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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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La cárcel
es el “lugar seguro” a la que van a parar en
Cuba los disidentes al gobierno de Fidel Castro, por
la carencia de “libertad de expresión y de opinión”
que allí rige desde que se inició el “gobierno
revolucionario”, y que una justicia “adicta y
servil” al régimen, como lo denuncian los
opositores, se encargó de demostrar con las severas
penas aplicadas a 33 personas el 6 de abril, en un
fallo criticado por los gobiernos democráticos del
mundo.
Los
tribunales cubanos castigaron severamente, con penas
que van desde los diez hasta los 27 años, a 33
disidentes, de los 79 detenidos el 20 de marzo,
acusados de “atentar contra la seguridad del
Estado y colaborar con Estados Unidos”. A los
otros 46 le esperan condenas similares, porque como
lo denunciaron los opositores a través de
periodistas internacionales –los de Cuba, dijeron,
son adictos al gobierno, que les favorece por
guardar “cómplice silencio”-, el “régimen
corrupto de Castro quiere impedir a toda costa que
se conozca la verdad de lo que ocurre en Cuba”.
Dentro
del grupo de los nuevos condenados –la cifra ya
asciende con estos 33 a un total de 75- se encuentra
el poeta y periodista Raúl Rivero, de 57 años,
quien es el representante en Cuba de la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP) y fue sentenciado a
20 años de cárcel. También el dirigente opositor
Héctor Palacios, de 62 años, lo fue a 25 años, y
Martha Beatriz Roque, economista de 57 años que
dirige la Asamblea para Promover la Sociedad Civil,
y quien fue liberada en el año 2000 tras cumplir
tres años de reclusión, deberá cumplir otros 20 años
de prisión.
De
acuerdo con lo denunciado por Payá,
Martha Beatriz Roque organizó un acto en su
residencia, al que asistió el diplomático
estadounidense James Cason
y por ello fue “injustamente condenada”.
Otros
miembros de la oposición condenados fueron Roberto
Miranda y Antonio Díaz Sánchez (20 años cada
uno), Regis Iglesias (18 años) y Efrén Fernández
(12 años), mientras que las mayores penas se
impusieron al reportero gráfico Omar Rodríguez
Saludes, de La Habana, a 27 años, y al periodista Víctor
Rolando Arroyo, de Pinar del Río, a 26 años de cárcel.
A pesar
de la “severidad de las condenas”, miembros de
la disidencia, a través de Oswaldo Payá,
anunciaron que “continuarán con su labor
opositora” y que no cejarán en seguir
“reclamando los derechos de todos y continuando la
campaña por el Proyecto Varela”, que tiene
recogidas cerca de 15.000 firmas de residentes
cubanos.
El
“Proyecto Varela es una iniciativa de la oposición
para reclamar reformas constitucionales que permitan
una mayor apertura política y económica y la
celebración de un referéndum sobre el cambio político
en Cuba”, país que es gobernado con “mano dura
y dictatorial”, señalan los disidentes, por Fidel
Castro desde enero de 1959 cuando triunfó la
revolución que derrocó al presidente Fulgencio
Batista.
Precisamente
es Payá, del Movimiento
Cristiano de Liberación (MCL), el principal
promotor de ese proyecto, que ha logrado aglutinar a
la mayoría de la disidencia cubana, y quien anunció
que a pesar de la “injusticia y de la farsa”,
todos los opositores “vamos a continuar luchando y
recogiendo firmas porque nadie nos va a
atemorizar”.
El
director de la Comisión Cubana de Derechos Humanos
y Reconciliación Nacional, Elizardo
Sánchez, entidad declarada ilegal por el régimen
castrista, afirmó que “el
gobierno tiene una prisa enorme de que todo esto
termine, de principio a fin, y que quede dentro de
la crisis de Irak” con el único objeto de
“reducir el impacto internacional de esta ola
represiva”, pero señaló que “este oscuro y
deliberado propósito no lo va a conseguir”.
Los
tribunales cubanos de justicia consideraron que
todos los disidentes “habían apoyado la
controvertida ley estadounidense Helms-Burton,
el bloqueo, la guerra económica contra Cuba, la
subversión y otras similares medidas encaminadas a
menoscabar la independencia, integridad y soberanía
del Estado cubano”.
La gran
mayoría de los países democráticos, empezando por
España y Cuba, que lo hicieron a través de los
ministros de Exteriores, Ana Palacio y Luis Ernesto Derbez,
respectivamente, criticaron esas sentencias y
mostraron su preocupación por las condenas a los
disidentes.
La
Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), denunció
la “falta de libertad y la persecución contra los
periodistas y contra quienes disienten del
gobierno”, calificando de “peligrosa y
aberrante” la actitud
de la justicia, y solicitando la libertad de todos,
incluyendo, naturalmente, a su representante en Cuba
Raúl Rivero.
También
el ex presidente norteamericano Jimmy
Carter, premio Nobel
de la Paz 2002, había pedido a Fidel Castro, a
finales de marzo, que fuesen “inmediatamente
liberados” todos los disidentes detenidos, señalando
que “llamo al gobierno cubano a respetar esos
derechos y a abstenerse de detener o acosar
ciudadanos que están expresando sus opiniones pacíficamente”.
Carter
también, durante la visita que efectuó a Cuba en
mayo de 2002, defendió el Proyecto Varela al
considerar que “constituye un buen camino para
iniciar una amplia serie de reformas que la Isla
necesita tanto a nivel político como económico”,
y se entrevistó allí con Payá
y otros miembros de la oposición.
De todas
formas Payá y quienes
estén en la oposición al gobierno saben que
mientras su país se encuentre gobernado por Castro
sus posibilidades de “libertad serán nulas”,
como lo dijo este dirigente, para quien “ni la cárcel
ni las medidas arbitrarias nos detendrán porque sólo
buscamos un país libre en donde no se persiga ni se
encarcele a quienes disientan del régimen”. Por
ello insistió en que “ni las amenazas ni las
persecuciones, como tampoco la cárcel, van a
detenernos en ese propósito, porque todos queremos,
de verdad, una Cuba libre”. |