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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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El huido ex presidente peruano Alberto Fujimori,
sobre quien existe una orden internacional de
captura, será procesado nuevamente por la justicia
de su país por los presuntos delitos de colusión
ilegal y asociación ilícita para delinquir en
agravio del Estado, anunció el magistrado José
Luis Lecaros.
El magistrado dictó una nueva orden de
detención contra el ex mandatario por haber
dispuesto irregularmente
la compra de medicinas y tractores chinos a
lo largo de su gestión
entre los años 1990-2000, por lo que también
decretó el embargo preventivo de sus bienes por
14,5 millones de dólares.
Con esta decisión del Vocal Supremo, el ex
mandatario que huyó de Lima en noviembre de 2000 y
se radicó en Japón, en donde obtuvo la
nacionalidad –por ser descendiente de japoneses-,
tiene abiertos ya en Perú siete procesos penales
por diversos delitos que pueden llevarlo a penas
superiores a los 50 años de prisión.
La justicia peruana le persigue por el delito
de lesa humanidad como autor intelectual por las
matanzas de Barrios Altos de Lima, en diciembre de
1991, y la Universidad de Cantuta, en julio de 1992,
en donde fallecieron 25 personas; abandono del cargo
de presidente de la república al refugiarse en Japón
y enviar su dimisión a través de un fax; la
indemnización de 15 millones de dólares que entregó
a su ex asesor Vladimiro Montesinos, quien se
encuentra detenido y ya ha sido condenado en dos de
los numerosos juicios que tiene pendientes.
También Fujimori
está procesado por el pago ilegal a políticos y
congresistas para que se pasaran desde la oposición
a su partido; el allanamiento a la vivienda de
Montesinos; intercepción telefónica a los
opositores a su gobierno y, finalmente, la compra
ilegal de medicinas y tractores chinos.
La larga carrera delictiva de Fujimori
mientras desempeñó el cargo de presidente, es
igual de comparable a la de Montesinos, considerado
el “Rasputín” del régimen,
quien se apoderó de más de 6.000 millones de dólares
como jefe del Servicio de Inteligencia Nacional
(SIN). En uno de sus juicios, Montesinos acusó a su
otrora jefe y aliado, de haberse apoderado de buena
parte de ese dinero y de utilizarlo en su propio
beneficio.
Lecaros informó
que su argumentación jurídica está fundamentada
en la denuncia que formuló la Fiscal General de la
Nación, Nelly Calderón, por la que precisó que Fujimori
conformó con el ex ministro de Economía Víctor Joy
Way, “una organización
que dispuso la adquisición irregular de medicinas,
módulos y tractores a seis corporaciones chinas por
más de 191 millones de dólares”, sin existir
siquiera una licitación.
Calderón en su denuncia también señaló
que esas compras se efectuaron sin un estudio técnico
previo y sin haber sido incluidas en los
presupuestos generales del Estado, mediante
“decretos de urgencia” expedidos durante la década
en que estuvo al frente de la presidencia peruana.
Pero el asunto tiene un trasfondo mayor: ni
las medicinas ni los tractores llegaron a los
ministerios que supuestamente intervinieron en las
compras, los de Educación, Agricultura y
Presidencia, porque pasaron a poder de la Casa
Militar de Palacio, y nadie sabe ni conoce el uso
que se les dio durante esos largos años.
A principios de marzo, el periodista Carlos Raffo,
uno de los beneficiados ilegalmente por el régimen
“fujimorista”,
anunció que el ex presidente se proponía regresar
a Perú “a responder una por una las acusaciones
que pesan en su contra”, y que estaba dispuesto a
participar en la campaña electoral de 2006 con el
propósito de “ser nuevamente presidente de Perú”.
Hasta la fecha del anuncio de Raffo,
Fujimori tenía abiertos
tres procesos en la Corte Suprema de Justicia, y
nadie cree en Perú que pretenda regresar, ya que de
inmediato sería capturado. Incluso, si abandona Japón,
la INTERPOL tiene la orden de detenerle.
Por no existir un tratado de extradición
entre Perú y Japón, el gobierno del presidente
Alejandro Toledo no puede solicitar al japonés la
entrega de Fujimori, y
únicamente la justicia del país suramericano
espera que abandone Tokio, donde reside y salga de
las fronteras del país asiático, para que
inmediatamente se le detenga.
Fujimori se
convirtió en un “fenómeno sorpresivo” cuando
sin ser una persona conocida como político, pues se
desempeñaba como empresario, se lanzó al “ruedo
electoral” para enfrentarse al escritor derechista
Mario Vargas Llosa, que tampoco despertaba interés
y simpatía en Perú, en los comicios de 1990, que
ganó ampliamente.
Dentro de su gobierno sostuvo una larga lucha
con el grupo terrorista “Sendero Luminoso”, al
que desarticuló cuando se detuvo a su jefe Abigail
Guzmán, y alcanzó la paz con Ecuador por litigios
fronterizos, pero posteriormente se unió a otra
persona sin escrúpulos como Montesinos, antiguo
capitán del ejército y un mediocre abogado,
formando una “pareja corrupta”, como lo ha señalado
la justicia peruana, y por lo cual se han derivado
los siete juicios que ahora tiene pendientes.
“Tarde o temprano pagará por sus
delitos”, dijeron el magistrado Lecaros
y la Fiscal Calderón, y en una reciente encuesta
celebrada en Perú, una amplia mayoría cercana al
90 por ciento, incluyendo en ella a varios “ex fujimoristas”,
opinó que debe ser “procesado y castigado” y,
además, “obligado a devolver lo que se robó”. En Perú se le considera un fugitivo y es difícil que con los cargos que afronta y con una justicia que ya no está integrada por personas allegadas y nombradas por él y a las que favoreció, incluso con dinero, como lo ha denunciado en varias oportunidades la prensa de ese país, esté dispuesto a regresar, a pesar de su desmedida ambición por volver a la Jefatura del Estado. |