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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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Todas las sospechas se confirmaron: Corea del
Norte cuenta con un poderoso armamento nuclear, con
el cual se convierte en la gran amenaza y demuestra
que las acusaciones que se le hicieron de poseer
“armas de destrucción masiva” no eran
infundadas, lo que debe servir para alertar al mundo
sobre los inminentes peligros que se ciernen sobre
él.
El pasado 18 de abril se pusieron fin
apresuradamente a las conversaciones tripartitas
(Estados Unidos, China y Norcorea), celebradas en
Pekín, cuando el gobierno comunista reconociese, al
parecer durante un almuerzo, “tener armas
nucleares”, entre ellas una poderosa bomba, lo que
determinó que Estados Unidos advirtiese al mundo de
los nuevos peligros que existen por la “actitud
belicista” de los norcoreanos.
China, aliado de Corea del Norte, por razones
políticas, impulsó esta reunión para buscar
acuerdos que permitan alejar el “peligro de la
guerra”, y para
Li Zhaoxing, ministro de Asuntos Exteriores
del “gigante asiático”,
la reunión representó “un buen
comienzo” para hablar de pacifismo y no de
acciones bélicas.
Estados Unidos,a través de su Secretario de
Estado, Colin Powell, sin embargo, no consideró
positiva la reunión y advirtió al presidente
norcoreano, Kim Jong II, que “era mejor no
proferir amenazas”, aunque expresó que los tres
países participantes en la “cita de desarme”,
evaluarán ”todo lo escuchado, analizarán las
propuestas planteadas por las partes y determinarán
cuál será el próximo paso”.
Pero, a pesar de ese aparente tono
conciliador, Powell afirmó con rotundidad ante el
Consejo de la Unión Europea que “no deberían
–los norcoreanos- sacar esta serie de discusiones
con la impresión que Estados Unidos, sus socios y
las naciones de la región se sentirán intimidados
por las declaraciones belicosas o amenazas, con las
que piensan acarrearán mayor atención o que nos
obligarán a hacer concesiones que de otra forma no
haríamos”.
Según Powell, los participantes en la reunión
presentaron “posiciones fuertes durante las
conversaciones destinadas a apaciguar la crisis
nuclear en la península coreana. Los norcoreanos
presentaron sus puntos de vista con vigor así como
lo hicieron los chinos y Estados Unidos”.
También el portavoz del Departamento de
Estado, Richard Boucher,
declaró que para Estados Unidos no constituyó
ninguna sorpresa la propia declaración norcoreana
sobre la posesión de armas nucleares, “porque lo
que siempre supimos es que ellos si las tienen”.
De todas formas Estados Unidos está
dispuesto a impulsar la diplomacia como medio para
alcanzar acuerdos que permitan terminar con las
amenazas y evitar lo que sería la mayor catástrofe
en la historia de la humanidad: una guerra con la
utilización de armas nucleares.
Rusia, otro tradicional aliado del régimen
norcoreano, dio un consejo al mundo: tomar en serio
su advertencia sobre que posee esa peligrosa clase
de armamento. Lo hizo a través del ministro de
Energía Atómica, Alexander Rumiantsev, quien
propuso que los inspectores de la Organización de
Naciones Unidas (ONU) sean los encargados de
verificar la existencia de ese arsenal atómico.
Sin embargo olvidó, que los inspectores del
Organismo Internacional de la Energía Atómica
(OIEA), dependiente de la ONU, encargados de vigilar
el pleno cumplimiento de las obligaciones contraídas
para no fabricar armas de destrucción masiva,
fueron expulsados por el régimen del presidente
norcoreano, Kim Jong II,
de Pyongyan, la capital del país, en enero
pasado.
Los norcoreanos, “unos expertos en el arte
de amenazar”, según denunció Estados Unidos en
marzo pasado, anunciaran también en enero de 2003
su decisión de retirarse del Tratado de No
Proliferación Nuclear (TNPN) y el 19 de febrero su
posible abandono del Acuerdo de Armisticio (AA),
firmado el 27 de julio de 1953, con el cual se puso
fin a la guerra mantenida con Corea del Sur, que
comenzó el 25 de junio de 1950.
Igualmente, el régimen norcoreano calificó
el 27 de marzo de “amenaza muy grave”
la actitud de Japón de lanzar –el 26 de
ese mes- dos “satélites espías”, dentro de un
programa de cuatro, pero el gobierno del país del
“sol naciente” se apresuró a advertir que en
“ningún caso quiere ni desea provocar a Corea del
Norte” y que su programa sólo tiene
“intenciones defensivas para el futuro”.
La advertencia que Corea del Norte hizo
durante la reunión de Pekín sobre que “la guerra
puede estallar en cualquier momento a causa de la
tensión con Estados Unidos” no debe ser
desestimada por nadie, ni mucho menos por la única
potencia que existe en el mundo, porque los
comunistas norcoreanos
siempre han exhibido, dentro y fuera de sus
fronteras, un “espíritu belicista”. Así lo
reconocen, incluso, sus propios aliados.
A pesar de ser uno de los países más pobres
y con menor renta
per cápita de Asia, Corea del Norte ha invertido
todos sus recursos económicos en potenciar a su ejército,
las armas convencionales y, en los últimos años,
las nucleares.
Rusia y China han sido sus “aliados y padrinos”
en los programas de armamento. Estados Unidos, por su parte, debe velar por la integridad de sus dos principales aliados en el “continente amarillo”, Japón y Corea del Sur, dos vecinos de Corea del Norte, que viven en permanente “estado de alerta” porque no creen en la sinceridad del régimen de Kim Jong II, cuyos incumplimientos en las promesas y la “violación de sus compromisos nucleares”, han convertido a ese país en una “amenaza latente” para ellos y para el mundo. |