ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



IRAK: ACTUACION ERRONEA CIA ORIGINO INVASION Y GUERRA  

    El Servicio Central de Inteligencia (CIA), fue señalado como el máximo culpable de la invasión y la guerra contra Irak por parte de la coalición anglo-americana, porque ofreció al gobierno del presidente, George Bush, “una serie de conclusiones incorrectas que sirvieron como base para decidir esa acción”, según lo determinó el Congreso de Estados Unidos.  

    En un documento de más de 400 páginas dado a conocer el pasado 8 de julio de 2004 en Washington, el Congreso afirmó que los juicios de la CIA sobre la posesión de armas de destrucción masiva (ADM) por parte de Irak, que ocasionaron la invasión del país el 20 de marzo de 2003 y la posterior guerra, “fueron sobrevalorados”, a la vez que no estuvieron “apoyados por datos reales”.  

    “Los factores que contribuyeron a estos errores fueron muchos y no se solucionan con dinero”, opinaron los senadores, que encontraron en George Tenet, el renunciante director de la CIA, a uno de los principales responsables de los errores porque “no escuchó los consejos y las sugerencias” que se le ofrecieron desde el Departamento de Estado y del Pentágono (Departamento de Defensa) para poder tener una real y auténtica justificación de la decisión que tomó Bush y que contó con el apoyo del Primer Ministro británico, Tony Blair, y del entonces presidente del gobierno español José María Aznar.  

    Tenet ha dejado de dirigir la CIA esta misma semana, y los congresistas le critican también por “no haber revisado personalmente” el contenido del discurso de Bush sobre el Estado de la Nación pronunciado en enero de 2003 y en donde, sobre la base de los datos suministrados por la CIA, denunció públicamente que Irak poseía armas químicas y, además, que realizaba intentos para comprar uranio enriquecido en África.  

    El entonces dictador iraquí Sadam Hussein y miembros de su gobierno, como  el ex vice primer ministro Tarek Aziz, negaron de inmediato esos extremos, señalando que su país no poseía armas químicas ni las estaba fabricando, pero la CIA a través de Tenet sostuvo que sí lo hacía y esa afirmación convenció a Bush, Blair y Aznar para justificar la acción bélica que el mandatario norteamericano declaró oficialmente concluida el primero de mayo de 2003, tras haber depuesto al sanguinario presidente, al invadir Bagdad el 9 de abril del mismo año.  

    La guerra se realizó, de acuerdo con el informe del Congreso, porque Estados Unidos “partió de la base que Irak tenía armas químicas y biológicas” y porque estaba “intentando producir más”; Tenet y otros responsables de la CIA mantuvieron su posición sin “salirse de ese pensamiento colectivo ni ponerlo jamás en duda”, por lo que expuso al gobierno a realizar una invasión y una guerra sobre la base de datos inciertos.  

    Precisamente esa “dinámica de pensamiento colectivo” fue la que llevó a los analistas de inteligencia y a las personas que recogen y procesan la información, a “interpretar ambiguas evidencias como indicaciones concluyentes” de que “Irak tenía y quería ampliar su programa de destrucción masiva”, dice el informe del Congreso.  

    Otro de los fallos que se han encontrado en la gestión de la CIA  están relacionados con la falta de agentes sobre el terreno en Irak desde 1998, cuando Sadam Hussein, expulsó a los inspectores de armamento de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA), por lo que se registraron “fallos significativos en prácticamente cada aspecto de la recolección de datos por parte de los agentes secretos sobre la presencia de armas de destrucción masiva” en ese país.  

    Hace dos semanas la Comisión de Inteligencia de la Cámara de Representantes realizó también un crítico y severo informe sobre la confusa gestión de la CIA, en el que indicó que “hace demasiado tiempo que la Central de Inteligencia es negligente respecto a sus principales misiones”.  

