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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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VENEZUELA: EL "BRAVO PUEBLO"
PELIGROSAMENTE DIVIDIDO
Millones de venezolanos se lanzaron
a las calles de Caracas en dos manifestaciones de índole distinta que
reflejaron nítidamente la peligrosa división que vive el "bravo
pueblo" y que demuestra las posiciones irreconciliables entre la
oposición y el gobierno, que por boca de su presidente, Hugo Chávez,
rechazó el ultimátum que sus rivales políticos, empresariales y
militares le lanzaron para convocar elecciones o renunciar.
El 9 de octubre, convocados por la
oposición, y en una demostración de "fuerza sin precedentes en la
historia reciente de Venezuela", miles de personas -un millón, según
los cálculos oposicionistas- abarrotaron las calles de Caracas para
exigirle a Chávez su dimisión a la primera magistratura de su país
antes del 16 de octubre, o la convocatoria, "cuánto antes", de nuevas
elecciones.
El 13 de octubre otro millón de
venezolanos -según los cálculos gubernamentales- respondieron con
igual entusiasmo al reto lanzado cuatro días antes, y defendieron la
gestión presidencial y en un discurso a todo el país, Chávez dijo que
"ni renuncio ni adelanto elecciones".
La Confederación de Trabajadores de
Venezuela (CTV), en la oposición, a través de su presidente, Carlos
Ortega, no sólo exigió la dimisión de Chávez o la convocatoria
inmediata de elecciones sino que amenazó con realizar, el 21 de
octubre, un paro cívico nacional, que de momento se sabe cuando puede
empezar, pero no cuándo va a terminar.
Chávez, al responder el ultimátum
ante esos millares de venezolanos que le respaldan, precisó que las
elecciones presidenciales se realizarán en diciembre de 2006.
Igualmente, después de la marcha afirmó que "si yo pudiera, si esta
Constitución lo permitiera, yo llamaría a elecciones ya, para
derrotarlos de una vez".
El mismo día que se desarrollaba la
marcha contra Chávez, se anunció que el vicealmirante Alvaro Martín
Fossa, jefe del estado Mayor Conjunto y el tercer hombre en la
jerarquía de las Fuerzas Armadas, había renunciado y, de paso,
denunciando irregularidades en los consejos de investigación que se
siguen contra oficiales de esas fuerzas por los hechos ocurridos el 11
y 12 de abril, cuando Chávez fue destituido y su lugar lo ocupó el
presidente de la Patronal, Pedro Carmona, quien al día siguiente fue
sustituido al reincorporase Chávez a su cargo.
Aunque Martín Fossa no criticó
directamente al presidente, si afirmó que el alto mando militar, al
cual pertenecía, "está haciendo reuniones clandestinas dentro y fuera
de Fuerte Tiuna -la principal guarnición militar- con intenciones
desconocidas".
Al mismo tiempo que la manifestación
oposicionista se desarrollaba, cerca de 300 militantes "chavistas"
pertenecientes a los denominados Círculos Bolivarianos, se
congregaron en cercanías del Puente Llaguno y del Palacio
presidencial de Miraflores.
Observadores independientes
venezolanos han destacado la amplia presencia de las gentes en las
calles de Caracas, y su desarrollo sin mayores incidentes, en ambas
marchas.
No obstante, esos mismos
observadores destacaron que la del 9 de octubre, que recorrió 9
kilómetros de las principales calles de la capital venezolana, "superó
con creces la que se realizó el 11 de abril, que derivó en la salida
del poder, por 48 horas, del presidente Chávez".
En esa oportunidad se manifestaron,
al menos, 250.000 venezolanos opositores, que desviaron su trayecto
para dirigirse al Palacio de Miraflores y se registraron
enfrentamientos con "chavistas" -muchos de ellos "francotiradores"
-como lo denunció la oposición- que dejaron un saldo de 19 muertos y
decenas de heridos.
El Jefe del Estado, por su parte,
afirmó en la Plaza Venezuela que esa marcha "era la mejor
demostración, no sólo por la cantidad sino por la calidad", añadiendo
que "el pueblo clama pacíficamente pero tiene la fuerza para imponer,
como lo manda la Constitución. Este pueblo tiene la fuerza para
imponer su voluntad popular democráticamente".
El periodista José Vicente Rangel,
vicepresidente venezolano, aseguró que en la marcha dominical se
"congregaron más de dos millones de personas", lo que negaron fuentes
privadas que, sí reconocieron, hubo una amplia concentración de, al
menos, un millón de seguidores "chavistas", muchos de los cuales
portaban pancartas que decían: "Con Chávez manda el pueblo" y "abajo
los golpistas".
La alta concentración de gentes
contrarias y de las que apoyan a Chávez, demuestra que la situación en
Venezuela sigue siendo peligrosa y que no existe, por ninguna de las
partes intención de ceder en sus pretensiones, por lo cual ese "volcán
político" sigue presagiando peores días para un país que forma parte
del Acuerdo Subregional Andino, es vital en la marcha de la economía
mundial por sus enormes reservas petrolíferas y merece, por tradición,
vivir en paz.
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