ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



ORIENTE MEDIO: CONSTRUCCION MURO POR ISRAEL ES ILEGAL  

    Israel está realizando una “obra ilegal” en Cisjordania con la construcción del “Muro de la Vergüenza” y debe de suspenderla, señaló la Corte Internacional de Justicia (CIJ), en una sentencia dada a conocer el 9 de julio de 2004, tras 142 días de deliberaciones, desde que el pasado 23 de febrero se iniciaron las audiencias en La Haya.  

    Aunque la sentencia, que leyó el juez chino Dhi Jiuyong, presidente de la CIJ, no es vinculante, sí tiene la “suficiente fuerza”, sobre todo de índole moral, y comparte el criterio de la casi totalidad de la opinión pública mundial acerca de que es una obra ilegal, indigna y humillante en pleno siglo XXI y que el gobierno israelí del Primer Ministro, Ariel Sharon, no debe continuarla bajo ningún concepto.  

    La decisión de la CIJ fue recibida con entusiasmo por la opinión pública mundial y con enorme júbilo por las autoridades y el pueblo palestino, pero el gobierno israelí la rechazó de inmediato señalando que no reconoce ninguna autoridad a ese Tribunal y que, por tanto, no la considera válida, mientras Estados Unidos apoyó al ejecutivo de Sharon porque “Israel tiene el perfecto derecho a defenderse del terrorismo palestino”.  

    De acuerdo con la información oficial, la CIJ decidió la sentencia por la abrumadora mayoría de 14 votos contra 1. Este último perteneció al juez Thomas Buergenthal, estadounidense, de origen judío.  

     “El muro que Israel construye en Cisjordania es ilegal, debe ser destruido y los palestinos indemnizados”, señala el fallo titulado “Implicaciones legales de la construcción de la barrera en tierras palestinas ocupadas”, añadiendo que “el muro es ilegal y obstaculiza la paz y el desarrollo social y económico en Palestina”.  

     Las audiencias de la CIJ comenzaron en La Haya el 23 de febrero de este año, y el jefe de la delegación palestina, Naser al Quidwa, expuso en esa oportunidad la posición de su gobierno señalando que “el muro no tiene nada que ver con la seguridad, ratifica la ocupación y la anexión de facto de grandes porciones del territorio palestino”, a la vez que “destruirá las esperanzas de la comunidad internacional en la solución que prevé dos Estados viviendo uno junto al otro”.  

    Israel no acudió a esa cita por no reconocer la autoridad de la CIJ, pero en una declaración escrita afirmó que “el procedimiento ante la Corte intenta procesar las medidas tomadas por Israel contra el terrorismo y no a los terroristas mismos”, y que “se concentra únicamente en la calidad de vida de los palestinos y no en el derecho a la vida de los israelíes”, posición que volvió a mantener al hacerse pública la sentencia.  

    La idea del gobierno de Sharon es la de construir un muro a lo largo de 800 kilómetros de 9 metros de alto, y lo justifica señalando que es un “medio para impedir la infiltración de suicidas palestinos en su territorio”. Hasta ahora ha construido 180 kilómetros y en junio pasado el Tribunal Supremo israelí no condenó la construcción en sí, pero pidió al ejecutivo acortarlo y tomar otras medidas, en un intento por buscar acallar las protestas internacionales por esa obra.  

    Como la sentencia constituye únicamente una recomendación, un portavoz del gobierno israelí declaró a la prensa que “no tendremos en cuenta una decisión que desde el primer momento se sabía iba a ser parcializada, porque parece ser que a la CIJ le interesa más la vida de los terroristas palestinos que la de los trabajadores de Israel”.  

    En el texto del fallo se indica que “Israel está bajo la obligación de acabar con sus violaciones del Derecho Internacional, cesando la construcción del muro construido en el territorio de la Palestina Ocupada, incluyendo la parte en torno a Jerusalén Este”, y la propia CIJ señala que “es competente para emitir su opinión consultiva”, aunque Israel insiste en que “está impregnada de contenidos políticos y no jurídicos”.  

