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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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El Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA) continúa
siendo uno de los más peligrosos y letales en el mundo, pues durante el
año 2003 un total de 4.8 millones de personas contrajeron el virus y
otros 2.9 millones murieron, señaló el informe del Programa
de Prevención de la Organización de Naciones Unidas contra el
Sida (ONUSIDA) correspondiente a 2003, dado a conocer oficialmente en
Ginebra el 6 de julio de 2004.
De ese total de muertos, 120.000 personas fallecieron en América
Latina y el Caribe, pero el África subsahariana continuó siendo la
región más afectada del mundo, dijo a la prensa el director de ONUSIDA,
Paul De Lay, al presentar el informe. En esas dos regiones del Nuevo
Continente, además, otras 250.000 se infectaron durante el año pasado
y los enfermos superaron la cifra de los dos millones.
Estas cifras fueron superiores a las registradas durante el año
2002 cuando fallecieron 100.000 personas y otras 210.000 se contagiaron
y la cifra total de infectados alcanzó a 1.9 millones.
Las personas infectadas por el SIDA continuaron aumentando
considerablemente en todos los países del mundo y, según ONUSIDA, al
finalizar el año pasado se calculaba, con un gran fundamento y cifras
bien determinadas, que 37,8 millones de seres humanos lo estaban. Para
la Agencia de la ONU, la causa primordial para que se registre ese
aumento es atribuible, “en parte, a las limitaciones de los programas
de prevención”.
De Lay expuso que entre las “situaciones más graves” para el
aumento de la enfermedad están la alta prevalencia del SIDA “entre
las jóvenes embarazadas en el África subsahariana y la diseminación
de la epidemia en Europa Oriental y Asia Central” como causa del
“consumo de drogas inyectables”.
También las relaciones homosexuales siguieron siendo las de
mayor incidencia para el aumento de los porcentajes de la pandemia y en
numerosos países ricos ellas “jugaron un papel importante en la
propagación de la epidemia durante el año 2003”, siendo responsables
del 25 por ciento de las infecciones registradas en América del Norte,
y especialmente en Estados Unidos donde los “gay” agrupan ya a
millares de personas.
Fue precisamente en la ciudad norteamericana de San Francisco en
donde en 1981 se descubrió el primer caso de SIDA en un homosexual, y
desde esa fecha en todo el mundo han muerto más de 20 millones de
personas tanto de los grupos “gay” como de heterosexuales, pero
especialmente del primero.
En el África subsahariana están localizados casi 27 millones de
personas infectadas por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), de
acuerdo con la denuncia que hizo ONUSIDA el 25 de noviembre de 2003. En
esa región, además, el número de muertos fue, hasta finales del mismo
año, de 2.3 millones de seres humanos.
La incidencia del SIDA alcanza tanta trascendencia, que se
considera que para el año 2010 existirán en el África subsahariana
un total de 20 millones de niños huérfanos, si no se empieza
rápidamente a utilizar tratamientos adecuados con antirretrovirales,
según la conclusión de la Conferencia de Durban (Sudáfrica) sobre la
enfermedad, que finalizó el 5 de agosto de 2003 y que, de acuerdo con
los nuevos datos, no han sido puestos en prácticas con la urgencia que
la pandemia requiere para evitar su continua propagación.
De acuerdo con el informe de ONUSIDA, para el próximo año se ha
destinado a la lucha contra la enfermedad un total de 6.000 millones de
dólares pero la realidad es otra y las necesidades son tan grandes que
se requieren, como mínimo, doce millones de dólares.
En América Latina y el Caribe el más afectado es Haití, el
país más pobre de ese continente, y que tiene enferma al 5,6 por
ciento de su población total. Es uno de los países con menos
expectativas de vida (52 años) y de acuerdo con ONUSIDA, uno de cada 20
habitantes tiene la enfermedad y no menos de 30.000 mueren anualmente a
consecuencia de ella.
