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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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Husein
y toda su “poderosa maquinaria” militar y
personal cayeron como un “castillo de naipes” y
ahora existen dos prioridades para que Irak comience
el camino “pacífico y próspero” –como lo
anunció el primer ministro británico, Tony
Blair-, y que se
relacionan con la terminación de esos minúsculos
focos de resistencia y la formación de un nuevo
gobierno.
Tras la
victoria, el ministro británico de Defensa, Geoff
Hoon, anunció que el
“gobierno interino de Irak, dirigido por el
general retirado estadounidense Jay
Garner se formará en
los próximos días” y que “tan pronto como sea
posible se dará paso a un gobierno de transición
dirigido por iraquíes”.
Los máximos
dirigentes de la guerra contra Irak, Georges
Bush, presidente
estadounidense, y el británico Tony
Blair han mantenido un
“prudente silencio”, mientras el Secretario
General de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU), Kofi Annan,
pidió el restablecimiento de “la ley y el
orden”.
“Creo
que los elementos fundacionales (de ese gobierno
temporal) estarán listos en los próximos días”,
afirmó Hoon en
declaraciones a la emisora británica BBC Radio 4, añadiendo
que “queremos que se desarrolle un proceso
humanitario en todo el país”.
El
hombre que dominó Irak con mano férrea y actitud
dictatorial durante 34 años y que siempre tuvo como
programa principal enfrentarse bélicamente con
vecinos –Irán y Kuwait- y con Estados Unidos
–en dos ocasiones-, que se mostraba desafiante y
seguro de “aplastar al satánico enemigo”, cayó
derrotado sin pena ni gloria y huyendo “como lo
hacen atemorizadas las ratas”, según un portavoz
norteamericano, dejando desamparado y sin ningún
apoyo a su pueblo.
El
principal y más simbólico acto de la caída de Husein
se celebró el 9 de abril en la céntrica plaza “Ferdaus”,
cuando una enorme y pesada estatua de hierro y acero
del ahora huido ex presidente, con su brazo
derecho levantado con gesto desafiante, fue arrancada
de su
pedestal y hecha pedazos. Esta escena se convirtió
en la principal información y el mundo entero, a
través de la televisión, la presenció en directo,
dándose cuenta de cómo decenas de iraquíes la
pisoteaban y arrastraban luego su cabeza.
La
entrada de las tropas estadounidenses, en general,
se realizó sin contratiempos y con un apoyo
mayoritario de los bagdadíes,
pero muchísimas personas, mientras ardían
edificios gubernamentales, se dedicaban al saqueo,
aunque después los militares pudieron poner fin a
esa negativa actitud.
El
presidente norteamericano siguió a través de la
televisión el derribo de la estatua, declaró en
Washington el portavoz de la Casa Blanca, Ari
Fleischer, quien añadió
que el primer mensaje de Bush
“es que debemos tener cautela, porque nuestras
fuerzas armadas aún están en situación de
peligro, con combates delante”.
Blair,
también cauto, prometió que “la coalición
(anglo-estadounidense) colaborará en la construcción
de un Irak pacífico y próspero”, mientras el
presidente del gobierno español, José María Aznar,
afirmó que “así como el Muro de Berlín fue
abatido, también ha sido abatido el muro de Bagdad.
Ahora es el momento de la cautela y la esperanza en
el futuro. Hay todavía trabajo por realizar y
necesita ser finalizado”.
Uno de
los mayores “intoxicadores” del régimen, como
lo denominaron los periodistas internacionales, el
ministro iraquí de Información, Mohamed
Saed al-Safah,
que negaba 12 horas antes de producirse la llegada
de las tropas estadounidenses que éstas tuvieran
poder para hacerlo, desapareció misteriosamente del
hotel Palestine, desde
donde convocaba frecuentes ruedas de prensa, y en
cuyas instalaciones murieron dos periodistas, entre
ellos el español José Couso,
por disparos de soldados estadounidenses, que
alegaban que en el edificio había francotiradores.
Algunas
informaciones señalan que una misión de la coalición
y otra del ya derrumbado gobierno iraquí podría
reunirse durante el fin de semana para acordar el
exilio de Sadam Husein,
si sigue con vida, y
la firma del armisticio que, pondrá un provisional
fin a la guerra.
Mientras,
desde la sede de la ONU en Nueva York,
Annan señaló que ante
la “aparente ausencia de un gobierno que funcione
en Irak, es necesario que las fuerzas ocupantes
restablezcan la ley y el orden en el país”, pero
no se refirió al papel que deberá desempeñar la
Organización, mientras continúa recibiendo
numerosas críticas por su “negativa actitud”
ante el conflicto bélico.
En París,
el presidente francés, Jacques Chirac,
uno de los principales opositores a la guerra, señaló
que la “ayuda humanitaria” es ahora la
“prioridad absoluta” de Irak, y celebró la caída
del régimen presidido por Husein.
Desde El
Vaticano, el cardenal Joseph Ratzinger,
dijo que el fin de la guerra constituye “un
alivio”, y expresó que “estamos todos muy
contentos. Las cosas podían haber ido a peor, ya
que con las armas químicas toda era posible”. El
Papa Juan Pablo II fue otro de los acérrimos
opositores al conflicto bélico y pìdió
que en
vez de guerra se llegase a “soluciones políticas
y diplomáticas” e hizo todos sus esfuerzos para
evitarla, reuniéndose con Blair
y Aznar y enviando un
vocero oficial a Estados Unidos para dialogar con Bush.
En
Bagdad y otras ciudades iraquíes “siguen activas
unidades especiales de la Guardia Republicana,
escuadrones de la muerte y líderes del partido Baas,
que pueden emplear la fuerza”, declaró el jefe
del estado Mayor norteamericano, general Richard Myers.
De todas
formas, el mundo respiró “profundamente
aliviado” con la terminación –aún no oficial-
de una guerra que se cobró centenares de víctimas
mortales, entre ellas doce periodistas –incluyendo
dos españoles-, millares de heridos y que dejó a
Irak casi totalmente destruido. Aparentemente las
bombas no están siendo ahora utilizadas y los iraquíes,
por lo visto en las televisiones, empiezan a
agradecer a las fuerzas invasoras por la caída del
régimen y la huida de Husein
y sus principales asesores y ministros. Las armas,
por fortuna, empiezan a silenciarse.
Muy
lejos de Irak, en Nueva York,
la única voz de miembros del régimen que se escuchó,
fue la del embajador iraquí ante la ONU, Mohamed
Aldouri, quien dijo
escuetamente: “la guerra terminó. Espero que los
iraquíes pronto puedan llevar una vida pacífica”.
Ninguna
guerra, ninguna acción bélica es lógica ni
aconsejable. Por eso el mundo está satisfecho y
“muy feliz” porque este conflicto haya,
aparentemente, terminado. De nuevo habrá que
apelar, necesariamente, a la razón y a buscar, por
cauces diplomáticos y políticos, una solución
definitiva para que Irak pueda ingresar, por fin, al
mundo democrático y vivir en paz. Los desafíos de
una y otra parte, tienen que acabarse. Pero no se
debe bajar la guardia, para evitar que el
“terrorismo siga campeando a sus anchas por el
mundo”. |