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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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La Unión Europea (UE) señaló, en una
declaración pública, adoptada por unanimidad, que
los “juicios son injustos y las condenas
arbitrarias y excesivas”, en relación con la
“decisión política” adoptada por el gobierno
cubano contra varios opositores condenados a largos
años de prisión y contra otras tres personas, a
quienes aplicó la pena de muerte, por el secuestro
de una lancha de pasajeros.
Los 15 ministros de Asuntos Exteriores de la
UE aprobaron el 14 de abril en Luxemburgo una enérgica
condena contra esas “decisiones” de una justicia
inclinada al presidente cubano, Fidel Castro, que
muestran “un deterioro suplementario de la situación
de los derechos humanos” en la isla.
Una clara y lógica advertencia hicieron
también los “15”: esos lamentables sucesos y
actos “afectarán las relaciones de Cuba con la
Unión Europea” y a la perspectiva de un
incremento de la cooperación entre ambas partes”,
en referencia a la candidatura de adhesión de Cuba
al Convenio de Control de Cotonú, encargado de
regular una “razón privilegiada” entre la UE y
los estados menos desarrollados en
Africa, el Caribe y el Pacífico.
El régimen cubano, más que los tribunales
de justicia, como lo denunciaron opositores en La
Habana y Miami, condenó el 6 de abril a 33 personas
de 79 detenidos -el 20 de marzo-
a severas penas, como la de 27 años de cárcel
al reportero gráfico Omar Rodríguez Saludes, y a
26 años al periodista Víctor Rolando Arroyo.
Asimismo el poeta y periodista Raúl Rivero,
representante de Cuba de la Sociedad Interamericana
de Prensa (SIP) a 20 años de cárcel; Héctor
Palacios, dirigente opositor a 25 años, y Martha
Beatriz Roque, que dirige la Asamblea para Promover
la Sociedad Civil a 20 años. Otros miembros
oposicionistas condenados por disentir fueron
Roberto Miranda y Antonio Díaz Sánchez (a 20 años
cada uno), Regis Iglesias (18 años) y Efrén Fernández
(12 años).
La pena de muerte, “sentenciada” por el
Tribunal de La Habana se aplicó a Enrique Copello,
Bárbaro Leodán Sevilla y Jorge Luis Martínez,
considerados los “cerebros” de un grupo de once
personas que el dos de abril secuestró una lancha
de pasajeros con el objetivo de llegar a Estados
Unidos “para huir del régimen represivo y
brutal”, según dijeron antes de morir. Su deseo
de libertad lo pagaron con sus vidas el 11 de abril,
mientras otros cuatro de sus compañeros de aventura
fueron sentenciados a cadena perpetua, uno más a 30
años y tres mujeres a penas de entre dos y cinco años
de cárcel.
Estos once secuestradores tuvieron un rapidísimo
juicio, que no alcanzó a durar siquiera 72 horas,
lapso en el cual los “jueces comprados por el régimen”
–como dijeron en Miami varios dirigentes de la
oposición- tuvieron “tiempo, y les sobró, para
atentar contra los derechos humanos y jurídicos sin
ningún miramiento”.
Las restantes 36 personas –entre
tripulantes y pasajeros- de las 47 que realizaban el
viaje hasta La Habana y cuya ruta fue desviada por
los once secuestradores hacia La Florida (Estados
Unidos) no sufrieron ningún atentado, por lo cual
las penas de muerte y de prisión son
desproporcionadas para la opinión pública mundial.
El gobierno cubano, a través del ministro de
Relaciones Exteriores (canciller), Felipe Pérez
Roque, y de la embajadora
en España, Isabel Allende,
justificaron esas “violaciones de los
derechos humanos”, con el nimio calificativo de
que fueron medidas “excepcionales” por la
situación que vive la isla.
La embajadora fue mucho más allá, al señalar
que “ningún país ha dejado de comerciar, dejado
de invertir o anunciar que piensa romper sus
relaciones diplomáticas con Cuba”, por lo que
considera que su país “ha actuado pulcramente”
tanto en el caso de persecución y las elevadas
penas de prisión para los opositores como las de la
pena de muerte aplicadas a los tres piratas acuáticos.
La ministra de Asuntos Exteriores de España,
Ana Palacio, en rueda de prensa que ofreció en
Luxemburgo tras la expedición del comunicado de la
UE, calificó
de “graves los últimos acontecimientos ocurridos
en Cuba”, y señaló que de acuerdo con las
informaciones que poseen los 15 gobiernos, se tiene
“la impresión que los juicios adolecen de falta
de garantías esenciales”, tales como el tiempo
adecuado para que los abogados pudieran preparar la
defensa, la publicidad de los cargos y otros por el
estilo.
El grupo de los “15” reclamó a Castro la
“inmediata liberación de todos los prisioneros
políticos” e
hizo una severa advertencia: la Unión Europea
vigilará, de ahora en adelante, “muy de cerca”
la evolución de la situación en Cuba, para adoptar
medidas especiales en el futuro.
La condena de los opositores, para la UE, según
Ana Palacios, representa “violaciones de los
derechos humanos” y las que atañen a la pena
capital “ya tienen un rechazo cualitativo en
Europa”, porque, precisamente, una de las banderas
de esta Unión de países del viejo continente es
“estar contra la pena de muerte”.
Como siempre ocurre en Cuba cuando hay un
hecho similar, Fidel Castro busca, según los
opositores, “desviar la atención” de la opinión
pública mundial y “ahora se hace el macho” al
retar a Estados Unidos a una confrontación bélica,
para la cual, “dice el dictador”, la isla está
preparada para afrontarla durante 100 años.
La desafiante afirmación la hizo Castro
durante un acto dedicado a celebrar el primer
aniversario de la reposición en el poder, tras un
fracasado “golpe de opinión” de su “amigo y
obsecuente servidor”, como lo califica la oposición
venezolana, Hugo Chávez, y durante el cual expresó
que las autoridades del actual gobierno
estadounidense “no saben nada y no tienen talento
político”.
Mientras, la Comisión de Derechos Humanos de
la ONU, “dando una vez más muestras de su
debilidad e incapacidad”, a juicio de voceros de
varios países, aprobó el 17 de abril una tibia
condena y pidió al gobierno de Castro que permita
la entrada a ese país de un representante del Alto
Comisionado para los Derechos Humanos y facilite su
trabajo. Pero, en cambio, dejó en el “limbo”
una resolución presentada por Costa Rica en la que
se condenaba tajantemente al régimen por el
procesamiento de los 75 disidentes y exigía su
“inmediata liberación”. Esta última resolución
la votó en contra Venezuela. |