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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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Nicaragua y Colombia comenzaron el lunes 28
de abril su “particular batalla” jurídica ante
la Corte Internacional de La Haya (CILH) por la
soberanía de las Islas de San Andrés y
Providencia, que por tratados internacionales
pertenecen al país suramericano, pero ya los
“vientos de guerra” empiezan a recorrer ambos países,
y una posible “confrontación bélica” no está
tan lejana en el horizonte de América Latina.
El gobierno nicaragüense oficializó su
demanda ante esa Corte el 4 de diciembre de 2002, y
un día después Colombia aceptó la competencia de
ese Tribunal, lo que a juicio de varios jurídicos,
entre ellos el ex ministro Jaime Pinzón López, no
ha debido ocurrir.
“Colombia no puede seguir cayendo en la
trampa de meterse en un litigio sin razón de ser
porque los tratados de límites son intangibles y
perpetuos. Colombia ha debido rechazar la demanda y
no concurrir a la Corte”, declaró Pinzón López
al importante e influyente diario El Tiempo, de
Bogotá.
Ya en épocas del gobierno “sandinista”,
cuando Nicaragua estaba gobernada por Daniel Ortega,
este país centroamericano expresó una “opinión
disparatada”, a juicio de los expertos
colombianos, sobre su soberanía en aquellas islas y
unos cayos menores –entre ellos los de Roncador y
Quitasueños- que conforman una intendencia insular
de Colombia en el mar Caribe, de 44.000 kilómetros
cuadrados y 25.000 habitantes.
Nicaragua pretende sacar a licitación
internacional la exploración de petróleo en
“aguas que no son suyas”, porque según el
gobierno del presidente colombiano, Alvaro
Uribe Vélez, su país cuenta con un “tratado que
no puede ser disuelto a la luz de ninguna norma
internacional: el tratado Esguerra-Bárcenas,
firmado en 1928 por ambas naciones”.
La delegación colombiana, posiblemente,
sustentará que la Corte Internacional de La Haya no
es competente para hacer nuevas delimitaciones, según
la pretensión nicaragüense. Así lo señala el ex
ministro Alberto Lozano Simonelli,
autor del libro “La Amenaza de Nicaragua”.
La situación, de todas formas, no es
favorable para ninguno de los dos países
“enfrentados sin razón”,
y en Colombia se está señalando en círculos
políticos que la actitud nicaragüense “puede
incitar a apelar a otros recursos”, aunque sin
especificar con claridad
si se refieren a una actitud bélica.
El propio presidente Uribe Vélez anunció
que Colombia enviará unidades del ejército y de la
marina para ejercer labores de vigilancia en las
“aguas que le pertenecen” y que ellas actuarían
de “acuerdo a las circunstancias”, aunque ambos
gobiernos son conscientes de la gravedad que
encerraría una guerra colombo-nicaragüense.
No obstante, el senador liberal Luis
Guillermo Vélez, crítico con la actitud del
gobierno y, sobre todo, con lo que califica de
“actitud pasiva y negativa” de la ministra de
Relaciones Exteriores, Carolina Barco, afirmó que
“estamos ante una eventual confrontación bélica
con Nicaragua”.
Al extenderse en su crítica contra la
ministra –Canciller en el lenguaje diplomático y
político de América Latina-, Vélez expresó su
oposición a la actitud de Carolina Barco por “la
forma tan tibia como ha manejado la situación con
Nicaragua”, cuando este país “insiste en seguir
adelante con una licitación para explorar petróleo
en aguas colombianas del mar Atlántico”.
Vélez añadió que “Nicaragua debe
respetar los tratados firmados en 1928, porque las
aguas son de Colombia y no pueden tratar como un
diferendo, porque ya están bien delimitadas”.
Colombia también mantiene un diferendo con
Venezuela, que data de más de 60 años, por la
delimitación de las áreas marinas y submarinas en
el Golfo de Venezuela, en donde existen grandes
cantidades de petróleo. No obstante, esta disputa
está aparcada hace varios años.
Cuando a principios del actual año Nicaragua
sacó a licitación la explotación petrolífera en
aguas que Colombia asegura son suyas, el gobierno de
Uribe advirtió a las
empresas norteamericanas que no participasen
en ella porque ese territorio marítimo es
“propiedad colombiana”, por lo que “debían
atenerse a las consecuencias jurídicas”. Tres
compañías norteamericanas, no obstante, hicieron
ofertas a Nicaragua.
El propio ministro de Relaciones Exteriores
nicaragüense, Norman Caldera, aseguró que si se
presentan ofertas de compañías petroleras para áreas
colombianas que su país considera en disputa, la
propuesta quedará “pendiente hasta que se
resuelva el litigio en La Haya”.
Desde el 28 de abril Nicaragua empezó a
sustentar jurídicamente ante la CILH las causas por
las cuales reclama la soberanía sobre el archipiélago
sanandresano, lo que otorgará cierta ventaja a
Colombia para conocer esas razones, porque le
permitirá saber con exactitud si debe acudir a las
“excepciones preliminares”, una figura jurídica
que podría convertirse en la “mejor
contraofensiva”, porque con base a ellas se
argumentará que esa Corte no tiene autoridad ni
competencia para decidir sobre el caso.
Colombia ha calificado como “un destape”
de Nicaragua su argumentación porque “desde ahora
se conocerá cuáles son las armas concretas que
tiene este país en su Memoria”. La Memoria es un
documento que expone las argumentaciones jurídicas
por las que el país centroamericano reclama la
soberanía. Colombia tiene un plazo de 14 meses para
redactar su “contramemoria”,
según explicó el embajador en Holanda Vladimiro
Naranjo, ex presidente de la Corte Suprema de
Justicia, experto en este tema y miembro de la
delegación colombiana a la reunión con la CILH. El “uso de la fuerza” para hacer respetar su soberanía anunciado por Uribe si se produce un intento de explorar en esas aguas, fue rechazado por Nicaragua, cuyo gobierno aseguró que “no será necesario llegar a esos extremos”. Pero en Colombia se considera que tras el frustrado intento del “sandinismo” hace ya más de diez años, no se “puede fiar” de un país y un gobierno que insisten en su “tesis equivocada para reclamar un territorio que no le pertenece”. Las espadas, de todas formas, están en alto. |