ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



LA BELLA Y TENAZ BATALLA DE PUERTO RICO EN DEFENSA DEL IDIOMA (1)
 
    Desde el mismo momento en que Puerto Rico pasó al dominio de Estados Unidos, tras la victoria del Imperio en la guerra Hispano-Americana que expulsó a España definitivamente de América en 1898, sus habitantes iniciaron la más bella y tenaz batalla para defender su idioma y su cultura maternas, y 104 años después, esa lucha continúa con el mismo coraje e igual ilusión.
 
    El 25 de julio de 1898 las tropas estadounidenses al mando del general Nelson A.Miles invadieron a través de la población de Guánica, la Isla de 8.897 kilómetros cuadrados, descubierta el 19 de noviembre de 1493 por el Almirante Cristóbal Colón, durante su segundo viaje a América.
 
    El Descubridor llegó en esa fecha a la entonces conocida como Isla Borinquen, a la que llamó San Juan Bautista, que en 1521 cambió de nombre y recibió el de Puerto Rico, y su capital fue bautizada como San Juan.
 
    Antes de aquella invasión, el 12 de mayo de 1898, la escuadra norteamericana de guerra bombardeó San Juan, como primer paso para obligar a España a entregar ese territorio.
 
    Puerto Rico, en 1897 gozaba ya de un "régimen autonomista político" de la Corona española, y el  9 de febrero de 1898 constituyó su primer gobierno, presidido por Francisco Mariano Quiñones, pero la victoria estadounidense contra Cuba hizo que la Isla fuese entregada como "botín de guerra" y que el 11 de abril de 1889, por el Tratado de París, pasara a ser un dominio de la Potencia.
 
    El pequeño territorio de la Isla, la más densamente poblada de las Antillas Grandes, que sus habitantes, con orgullo, denominan "País", y  no han dejado que nunca  se le imponga el inglés como "única lengua", a pesar de los intentos de unos pocos, que en alguna ocasión tuvieron en sus manos el poder, como fue el caso del ex gobernador Pedro Roselló, un médico educado en Estados Unidos.
 
    También con el idioma y la cultura vernáculas, Puerto Rico ha enfrentado una batalla, algunas veces silenciosa, en otras con multitudinarias demostraciones, y esa gran defensa, sin pausas, sin treguas, sin concesiones, ha evitado que Estados Unidos, el superpoderoso y prepotente Imperio, imponga su "propia cultura" y arrase con la  establecida y arraigada en la Isla desde hace 509 años.
 
    Puerto Rico posee un amplio bagaje cultural hispano y sus habitantes defienden con inocultable firmeza su lengua materna, dentro de una situación mucho más meritoria, teniendo en cuenta la proximidad y omnipresencia de la cultura anglosajona y que la lengua española ha estado cercada por la inglesa  en el turismo, la economía, la ciencia y la técnica. La prensa, por una mayoría aplastante, se publica en español. Y tampoco se ha dejado seducir.
 
     "El español se ha convertido en la máxima seña de identidad para el pueblo puertorriqueño, que lo considera innegociable", según el director de la Casa de Puerto Rico en  España (Capre), el diplomático, escritor y académico, Ramón Darío Molinary, uno de los grandes luchadores de esa causa en América y Europa.
 
    Esa "batalla" en defensa de la cultura y el idioma españoles tiene, desde luego, antecedentes históricos que son necesarios señalar, para un mayor conocimiento del esfuerzo de los puertorriqueños por impedir perder algo que es "tan suyo".
 
    El español les permite entenderse sin problemas idiomáticos con el mundo hispano, y lo hablan sus 3,7 millones de habitantes, incluso sus más recientes generaciones, y el 95 por ciento de ellos lo prefiere como "único idioma oficial".
 
    Estados Unidos impuso el 21 de febrero de 1902 el idioma inglés como una forma de garantizar la autoridad de la Potencia en un territorio de habla hispana, y no puede decirse que ambas lenguas "cohabitaron", porque siempre la española, antes y ahora, mantuvo su predominio.
 
    En 1912 hubo otro intento para que se declarara al español "único idioma oficial" cuando los maestros reclamaron que se enseñara en todas las escuelas oficiales del país, y una de sus máximas figuras, el político e independentista José de Diego, presentó en 1915 ante la Cámara de Delegados una petición en el mismo sentido.
 
    Mariano Villaronga, Comisionado de Educación, estableció en 1949 el español como "vehículo de enseñanza" en los centros escolares, para expresar así un rechazo a que el inglés fuese el "único idioma oficial", durante el gobierno que presidió uno de los más afamados líderes  políticos y cívicos, Luis Muñoz Marín. 
 
    "El español es el idioma de las Cortes Puertorriqueñas", según determinó el Tribunal Supremo de la Isla en 1965, y el 5 de abril de 1991 se dio el gran paso cuando el entonces gobernador Rafael Hernández Colón, designó la "oficialidad única del idioma español", ante el regocijo de los puertorriqueños, que salieron a las calles para exteriorizar su alegría y beneplácito.
 
    Esta defensa de la "lengua vernácula" hizo que Puerto Rico recibiese una de las mejores distinciones de su historia, al ser galardonado con el Premio "Príncipe de Asturias" de las Letras en 1991, que entregó en octubre de ese año el Heredero de la Corona Española.
 
    Uno de los escritores y poetas puertorriqueños más destacados y brillantes, el ya fallecido José Ramón Piñeiro,  defensor permanente para que esa lengua fuese oficial en la Isla, afirmó con rotundidad: "Todo lo que se haga para mejorar la imagen de Puerto Rico es importante, porque en la Isla se habla y se piensa en español".
 
    La lengua predominante, sin embargo, recibió un "fuerte golpe", que los propios puertorriqueños evitaron, y lo siguen haciendo, que fuese de completa índole mortal, cuando el Legislativo, el 25 de enero de 1993, lo derogó como "único idioma oficial",y el gobernador Roselló, tres días después, ratificó esa ley. Otra vez, ambos idiomas volvieron a emparentarse. Pero el inglés sigue siendo, afortunadamente, el "pariente pobre".
 
    El idioma, la cultura, la soberanía olímpica, "son innegociables para los puertorriqueños, contrarios al ´english only´", dijo en Madrid, el 6 de noviembre de 1997, la juez asociada del Tribunal Supremo de la Isla, Miriam Naveira de Rodón.

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