Argentina, por su parte, tiene al 24 por ciento de sus
homosexuales varones con VIH y en la mayoría de los países del Sur del
Continente –Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay- “casi
todas las infecciones están causadas por equipos de inyección de
drogas contaminadas o por relaciones sexuales entre varones”, indica
el informe.
Esas relaciones “sexuales entre varones” constituyen la vía
predominante de transmisión, especialmente en Colombia y Perú, y en
Bogotá, la capital colombiana –según el informe- el 18 por ciento de
los integrantes de este grupo homosexual es VIH positivo y muy pocos
“usan preservativos” para evitar los contagios.
ONUSIDA destacó en su informe correspondiente a 2003 que en
Perú se comprobó, a través de una encuesta realizada entre personas
de 18 a 29 años, que el 9 por ciento de los hombres declaró que, por
lo menos, una de sus tres últimas parejas sexuales había sido un
varón y que “en el 70 por ciento de los casos no habían usado
preservativos”.
La incidencia del VIH en Centroamérica va del 9 por ciento en
los varones en Nicaragua, al 10 por ciento en las prostitutas de
Honduras, porcentaje este último que se extiende a todas las mujeres
que ejercen esa actividad en
el resto de países de esa subregión
–Costa Rica, El Salvador, Guatemala y Nicaragua-, mientras que en la
región del Caribe se destaca positivamente Cuba porque el porcentaje es
inferior al uno por ciento de su población.
Los infectados que reciben los medicamentes anti-VIH
en América Latina y el Caribe muestran
cifras muy diferentes, pues en algunos países alcanzan al 75 por ciento
mientras en otros únicamente llegan al 25 por ciento.
El informe de ONUSIDA dice que en Brasil, que es el país de la
zona que cuenta con más población (más de 130 millones de
habitantes), vive uno de cada cuatro infectados de la región y que
gracias a los programas de prevención que se desarrollan en él, la
incidencia nacional de VIH positivos “es muy inferior al uno por
ciento”, aunque existen “niveles de infección superiores al 60 por
ciento entre consumidores de drogas intravenosas de algunas ciudades”.
El 5 de abril de 2004, ONUSIDA se mostró entusiasmado porque el
Banco Mundial (BM), la Fundación Clinton,
El Fondo Internacional de Ayuda a la Infancia (UNICEF) y Globan
Found, firmaron un acuerdo para crear el
acceso a “tratamientos de alta calidad a los precios más bajos
disponibles en varios casos por menos de la mitad de los que están en
vigor”, con lo cual al menos 100 países pobres del mundo en
desarrollo se iban a beneficiar directamente.
Actualmente en 16 países de África y el Caribe rigen ya los
precios reducidos, “con excelentes resultados”, lo que “ha
facilitado agilizar los tratamientos e, incluso, extenderlos a otros
núcleos de población que estaban desamparados debido a los altos
costos de los medicamentos”.
Al presentar el informe, el director del ONUSIDA dijo que
actualmente una de cada 5 personas tiene acceso a servicios de
prevención, pero que únicamente el 7 por ciento de los portadores del
virus en los países pobres “tienen acceso a medicamentos antirretrovirales”.
Para ONUSIDA, “las epidemias no saldrán derrotadas hasta que
los países no acepten las realidades del consumo de drogas intravenosas
y de la relaciones sexuales entre varones”, por lo que a su juicio,
“estigmatizar y negar tales comportamientos sólo puede favorecer las
epidemias silenciosas en curso”.
El problema adquiere más gravedad, dada la trascendencia e
importancia que cada vez se le está dando en el mundo a los
homosexuales, indudablemente el grupo
con más incidencia transmisora de la pandemia.
Puede decirse que el “orgullo gay” se está extendiendo
como la marabunta y que con él, el VIH también adquiere unas
peligrosas dimensiones, lo que puede originar que antes de 10 años no
menos de 50 millones de seres humanos estén infectados, según los
cálculos de organismos como el ONUSIDA, la Organización Mundial de la
Salud, UNICEF y diferentes gobiernos. ¿La permisividad de gobiernos
complacientes dejará que cada vez haya más muertos por SIDA? |