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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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A partir del año 2004 el nuevo y
selecto club de la Europa de los “25”
contará con un total de 453 millones de personas,
cuando se haga realidad la completa adhesión de los
diez países
oficialmente admitidos en la histórica “cumbre”
de Atenas, en cuya Agora, al pie de la Acrópolis,
unas naciones que en su época hicieron parte del
“telón de acero”, firmaron el Tratado de
Adhesión a la Unión Europea (UE), el pasado 16 de
abril
Indudablemente el lugar para que surgiera una
“sola Europa”, más dinámica y más cohesionada
fue el apropiado, porque Atenas, la capital de
Grecia, es la cuna de la Democracia y la
civilización occidental, y porque el “viejo
continente”, que quedó dividido tras la segunda
guerra mundial podrá así, unido, convertirse en
una sólida unión para hacer oir su voz en un mundo
multipolar y “tener un peso fundamental”, como
lo señaló el Alto Representante de la UE para la
Política Exterior y la Seguridad Común, el
español Javier Solana.
Los diez nuevos miembros son, Chipre,
Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Hungría, Letonia,
Lituania, Malta, Polonia y la República Checa, que
serán “miembros de pleno derecho” desde el
primero de mayo del próximo año.
Esta “Nueva Europa” encontró el
espaldarazo definitivo el pasado 19 de octubre
cuando Irlanda votó por el sí –con un 62,89 por
ciento- para salvar el Tratado de Niza, que era
básico para la ampliación a partir del año 2004.
“Nuestra Europa es la Europa de todos”,
expresa la Declaración de Atenas suscrita por los
Jefes de Estado y de Gobierno de Alemania, Austria,
Bélgica, Dinamarca, España, Finlandia, Francia,
Grecia, Holanda, Irlanda, Italia, Luxemburgo,
Portugal, Reino Unido y Suecia y los diez nuevos
socios, que desde ahora tendrán voz, pero no voto
hasta su plena incorporación dentro de doce meses.
De todas maneras corresponderá a los 15
Parlamentos nacionales del actual club
ratificar el “Tratado de Atenas”
La Unión Europea, que nació el 25 de marzo
de 1957
en Roma con seis miembros, se ha ampliado
sucesivamente en 1973, 1981, 1986, 1995 y a partir
del 2004. La adhesión de los diez países del
antiguo “imperio comunista” fue considerada como
“el proyecto más generoso y prometedor de nuestra
historia contemporánea” por el primer ministro
belga, Guy Verhfostadt, y esta “gran empresa de
unión” podrá contar, además, desde 2007, con
las incorporaciones de Bulgaria, Rumania y Turquía.
Los firmantes de la Declaración se
comprometieron para hacer de la UE “un auténtico
lugar de libertad, seguridad y justicia”, y seguir
“respetando y defendiendo cada uno de estos
valores fundamentales”, y
para que el “Club de los 25” cumpla “un
papel más activo e importante en la prevención de
conflictos”.
Ante la desunión surgida a raíz de la
Guerra de Irak, en donde “cuatro pesos pesados”
(Gran Bretaña y España, por un lado, en apoyo a
Estados Unidos, y Alemania y Francia, por el otro,
en contra) se enfrentaron y mostraron públicamente
sus divergencias, el documento suscrito propugna por
apoyar a la Organización de Naciones Unidas (ONU)
“en sus esfuerzos por garantizar la legitimidad
internacional y la estabilidad mundial”.
A pesar de la euforia que se desató tras la
“cumbre” y la posterior firma de la
Declaración, expertos en política internacional y
de la Unión Europea, expresaron sus temores porque
“las heridas abiertas por la guerra de Irak no
queden completamente cerradas” entre esos cuatro
países.
Esa desunión, además, originó enérgicas
declaraciones y encontradas posiciones entre el
presidente del gobierno español, José María Aznar,
y el primer ministro británico, Tony Blair, ante el
presidente francés, Jacques Chirac, y el canciller
alemán, Gerhard Schröder,.
Sin embargo, las declaraciones de estos dos
últimos mandatarios cambiando sus protestas y sus
tonos de voces ante la apabullante victoria
anglo-americana en Irak, puede servir para dos
cosas, según los analistas: para que se les
considere que “han vuelto al redil” o para que
se les califique de “oportunistas”.
De todas maneras a ambas partes –Estados
Unidos y a la Unión Europea- les conviene conciliar
las divergencias surgidas para que sean, en el
futuro, el auténtico soporte para la democracia y,
por ende, el enemigo acérrimo y sin fisuras, contra
el terrorismo mundial
Por eso mismo se considera que la
Declaración, al señalar que “la Unión debe
desempeñar un papel de máxima importancia en el
mundo” y el apoyo “a los esfuerzos de la ONU”,
trata de conciliar las discrepancias y desuniones
que “hicieron temblar los cimientos de la UE”,
aunque en el documento todos reconocieron que en la
reconstrucción de Irak la seguridad es
“responsabilidad de la coalición
internacional”, con lo cual Francia y Alemania
reconocieron, implícitamente, la derrota de sus
tesis y empezaron a “recomponer” sus posiciones
anteriores.
El logro de una economía más equitativa que
“beneficie a todos y, en particular, a las
personas de
las zonas menos favorecidas del planeta”; el
fomentar “sin cesar el diálogo entre
civilizaciones” y “extender el
alcance del derecho internacional”, será
el trípode de la UE para defender su poderío y su
voz en el mundo.
Para ello, como bien dice la Declaración de
Atenas, “nuestro objetivo es único. Esta Unión
representa nuestra determinación común de poner
fin a siglos de conflicto y superar las viejas
divisiones de nuestro continente. Representa nuestro
compromiso de embarcarnos en un futuro nuevo basado
en la cooperación, el respeto a la diversidad y la
comprensión mutua”.
“La operación política espectacular”, como la calificó el presidente Aznar, incorporará muy pronto a Europa a otros 74.9 millones de habitantes y, aunque surgirán muchos problemas, especialmente en el renglón de la agricultura, servirá para dinamizar a Europa y, sobre todo, la comprometerá en su papel mundial, ya que se “convertirá en una superpotencia económica y comercial superior a Estados Unidos”, como lo destacó el diario español “El País”, en su principal editorial del 17 de abril. Y, además, la hará políticamente más fuerte. |