ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



PUERTO RICO: AIRES DE LIBERTAD PARA VIEQUES  

    La Isla de Vieques, un pequeño territorio de 134 kilómetros cuadrados con 9.000 habitantes, anexionada a Puerto Rico en 1854 y convertida durante 60 años en una base militar de Estados Unidos, empezó a respirar “aires de libertad”,  cuando la Armada norteamericana la abandonó el primero de mayo en medio del alborozo y la alegría general, aunque se registraron algunos incidentes promovidos por personas irresponsables.  

    Esta negativa y violenta actitud originó, según WKAQRadio, que la policía puertorriqueña asumiera jurisdicción concurrente con las autoridades federales en el Refugio de Vida Silvestre que opera en donde anteriormente estuvo el Campamento García de la Marina de Guerra estadounidense, lugar donde los vándalos incendiaron vehículos, destruyeron una propiedad del gobierno norteamericano y agredieron a un funcionario federal  

    No obstante, fiel a su historia y a sus principios pacifistas, todos los habitantes de Puerto Rico vibraron de emoción y fervor patriótico, y al son de la música celebraron el cese de esas seis largas décadas de maniobras militares y enfrentamientos en Vieques, aunque ahora queda un largo camino por recorrer, sobre todo en el campo ecológico y de defensa medio ambiental, como bien lo afirmó en Madrid el Director de la Casa de Puerto Rico en España (CAPRE), Ramón Darío Molinary.  

   En un comunicado oficial, el Pentágono anunció que “El Departamento de la Armada ha transferido todas sus propiedades en la isla de Vieques, Puerto Rico, a la jurisdicción administrativa de la secretaría de Interior”, con lo cual se cumplió el compromiso adquirido por el presidente estadounidense, George W. Bush, de fijar el primero de mayo de 2003 como fecha límite para poner fin a los ejercicios en esa pequeña isla.  

    El gobierno estadounidense asumió ese compromiso, después que los 9.000 habitantes de Vieques  iniciaron el 19 de abril de 1999 diversas protestas contra las maniobras y la actuación de la marina estadounidense  cuando una bomba desviada cayó sobre una caseta de vigilancia matando a un empleado local de seguridad e hiriendo a otras cuatro personas. Esa fue la “mecha que prendió” una reacción justificada y que ocasionó que el Imperio empezara a buscar sitios alternativos.  

    Durante cuatro años diversos grupos de pacifistas realizaron actos de desobediencia civil contra una Marina que admitió haber utilizado  municiones de uranio y plutonio, además de napalm en sus ejercicios bélicos en la isla, como bien se señala en el libro “Puerto Rico siglo XXI al trasluz de Vieques”, editado por Capre bajo la dirección de Molinary.  

    De acuerdo con el compromiso, esta retirada, en la que millares de puertorriqueños no confiaban ni creían, fija que la Armada continuará con la limpieza de la isla, que fue usada de forma permanente y durante seis décadas como polígono de artillería y bombardeos y para desembarcos anfibios de infantes de marina. Corresponderá al Departamento de Interior, con una inversión para este año de 2,3 millones de dólares, transformar ese territorio en una reserva natural.  

    Molinary, también diplomático, periodista y académico, que sí creyó en que Estados Unidos, por fin, iba a cumplir su palabra en un compromiso legalmente adquirido, lamentó y criticó los incidentes ocurridos en la isla, y señaló la urgente necesidad porque se empiecen a buscar soluciones para combatir el aumento del desempleo que ocurrirá al cerrarse la “mayor base del mundo” fuera de Estados Unidos.  

    Una de esas soluciones sería, a juicio de Molinary, la creación de un “Gran Megapuerto que facilitaría el tránsito de mercancías entre Europa y América a través de grandes barcos”, lo que redundaría en provecho de Puerto Rico, la isla más oriental de las Antillas Mayores y del resto del continente americano.  

   Aprovechando que ya en Ponce, otra de las grandes ciudades puertorriqueñas,  se está estudiando poner en marcha el “Gran Megapuerto de las Américas”, Vieques lo fortalecería porque se considera que desde el punto de vista económico con él resulta muy favorable.  

    Para Molinary es urgente que se empiece a trabajar en materia ecológica y ambiental, dado el perjuicio ocasionado a Vieques y la cantidad de “desperdicios y porquerías” que quedaron por esa larga acción de la Marina. Por eso elogió la actitud de la gobernadora puertorriqueña, Sila María Calderón, del Partido Popular Democrático (PPD) de exigir al Gobierno Federal, de acuerdo con la legislación vigente para cada estado, dar prioridad a las labores de limpieza para favorecer la ecología y defender el medio ambiente.  

    “Con esa petición de la gobernadora se pondrá a prueba no sólo la ley sino si los norteamericanos están actuando de buena fe”, indicó el Director de Capre.  

    “La descontaminación” de las tierras que se usaron para prácticas militares ha sido pedida también por líderes gubernamentales y cívicos y por los pescadores puertorriqueños, a los que Oscar Díaz, nombrado administrador de la nueva reserva natural bajo control del Servicio de Pesca y Vida Silvestre del Departamento del Interior, respondió favorablemente por considerar que “puede haber muchos beneficios económicos en tener un refugio de vida silvestre”.  

    Para Molinary, lo que él denomina las cuatro “D” se convierten en la “esencia misma” del futuro desarrollo de la isla, tan importantes como la misma limpieza y la defensa medioambiental.  

    Esas cuatro “D” se refieren a Desmilitarización,  Descontaminación, Devolución de terrenos y Desarrollo económico y social. Con ellas, señaló Molinary, “se espera dar alternativas de vida a una población que quisieron borrar del mapa”. 

    Ahora que las bombas callarán allí para siempre, es necesario fortalecer la unión de los pobladores y buscar con la mayor celeridad los mecanismos que permitan a estos contar con mejores expectativas de progreso.  

    La gobernadora Calderón, en un mensaje que dirigió a Bush para agradecer el cumplimiento del compromiso y el cese de las maniobras, señaló que aún existen “asuntos fundamentales por resolver”, entre los que se cuentan la limpieza de los terrenos y sus futuros usos, mientras el alcalde viequense, Dámaso Serrano, afirmó que “la lucha continúa hasta que se pueda lograr la meta definitiva de la descontaminación, la devolución de los terrenos y su desarrollo”.  

    Puerto Rico, la isla que con orgullo y firmeza indestructible sigue defendiendo la cultura y su lengua materna, el español, y que fue entregada por España a Estados Unidos en 1898 tras la guerra perdida en Cuba, puede dar un primer y firme paso en busca de su completa identificación latinoamericana con este abandono militar de la Marina de Guerra del Imperio en Vieques. A lo mejor, el primero de mayo de 2003, podría convertirse en el primer grito libertador para dejar de ser la más antigua colonia mundial. Después de 105 años, a lo mejor, podría dejar de ser esa paradójica realidad.

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