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| ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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Una nueva moda recorre América Latina: la de
“apretarse el cinturón”, y muchos de los Jefes
de Estado no quieren que únicamente sea el
“pueblo llano” el que cada día tenga que
soportar la carestía y la debilidad de sus salarios
y en un “ejemplo de austeridad” han decidido
“rebajarse el sueldo”, aunque no están exentos
de críticas por esa decisión.
En muchos de los países en donde el
“recorte del salario presidencial” entró en
escena han aparecido adversos comentarios, no por la
medida en sí, que consideran buena, sino porque
dirigentes políticos, comentaristas de prensa y
trabajadores en general, la califican de
“demagógica” porque, además, fue anunciada con
“bombos y platillos”, como queriendo significar
que los mandatarios “piensan en las necesidades
del pueblo”, lo que un dirigente sindical
calificó como una “premeditada farsa”.
Los presidentes que se han rebajado sus
salarios no deben pensar que lo han hecho como un
“acto propagandístico” y, antes por el
contrario, que corresponde a una “decisión
lógica y justa ante la difícil situación que
existe en sus respectivos países”. Pero ya
algunos comentaristas de prensa y radio han puesto
sobre el tapete una pregunta envenenada: “¿No es
mejor tener mejores salarios, así sean elevados,
para evitar casos de corrupción?” Porque,
desafortunadamente, la corrupción tiene en América
Latina cotas muy elevadas.
La deuda externa regional supera actualmente
los 130.000 millones de dólares, de acuerdo con
cifras de la Comisión Económica para América
Latina y el Caribe (CEPAL) y una gran mayoría de
sus países han caído en la recesión o su
crecimiento económico no ha sido bueno. Eso ha
determinado que los salarios no crezcan a un ritmo
adecuado o, simplemente, que estén “congelados”
desde hace varios años.
Como consecuencia de esos malos resultados
económicos, Argentina, Ecuador, Venezuela, entre
otros países, han sido testigos de manifestaciones
y estallidos sociales, porque sus gentes han visto
disminuidos sus ingresos reales, aumentado el costo
de vida, y un elevado porcentaje de trabajadores han
sido “puestos en las calles” por
reestructuraciones o cierres de empresas, que los
han conducido directamente al paro o desempleo,
algunos de ellos con unas “pobrísimas
indemnizaciones” o, en muchos casos, sin ellas.
Los presidentes latinoamericanos tienen un
salario promedio de 6.300 dólares mensuales, cifra
que millones de sus habitantes no alcanzan a ganar
nunca o si lo consiguen tienen que dedicar más de
tres cuartos de su vida laboral para obtenerlo. De
allí las descompensaciones existentes con los
sueldos de los mandatarios. En América Latina hay
gente que tiene que vivir con menos de un dólar al
día.
El más reciente Jefe de Estado, Néstor Kichner,
que asumió el mando el
25 de mayo en Argentina, y que de un 22,24 por
ciento de votos que obtuvo en la primera vuelta
–celebrada el 27 de abril- cuenta ahora con un
respaldo del 70 por ciento por sus primeras
actuaciones como gobernante, dispuso una rebaja
sustancial de sus ingresos, que los fijó en 1.052
dólares mensuales. Fue un recorte cercano al 70 por
ciento.
Su colega peruano, Alejandro Toledo,
que asumió el poder ganando 18.000 dólares
mensuales, lo rebajó tres meses después a 12.000
tras las críticas recibidas, incluso de sus propios
electores, y el 13 de junio de 2003 volvió a
disminuirlo para colocarlo en 8.400 dólares/mes; en
Costa Rica, el presidente Abel Pacheco, dispuso
rebajarse el sueldo en un 50 por ciento y ahora gana
3.000 dólares mensuales cuando antes tenía un
ingreso salarial de 6.000.
Vicente Fox,
presidente de México, es uno de los “mejor
pagados” y a pesar de ser una persona con gran
capacidad económica desde muchos años antes de
asumir este cargo, ahora se embolsa 14.000 dólares
mensuales, los mismos que gana, por ejemplo, el
primer ministro británico, Tony
Blair. Y México
también afronta dificultades económicas y cuenta
con un alto nivel de pobreza.
El ex trabajador metalúrgico Luis Inácio
da Silva (Lula), que comenzó su mandato como
presidente de Brasil el primero de enero de 2003,
tiene un salario equivalente a 3.300 dólares,
mientras su colega boliviano, el multimillonario
Gonzalo Sánchez de Lozada,
que gobierna ese país por segunda vez, renunció a
percibir su sueldo de 3.000 dólares/mes, luego de
soportar una difícil situación socio-laboral, que
se expresó con manifestaciones, enfrentamientos de
comunidades indígenas y de trabajadores con las
fuerzas militares y de policía y con otros y
diversos incidentes.
Respecto a los sueldos que ganan los
presidentes de Cuba, Fidel Castro, Ecuador, Lucio
Gutiérrez, y Venezuela, Hugo Chávez, los
respectivos ministerios de Hacienda se abstuvieron
de divulgarlos, señalando en los tres casos,
coincidencialmente, que “es un asunto
reservado”.
Sin embargo, el presidente de Nicaragua,
Enrique Bolaños, es el “mejor pagado” y con
amplia diferencia sobre todos los Jefes de Estado,
pues sus ingresos mensuales suman 19.300 dólares,
repartidos en 10.700 como mandatario y 8.600 de una
pensión vitalicia por haber sido vicepresidente. El
mayor salario, pero eso sí en
todo el continente americano, corresponde al
presidente de Estados Unidos, George
Bush, que se eleva a
33.000 dólares mensuales.
Nicaragua es uno de los países más
paupérrimos en salarios de la región
centroamericana, y según un informe sindical,
recogido por los medios de comunicación, la pobreza
alcanza al 70 por ciento y el desempleo o paro es
uno de los más elevados: el 54 por ciento de la
población con capacidad de trabajar no tienen donde
hacerlo.
El salario que gana Bolaños, según la
emisora “La Primerísima”
es tres veces mayor que el de sus colegas
centroamericanos de Costa Rica, El Salvador,
Guatemala y Honduras. La periodista Azucena Castillo
pidió al mandatario, a través de un programa en
esa emisora, “cordura con la realidad de un país
que anda buscando como sobrevivir”, pero el
presidente no ha expresado ningún interés para
rebajarlo, aunque diariamente aumentan las críticas
por “el elevado sueldo que percibe”.
Los presidentes que se han rebajado sus
salarios han recibido, por esa causa, mayoritarios
aplausos en sus respectivos países, porque aunque
son los máximos mandatarios y tienen una elevada
responsabilidad, también deben “pensar en las
dificultades que atraviesa la gran mayoría de las
gentes que gobiernan y que, en general, no aciertan
a comprender por
qué existen esas abismales diferencias en los
sueldos”.
Pero el asunto no puede circunscribirse,
únicamente, a una rebaja del sueldo presidencial
sino a la adopción de programas sociales y
económicos que permitan crear empleo, que
garanticen salarios justos para todos y que haya
mejoría en campos tan esenciales como la salud, la
educación y la vivienda, entre otros, para que en
América Latina pueda decirse en poco tiempo que ha
nacido y se ha consolidado un estado de bienestar. |