     Es por eso que ahora también el Congreso se ha sumado a la petición de la mayoría de los estadounidenses que solicitan una “profunda revisión” de la labor de la CIA, y que ese organismo sea “reorganizado totalmente para que de verdad pueda realizar una labor que tenga la confianza de todos, y para que sus actuaciones e informaciones estén debidamente comprobadas, lo que garantice una completa idoneidad”, de la que “ahora carece”.  

    En su informe, el Senado analiza, especialmente, el caso de unos tubos de aluminio que, “según argumentó erróneamente la CIA” el gobierno de Sadam Hussein “había conseguido para fabricar una máquina para enriquecer uranio”, lo que no era cierto. Al mismo tiempo no informó a Bush que varias fuentes cercanas a científicos iraquíes indicaban que el gobierno de Irak “había abandonado su programa de destrucción masiva”, tras la fracasada invasión de Kuwait, y luego de haberlas utilizado en la guerra contra Irak entre 1980-1988.  

    Esa invasión a Kuwait, en agosto de 1990, se saldó con la primera guerra contra el régimen de Sadam Hussein, y una coalición internacional que dirigió el entonces presidente estadounidense, George Bush, padre del actual mandatario, ganó la contienda bélica y  expulsó a los invasores del emirato en febrero de 1991 tras una “guerra relámpago”  

    “La CIA –dijo el informe- hizo un mal trabajo no solo al recolectar información sobre la política de armas iraquí sino  también al interpretar los datos conseguidos”, por lo que en definitiva “Estados Unidos invadió Irak, pero las supuestas armas mencionadas por Bush para justificar la guerra nunca aparecieron”.  

    Para el presidente de la Comisión de Inteligencia del Senado, Pat Roberts, también del Partido Republicano como Bush, “las conclusiones del informe reclamarán una amplia reforma de la CIA”, y “servirán de base para una serie de audiencias para discutir las mejoras de estos servicios”.  

    Sin embargo, ante la proximidad de las elecciones presidenciales de noviembre próximo, a juicio de Roberts y del senador demócrata Jay Rockefeller, en la actual legislatura “ya no queda tiempo” para que el Senado elabore y apruebe “una reforma de la CIA”.  

    Como hubo también una “mala interpretación de los datos” y, además, se “inflaron las informaciones”, ello llevó a los responsables de la CIA, con Tenet a la cabeza, a presentar al gobierno de Bush “ideas equivocadas sobre la realidad del programa de armas de destrucción masiva” en ese país, dice también el informe.  

    El gobierno de Bush, a juicio del Senado, no intentó presionar a los analistas para que dijeran “lo que ellos querían escuchar” y “no encontró evidencia que las autoridades de la administración trataran de forzar, influenciar o presionar a los analistas para que cambiaran  su evaluación acerca de las capacidades de Irak de producir armas de destrucción masiva”, se indica en las conclusiones.  

    También en ese informe sale favorecido el vicepresidente estadounidense, Dick Cheney, pues según los congresistas, sus visitas a la sede de la CIA no fueron “intentos por hacer presión sobre los analistas o que hayan sido percibidas como tal por aquellos que participaron en las reuniones sobre los programas de Armas de Destrucción Masiva”.  

    El presidente Bush, que cada día afronta una situación más difícil en Irak porque los terroristas están originando con más frecuencia atentados y matando a tropas estadounidenses (se calcula que no menos de 1.100 soldados y militares de este país han fallecido desde que comenzó la ya oficialmente declarada “guerra concluida”), tiene también otra “patata caliente” con el nombramiento del sucesor del desacreditado Tenet.  

    La CIA está obligada a recuperar su credibilidad y su capacidad profesional y por ello debe tener al frente de la institución a una persona digna, que despierte confianza no sólo dentro del gobierno sino en la opinión pública y en los partidos políticos.  

    El presidente tampoco puede permitir que la crisis por la renuncia de Tenet se extienda por un tiempo prolongado y debe proceder con rapidez, pero nunca con ligereza. Los gravísimos errores que decidieron la guerra contra Irak no pueden ni deben producirse en el futuro, porque ello le está costando demasiado caro a Estados Unidos tanto en imagen como en pérdida de vidas humanas.

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