    Además, el gobierno israelí dijo que como no reconoce la autoridad de esa Corte, se prepara para realizar una amplia campaña con la justificación de la construcción del muro, porque su único fin “es evitar la infiltración de kamikazes”.  

    El primer ministro Sharon ha venido diciendo insistentemente desde que comenzó la obra que ésta “no se detendrá porque constituye una medida de protección contra el terrorismo palestino” y que su gobierno está en la obligación constitucional de defender la vida y honra de sus propios ciudadanos.  

    Para justificarla, además, se remite a los datos estadísticos que a 31 de diciembre del año pasado se conocieron oficialmente y que señalan que desde el comienzo de la “Intifada” por parte palestina, el 29 de septiembre de 2000, las víctimas mortales israelíes ascendía a 900, de las cuales 400 murieron como consecuencia de los atentados suicidas, que se buscan evitar con el muro. Los heridos, por su parte, alcanzaron la cifra de 5.000.  

    Hasta esa misma fecha, la cifra oficial de palestinos muertos en las acciones militares  de Israel ascendía a 3.855 personas, en su gran mayoría civiles y de ellos 211 en los “denominados “asesinatos selectivos”, mientras los heridos y lesionados sumaban 37.862  y habían sido destruidas 4.727 casas en territorios palestinos.  

    La CIJ señala que la ilegal  obra es “una verja electrónica que en sus tramos urbanos se convierte en un muro de hormigón de hasta nueve metros de alto”,  y que la pregunta de las consecuencias del muro “no puede ser simplemente considerada una cuestión bilateral entre Israel y Palestina sino que concierne directamente a las Naciones Unidas”.  

    Junto con la Organización de Naciones Unidas (ONU),  la Comunidad Europea ha pedido la paralización y desmantelamiento del “muro de la vergüenza”, porque a juicio de la CE esa “valla de seguridad” –como eufemísticamente la denominó inicialmente Israel- constituye “una contradicción con la legislación internacional, porque hará físicamente imposible una futura solución de dos Estados” y porque “priva de servicios esenciales” a los palestinos.  

    En la Asamblea General de la ONU, celebrada el 4 de diciembre de 2003, se consideró que “dentro de los efectos negativos para la paz (en Oriente Medio) la construcción por el gobierno israelí de un `muro de separación` ponía también en peligro la “Hoja de Ruta”, el plan elaborado por Estados Unidos, La Comunidad Europea, Rusia y la propia ONU y que les fue entregado a los dos gobiernos el 30 de abril de 2003.  

    Esa “Hoja de Ruta” consta de tres fases, y la primera, que debía concluir el pasado 31 de diciembre no pudo ponerse en marcha, por lo que parece totalmente imposible que para el año 2005, cuando terminaba la tercera fase con la constitución del Estado Palestino y la fijación de fronteras, pueda quedar satisfecho, aunque todos los esfuerzos de los cuatro gestores y del mundo en general siguen encaminados a que se encuentren la solución pacífica a los problemas que afronta la zona.  

    La construcción de la obra, según la declaración que la CE aprobó durante su reunión del 17 y 18 de noviembre de 2003 en Bruselas, “podría prejuzgar futuras negociaciones y hacer físicamente imposible una solución de dos Estados” y porque va “a causar más dificultades humanitarias y económicas a los palestinos”.  

    Las posturas casi irreconciliables de israelíes y palestinos no parecen dirigirse hacia soluciones concretas y satisfactorias para la paz y muy seguramente la sentencia de la CIJ servirá de nuevo para agitar las peores pasiones de los dirigentes y los gobernantes  en su propósito de seguir obstaculizando una negociación leal.  

    Es casi seguro que Israel no acepte las presiones internacionales y que pase olímpicamente del fallo de la Corte porque ya se ha andado un largo camino en la construcción del “muro de la vergüenza”. Y es que tampoco los palestinos hacen nada a favor para evitar los problemas con su vecino y ocupante.

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