|
ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
|
|
|
El otrora poderoso “Rasputín”
peruano Vladimiro Montesinos no gana para sustos y
cada vez la justicia de su país no sólo le condena
a varios años de prisión sino que le exige, como
ahora en un nuevo juicio oral, una millonaria
indemnización económica al Estado, equivalente a
142 millones de dólares, más una fuerte pena de
cárcel.
Para Montesinos esa suma puede ser
“insignificante” ya que durante los diez años
en que fue el “capo” de la corrupción en Perú
junto al ex presidente Alberto Fujimori,
logró sacar más de 6.000 millones de dólares,
ingresados en bancos extranjeros. Una entidad
bancaria de Suiza devolvió al gobierno peruano una
importante suma que el antiguo capitán del
ejército tenía depositada en ella, y que superaba
los 1.000 millones de dólares.
La justicia peruana considera probado, y así
lo demostró a través del Fiscal Superior, Pablo
Sánchez, que Montesinos “robó al erario
público” la cantidad de 25.000 dólares para
financiar en 1998 la campaña a la alcaldía del
distrito limeño de Miraflores
de Luis Bedoya de
Vivanco, uno de los beneficiados del huido ex
presidente Fujimori, que
gobernó Perú entre los años 1990-2000, pero no
terminó su último periodo precisamente porque su
antiguo “asesor presidencial” fue capturado, y
al empezar a “cantar” la corrupción de su
régimen y su participación en ella, huyó a Japón
en noviembre de 2000.
Además de la elevada indemnización, el
Fiscal Sánchez ratificó, el 8 de mayo, su
solicitud para condenar a Montesinos a ocho años de
prisión por esa “ilegal financiación”. Ya en
un anterior juicio oral, Sánchez pidió para este
siniestro personaje, y así se le concedió, una
pena de cinco años y cuatro meses de cárcel y el
pago de una “reparación civil” de 142.000
dólares por “tráfico de influencias”.
Efectivamente, en marzo pasado, Montesinos
fue condenado a esa pena, que está purgando en la
prisión de la Base Naval del puerto limeño de El
Callao, a donde se le trasladó tras ser capturado
en Caracas en octubre de 2000 y entregado por el
gobierno venezolano un mes después. También, en un
anterior juicio, se le condenó a otros nueve años
de cárcel por usurpación de funciones en el
Servicio de Inteligencia Nacional (SIN).
Su larga carrera delictiva, cometida mientras
era el “hombre fuerte” de Fujimori,
que también está acusado de varios delitos,
le tiene sometido a permanentes juicios por
tráfico de influencias, narcotráfico, usurpación
de funciones, lavado de dinero, peculado, asesinatos
y compra de dirigentes políticos.
Hasta ahora tiene condenas firmes por
catorce años y cuatro meses y si se le aplica la
pena solicitada por el Fiscal en este nuevo juicio,
pasarían a ser de 22 años y cuatro meses. Y
todavía le faltan muchos juicios por otros delitos.
De acuerdo con las acusaciones que pesan sobre él,
es posible que tengan que purgar, como mínimo, 50
años de cárcel, según estiman la Fiscalía
Superior y diversos abogados convertidos en
acusaciones públicas.
Este nuevo juicio, por el delito de peculado
(uso indebido o malversación de fondos públicos)
se realiza, como el anterior, en la cárcel de Lurigancho,
distrito de la zona oeste de Lima, en medio de
amplias medidas de seguridad, y el fiscal
Sánchez recibió el apoyo del Procurador Ronald
Gamarra, que pide también a Montesinos el pago de
nuevas indemnizaciones por el “daño económico
hecho al Estado peruano”, en otro caso de sobornos
a políticos.
Otro de los “discípulos” de Fujimori
y Montesinos, el
ex
alcalde del distrito limeño de Miraflores,
Luis Bedoya de Vivanco,
se benefició del dinero del erario público que
utilizó ilegalmente Montesinos durante la campaña
electoral de 1998, cuando fue financiado con esos
25.000 dólares para ganar en un barrio generalmente
opositor a Fujimori y al
propio “Rasputín”.
Precisamente, el Procurador Gamarra señaló
que este nuevo juicio contra Montesinos representa
la “gran oportunidad” para que la Sala
Anticorrupción se pronuncie sobre la corrupción
que imperó en Perú durante los diez años de
gobierno de Fujimori, a
la vez que acusó a Bedoya
de Vivanco de haber sido el “candidato municipal
de la mafia”, en unas elecciones que fueron muy
controvertidas y en donde la “mano negra” del
“Rasputín” influyó
para un “pucherazo” que le otorgó una “sucia
victoria”.
El ex ministro de la Presidencia Tomás
González Reátegui
también está procesado en este nuevo juicio
acusado de ser la persona que presentó a Bedoya
de Vivanco a Montesinos para que este realizara el
peculado y lo favoreciera en su acción política y
en su elección como alcalde, sobornando a decenas
de personas del barrio de MIraflores
y a los jurados de las mesas de votación.
La afirmación del Procurador Gamarra sobre
que Bedoya de Vivanco
fue el “candidato municipal de la mafia”, fue
rechazada por su abogado, al considerar que al ex
alcalde no se le puede acusar de formar parte de una
organización delictiva porque “no ha participado
en todos los delitos”. Esta aclaración de la
defensa, sin embargo, conlleva una tácita
aceptación de que su cliente sí participó en
“algunos delitos”, aunque no fuese en todos.
Montesinos, según dicen algunos dirigentes
políticos, por referencias que han tenido de
personas que están detenidas en la Base Naval, se
muestra muy nervioso y, sobre todo, “dolido” con
Fujimori por
el “abandono a que lo ha sometido y por haber
huido dejándole a él toda la culpa de la
corrupción”, de la que también se benefició el
ex presidente, por ser uno de quienes la diseñaron.
La Corte Suprema de Justicia de Perú tiene
abierto tres procesos a Fujimori
como autor de los delitos de lesa humanidad,
peculado y abandono del cargo –pues renunció a la
presidencia a través de un fax enviado desde Tokio-
y ha pedido a la Policía Internacional (INTERPOL)
su captura ya que no existe un tratado de
Extradición con Japón. Aunque la etapa de la corrupción durante el gobierno de Fujimori duró una “larga década”, la justicia peruana está demostrando su capacidad, tras ser reformada por el gobierno del presidente, Alejandro Toledo. La actual no tiene nada que ver con la corrupta e incapaz que se alineó con el ex presidente y su ex asesor presidencial. Este poder, por fortuna, está recuperando toda su dignidad y le está devolviendo al pueblo peruano su confianza en la justicia. Y eso es bueno, porque lo peor que le puede pasar a un país es, precisamente, que sus gentes desconfíen en la justicia. |