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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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Unas nuevas medidas, destinadas especial y concretamente para
luchar exitosamente contra el terrorismo, la principal plaga que soporta
actualmente Irak, le fueron concedidos al gobierno del Primer Ministro, Ayad
Alaui, porque”existe la urgente necesidad
de crear cierto clima en que podamos vencer las amenazas que
enfrentamos”, afirmó en Bagdad ante la prensa el 7 de julio de 2004,
el Ministro de Justicia, Malik Dohan
al-Hassan.
Con la aprobación de la Ley de Seguridad Nacional el gobierno
iraquí, que asumió el poder interina pero oficialmente el pasado 28 de
junio, después de entregarle Estados Unidos la soberanía tras la
guerra contra el criminal dictador Sadam Hussein,
autorizó a Alaui para que pueda decretar el
toque de queda en unas zonas específicas donde el terrorismo se está
haciendo fuerte, y para que la policía y el ejército realicen redadas
y registros de viviendas y de teléfonos.
La decisión gubernamental señaló que Alaui,
para poder poner en prácticas tales medidas, deberá contar con el
apoyo unánime de su gobierno y tener la aprobación de la autoridad
local si se van a aplicar en el Kurdistán,
una región que durante la época dictatorial de Sadam
Hussein estuvo permanentemente perseguida
por éste, todos los esbirros del régimen y totalmente marginada del
progreso.
Todas las medidas, en las que también se incluye que el Primer
Ministro podrá asignar gobernadores y mandos militares a zonas
específicas e imponer la ley marcial, no podrán durar más de 60 días
ni tampoco interferirán el proceso para la elección del nuevo gobierno
en enero de 2005 como tampoco el actual periodo de transición
democrática.
“Las actuales condiciones en Irak han llegado a tal punto que
son imposibles de tolerar”, declaró a la prensa el titular de
Justicia al-Hassan, quien destacó que los
controles que se impondrán con base a las medidas aprobadas,
únicamente servirán para “proteger los derechos humanos de los
iraquíes e impedirán que el gobierno se deslice a una dictadura”.
Ese combate tenaz contra los “insurgentes terroristas es
necesario porque ellos están amenazando la estabilidad del país”,
dijo el ministro al-Hassan, quien advirtió
que la lucha correrá a cargo de las fuerzas armadas y de policía
iraquíes, pues “sólo recurriremos a la intervención de tropas
extranjeras cuando los terroristas desborden a las fuerzas iraquíes”.
Actualmente en Irak el terrorista más buscado es el jordano Abu
Musab al-Zarkaui,
un sanguinario criminal, a
quien se señala como jefe de la banda asesina “Monoteísmo”,
apéndice de Al Qaeda, que opera en este
país, y quien el pasado 23 de junio amenazó con asesinar al Primer
Ministro, Ayad Alaui.
El 7 de julio hubo un atentado sangriento en cercanías de la residencia
del funcionario y el gobierno le atribuyó la autoría del mismo.
Este mismo día, una nueva organización, que no pertenece a
ningún grupo terrorista y que, al parecer, no está conformada por
mercenarios sino por iraquíes, amenazó a través de un vídeo en donde
aparecieron seis personas encapuchadas, con “dar muerte” al
sanguinario al Zarkaui y a quienes
“actúan con él, o le protegen”.
De acuerdo con lo informado por el gobierno, la insurgencia se ha
localizado en las zonas habitadas por la etnia de los “sunitas” en
Bagdad y en otras del norte y el oeste del país.
En el mismo momento en que se anunciaban la Ley de Seguridad, en
las propias calles de Bagdad se desarrollaron intensos combates entre
fuerzas iraquíes, estadounidenses y los terroristas que utilizaron
lanzagranadas contra las autoridades militares legítimas, con un saldo
de cuatro muertos y 20 heridos en la calle Haifa y otras aledañas, y
los cuales se prolongaron durante varias horas.
También por la mañana, como presintiendo que se iban a tomar
medidas contra ellos, los terroristas originaron tres explosiones en
distintos lugares de la ciudad dejando seis heridos, entre ellos una
mujer y su hija.
Alaui declaró a los periodistas,
tras esos gravísimos hechos, que “quiero asegurar a mi pueblo y a la
comunidad internacional que los criminales no sólo fracasarán sino que
desaparecerán”, a la vez que destacó que con la Ley de Seguridad el
gobierno cuenta con una “útil herramienta para combatir a los
criminales” porque, a su juicio, los iraquíes “ya están hartos de
soportarlos y de aguantar sus acciones terroristas”.
En general, la población iraquí recibió con “alegría y
beneplácito” esas medidas de emergencia y se mostró complacida
porque Alaui afirmó que “serán
utilizadas sin violar los derechos humanos y únicamente para acabar con
un terrorismo que está llenando de zozobra y muerte a Irak”.
Precisamente el ministro de justicia defendió la puesta en
marcha de la Ley de Seguridad y advirtió que “lo más importante de
todas las medidas que se consagran en ella,
es que el Primer Ministro debe actuar en todos los casos de acuerdo con
una orden emitida por un juez, a menos que se trate de una
emergencia”, porque Ayad Alaui
“estará vigilado por el sistema judicial” para evitar que “se
cometan injusticias”.
También el ministro de Derechos Humanos, Baktiar
Amín, uno de los autores de la Ley junto con su colega de justicia por
encargo del primer ministro, despejó cualquier duda acerca de un mal
uso de ella porque “vamos a vigilar muy de cerca su aplicación para
asegurarnos que respeta los derechos humanos y las libertades
públicas”.
El desafío de los terroristas continuó presentándose el 8 de
julio, cuando tres soldados estadounidenses resultaron muertos y otros
20 heridos durante un ataque en la localidad de Samarra
a un cuartel de la Guardia Nacional iraquí. En esta ciudad el
terrorismo a cargo de la etnia “suní”
se ha hecho fuerte. También en el sureste de Bagdad estalló un
coche-bomba, que las autoridades, en principio, atribuyeron a la misma
banda terrorista de una etnia que no es, ni mucho menos, mayoritaria en
Irak, pero que está dirigida por clérigos radicales y amigos de la
violencia y el terrorismo.
La nueva Ley de Seguridad permitirá al gobierno de Alaui
y que lo integra como presidente Ghaza
Mashal Ajil
al Yauar, dictar también medidas contra uno
de los clérigos terroristas más peligrosos del país, Múqtada
al Sáder, quien obliga a sus seguidores a
realizar atentados suicidas, mientras él acumula poder y dinero para su
propio beneficio personal. El pasado 5 de julio dijo que el actual
gobierno “no es legítimo” y pidió a los asesinos que le acompañan
que continuaran con sus actos criminales.
Aunque posiblemente las medidas que han sido puestas en marcha
por el ejecutivo de Alaui pueden limitar en
algunos casos algunas libertades, la situación de horror y violencia
que vive el país obligan a recurrir a ellas, porque fueron dictadas
dentro de un estado de derecho, y con el propósito de acabar con la
sangre que derraman los iraquíes por culpa
de terroristas como al Zarkaui y al Sáder,
los no muy numerosos nostálgicos del sanguinario Sadam
Hussein y los mercenarios que han llegado
hasta Irak. El nuevo gobierno está obligado a impedir la continuación de los desmanes y tiene todo el derecho para defenderse a través de medidas que, aunque puedan “parecer duras”, son las “justas y necesarias” para proteger a sus propios ciudadanos de unos avezados y fanáticos criminales. La justicia tiene que brillar y los terroristas deben ir a parar a las cárceles o acabar en las tumbas. No hay ninguna otra opción. |