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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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Una intensa lucha por la “caza de votos”
para las elecciones presidenciales del 18 de mayo se
desató en Argentina y
los dos aspirantes a ser inquilinos de la “Casa
Rosada”, Néstor Kirchner
y Carlos Saúl Menem,
incrementaron esfuerzos y acciones para conseguir
nuevos apoyos, especialmente fuera del peronista
Partido Justicialista, al que ambos pertenecen.
Menem, que ganó
la primera vuelta el 27 de abril con el 24.3 por
ciento de los votos (4,6 millones de sufragios),
triunfando en doce provincias es, sin embargo, el
candidato al que las nuevas encuestas –al igual
que las previas a la primera vuelta- no otorgan la
más mínima posibilidad de triunfo en la segunda,
que por primera vez se celebra en Argentina tras la
modificación en 1994 de la Carta Magna.
Su rival, el gobernador de la provincia de
Santa Cruz, que perdió apenas por un 2.4 por
ciento, resultó triunfador en ocho provincias y,
sobre todo, en
la de Buenos Aires, que incluye el Gran Buenos
Aires, y que es, a juicio de los dirigentes
políticos, los observadores y las firmas
encuestadoras, la que “decide la elección”,
porque representa el 37,2 por ciento del electorado
y, además, es “antimenemista”.
Kirchner superó
la cifra de cuatro millones de sufragios, por lo que
es fácil deducir, según tres de las encuestas
divulgadas, que le será más fácil atraer los
votos de quienes fueron derrotados en la primera
vuelta, que lo prefieren antes que ver nuevamente en
la Jefatura del Estado a un Menem
que es considerado culpable de la crisis política y
de los males socio-económicos por los que atraviesa
Argentina.
Ese “antimenemismo”
es comparado con el fenómeno surgido durante las
últimas elecciones presidenciales francesas, cuando
el “antilepenismo”
(en referencia al candidato ultraderechista
Jean-Marie Le Pen) hizo
que la izquierda apoyase al candidato conservador
Jacques Chirac, y este
fuese reelegido presidente en la segunda vuelta con
una amplia ventaja.
La Unión Cívica Radical (UCR), que al igual
que ocurrió con el socialismo en Francia, casi
quedó borrada del panorama político argentino
cuenta, sin embargo, con dos antiguos dirigentes,
Ricardo López Murphy y
Elisa Carrió, que
obtuvieron buenos resultados y cuyos votos serán,
posiblemente, desviados
hacia Kirchner.
López Murphy,
fundador del Movimiento Federal Recrear (MFR), fue
el tercer candidato más votado y obtuvo el 16,3 por
ciento de los votos (3.1 millones), mientras Carrió,
del partido Afirmación para una República
Igualitaria (APRI) –que fundó al abandonar la UCR-,
contabilizó el 14,15 por ciento de los sufragios
(2.7 millones), y fue cuarta.
El gran derrotado fue Leopoldo Moreau,
con sólo 449.000 votos, y que prácticamente
“enterró” al otrora vital partido Unión
Cívica Radical, capitaneado por el ex presidente
Raúl Alfonsín. Pero
esos sufragios también podrían ser “antimenemistas”
e ir a favor de Kirchner.
Aunque a ninguno de estos candidatos les
atrae mucho el gobernador de Santa Cruz, prefieren
pedir a sus votantes que sufraguen por este antes
que por Menem, al que
consideran “el mayor peligro para la democracia
por ser un adalid de la corrupción”.
Menem está
buscando atraer, inicialmente, los votos de su
copartidario y antiguo aliado Adolfo Rodríguez Saa,
que gobernó Argentina durante una semana, en
diciembre de 2001 cuando comenzó una de las peores
crisis políticas de ese país suramericano, y que
fue el quinto más votado con
un 14,12 por ciento (2,7 millones).
El “puzzle político” se está intentado
conformar con la mayor celeridad posible por los dos
candidatos, teniendo en cuenta que sólo les quedan
once días de campaña, aunque esta la iniciaron el
28 de abril al conocerse los resultados oficiales de
la primera vuelta.
Ambos, personalmente, y sus equipos trabajan
sin descanso, porque no pueden permitirse el lujo de
otorgar ventajas a su respectivo adversario
político, aunque a Menem
se le criticó públicamente su afirmación
–calificada de demagoga- que el hijo que espera su
esposa, la ex reina Cecilia Bolocco,
“traerá un pan debajo del brazo para todos los
argentinos”.
El ex presidente tendrá que, contra reloj,
convencer a sus compatriotas, que no es el jefe de
una “mafia que ampara la corrupción ni el
populismo”, pero en el ambiente político del
país se le acusa de ser el “principal causante de
todas las desgracias que ahora se viven” y de
“haberse enriquecido ilícitamente”.
A Kirchner no se
le considera tampoco una “eminencia” y existen
muchas dudas sobre su capacidad de liderazgo y de
convocatoria para que los argentinos puedan empezar
a superar sus actuales dificultades, pero los
votantes lo prefieren porque no quieren volver a ver
en la “Casa Rosada” a Menem
como presidente.
Cuando se está a menos de dos semanas y el
país vive un intenso clima preelectoral, Kirchner
parece contar con, al menos, el 45 por ciento de las
preferencias, mientras que Menem,
por el contrario tiene a más del 70 por ciento de
los votantes en contra.
En este caso, si se cumplen los pronósticos,
bien vale traer a cuento el refrán que dice que
“segundas partes nunca fueron buenas”. Y en el
caso de Menem sería la
“tercera parte”, pues gobernó durante diez
años, en dos periodos consecutivos, y cuando
terminó su gestión, su popularidad no alcanzaba
siquiera al 15 por ciento. El presidente interino de Argentina, Eduardo Duhalde, es el “padrino político” de Kirchner y el más declarado rival de Menem. Por tanto, todos los argentinos saben hacia donde se mueven sus preferencias políticas y su deseo de entregar el mando a su “delfín” antes que a su mayor “enemigo político”, pero como en todas las elecciones, son los votantes los que dicen la última palabra. Y esta únicamente se conocerá en la noche del 18 de mayo, cuando se celebre el escrutinio. |