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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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COLOMBIA: TERRORISTAS CONTRA LA IGLESIA
CATOLICA
La Iglesia Católica, mayoritaria en Colombia,
donde el 95 por ciento de sus 41 millones de habitantes
pertenece a ella, se está viendo continuamente atacada por
miembros de la banda terrorista Fuerzas Armadas Revolucionarias
de Colombia (Farc), cuyo último golpe fue el secuestro
del presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM),
obispo Jorge Enrique Ramírez, y de un sacerdote.
Esta acción, ejecutada el 11 de noviembre, y
criticada por el Papa Juan Pablo II y por diversos gobiernos e
iglesias del mundo, fue realizada por el frente "Policarpa
Salavarrieta" de las Farc, precisó el ejército colombiano, y se
une a otras similares e, incluso, criminales, contra prelados
católicos.
El Papa, en mensaje enviado al cardenal
colombiano y obispo de Bogotá, Pedro Rubiano Sáenz, manifestó su
"profundo dolor" por el doble secuestro, expresó su solidaridad
a la Iglesia colombiana a la que animó a "proseguir con
generosidad su servicio al Evangelio y al pueblo".
Jiménez, que también es obispo de Zipaquirá,
población situada a 45 kilómetros de Bogotá, y en donde existe
una de las modernas "maravillas del mundo", la Catedral de Sal,
fue secuestrado junto al párroco de la población de Pacho -a
unos 60 kilómetros de Bogotá-, sacerdote Desiderio Orjuela,
cuando se dirigían a una vereda para realizar las confirmaciones
de varios jóvenes, el pasado lunes.
Según el conductor del vehículo donde
viajaban, que fue liberado posteriormente, dos hombres armados
interceptaron el coche y obligaron a los dos prelados a
internarse en el monte.
Jiménez, de 60 años, ejerce la presidencia
del Celam, organismo del cual también fue secretario entre
1995-1999 y ha sido designado por el Papa como miembro del
Pontificio Colegio para la Pastoral de la Salud y del Comité del
Gran Jubileo del año 2000.
El sacerdote Orjuela, de 65 años, es el
párroco de una provincia rica en ganadería y agricultura, Pacho,
en la que muchos años antes, a principios de la década de los
90, imperó el terror originado por el jefe narcotraficante
Rodríguez Gacha, alias El Mexicano, abatido por la fuerza
pública.
El cardenal Rubiano Sáenz, que es también
presidente de la Conferencia Episcopal Colombiana, pidió a los
terroristas la inmediata liberación de los plagiados y les
advirtió que incurrieron en "una grave pena canónica que rompe
la comunión con la Iglesia Católica", lo que implica que quedan
excomulgados.
Estados Unidos, a través del portavoz del
departamento de Estado, Richard Boucher, lamentó el plagio y
deploró la "campaña de secuestros por parte de grupos armados
contra figuras religiosas y del gobierno".
Señaló Boucher que este "cobarde secuestro
demuestra, una vez más, la falta de consideración que tienen
estos grupos hacia los derechos humanos más básicos".
Francia, por su parte, condenó "enérgica y
solemnemente" este doble secuestro y a través del portavoz del
ministerio de Asuntos Exteriores, Francois Rivasseau, expresó
que "este nuevo acto de violencia golpea a uno de los más altos
responsables del la iglesia colombiana y latinoamericana".
El cardenal arzobispo de Santiago de Chile,
Francisco Javier Errázuriz, viajó a Bogotá para asumir la
presidencia interina del Celam, ya que desde 1999 es su
vicepresidente.
La campaña de los terroristas contra la
Iglesia Católica se ha saldado con el secuestro de cuatro
obispos (los de Tibú, Arauca, Ariari y ahora el de Zipaquirá);
los asesinatos de un arzobispo (el de Cali, monseñor Isaías
Duarte Cancino, en marzo pasado); el obispo de Arauca, Jesús
Emilio Jaramillo Monsalve, 43 sacerdotes, entre ellos José Luis
Cárdenas, ocurrido el pasado mes, dos religiosos y dos
misioneros, desde el 2 de octubre 1989 cuando miembros del
Ejército de Liberación Nacional (Eln) mataron a Jaramillo.
Esa situación de violencia se ha extendido al
secuestro del párroco de Pacho y de otros ocho sacerdotes y al
de un misionero, y a las amenazas contra ocho obispos, tres
religiosas, doce sacerdotes.
La campaña contra la Iglesia se considera en
círculos eclesiásticos y políticos colombianos "fuera de toda
lógica", dado el apoyo que la jerarquía ha prestado a los grupos
terroristas para que se involucren en las conversaciones y
negociaciones de paz, especialmente por parte del anterior
presidente de la Conferencia Episcopal monseñor Alberto Giraldo
que, inclusive, se entrevistó con el jefe de las Farc, Pedro
Antonio Marín, alias "Manuel Marulanda" o "Tirofijo".
Giraldo, de momento, no se ha pronunciado
sobre este nuevo hecho violento contra miembros de la Iglesia,
aunque recientemente se mostró partidario que el gobierno del
presidente colombiano, Alvaro Uribe Vélez, reiniciara
"negociaciones de paz" con los terroristas de las Farc.
El cardenal Giovanni Batista Re, presidente
de la Comisión Pontificia para América Latina, al condenar el
secuetro hizo un llamamiento a los terroristas responsables del
"tan execrabel hecho respeten la vida, la libertad, la dignidad
humana y el ministerio" de Jiménez y Orjuela.
Entre tanto, el comandante de la XIII Brigada
del Ejército, general Carlos Alberto Ospina, confirmó que el
obispo de Zipaquirá estaba amenazado por los terroristas y que
se ha dispuesto una recompensa de 20.000 dólares para quien dé
informaciones que permitan rescatar a los secuestrados.
La catedral de Zipaquirá y su plaza principal
se llenaron el mismo lunes y el martes de gentes que protestaban
por el doble secuestro y pedían a Dios por el regreso de su
obispo y del párraco de Pacho, mientras el gobierno colombiano
expresaba su "indignación" y el presidente Uribe ordenó una
búsqueda continua para localizar con vida a los secuestrados y
capturar a los terroristas.
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