aceptar que el idioma español sea sustituido por el inglés es ir en contra de nosotros mismos. Se mata el idioma, que es sinónimo de Personalidad y de Patria".
 
    El mundo de habla hispana y España, son sus mayores deudores. El primero porque no ha sabido apreciar en todo su justo valor el esfuerzo de su lucha constante por defender lo que es suyo y lo que también a él le pertenece: el idioma, que "a todos nos une"; la segunda, porque no ha cumplido su "compromiso histórico" de exigir que entre en vigencia el artículo 9º del Tratado de París, en el cual Estados Unidos se comprometía a "resolver sobre el destino político final de Puerto Rico".
 
    España sabe lo que significa la férrea defensa de un idioma, porque hace muy pocos años, cuando el Internet empezó su plena vigencia y desarrollo comunicador entre las diferentes culturas de los cinco continentes, los teclados de ordenadores no tenían registrados una letra tan española y emblemática como la "ñ".
 
   Luchó a "tumba abierta" con la palabra, como instrumento de convicción, hasta lograr que ese fallo fuese remediado. La "ñ" es española y el idioma que habla Puerto Rico es también auténtico español.
 
    Han transcurrido 104 años, estamos en el tercer Milenio y la deuda contraida por Estados Unidos con España "sigue sin pagarse", a pesar que se adquirió a finales del primero. Los puertorriqueños, y esto es lo notable, siguen casi sin apoyos externos, defendiendo sus raíces hispanas con una admirable tenacidad. Es la gran defensa de sus propios valores. Y luchan por ellos sin desmayos, convencidos que más temprano que tarde sus esfuerzos se verán gratamente recompensados.
 
    El próximo año será "sumamente decisivo" para las aspiraciones de Puerto Rico de formar parte de la Comunidad Iberoamericana de Naciones y, sobre todo, de encontrar el apoyo de ésta a su idea soberanista y a su lucha por la defensas de sus valores autóctonos, si la XIII Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno acepta la propuesta de España para incluir nuevos miembros.
 
    El foro con la participación de los Jefes de Estado y de Gobierno se reunirá en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) en 2003, y España a través del presidente del gobierno, José María Aznar, propuso en la reciente reunión de Punta Cana (República Dominicana) alcanzar un "efecto renovador" que permita "refundir las cumbres iberoamericanas" y adoptar mecanismos efectivos para su ampliación.
 
    Puerto Rico, Guinea Ecuatorial y varios países caribeños de habla inglesa han pedido su ingreso y, según la idea española, la Comunidad Iberoamericana podría tener una "mayor visibilidad internacional", pues aunque esas naciones lo hagan como observadores, contarán con una amplia voz en ese organismo.
 
    Así, directamente, Puerto Rico, podrá explicar su situación política y, sobre todo, la forma tenaz y valiente como ha venido defendiendo, por más de un siglo, toda su historia, que se simboliza en una lucha al estilo "David y Goliat" para no perder, a pesar de las presiones, sus señas de identidad frente al más poderoso.
   
    Ricardo Alegría ha expresado, en una histórica frase, el gran sentir de su pueblo: "La cultura es, sobre todo, concepto y manera de vida; es estado espiritual que define la filosofía de una gente, de una nacionalidad". Esa frase retumbaría, con gran eco, en una Cumbre Iberoamericana.

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