ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA                  Guillermo Tribín Piedrahita 



COLOMBIA: HACE 55 AÑOS BOGOTA ARDIA POR EL MAGNICIDIO DE GAITAN  

    Hace 55 años, cuando el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán Ayala fue asesinado, en un crimen de connotaciones políticas que sigue sin esclarecerse, la capital colombiana, Bogotá, ardía tras registrarse una rebelión popular que se conoció como el “bogotazo”, y que la dejó casi destrozada como si en ella se hubiese realizado una guerra.  

    Gaitán, carismático político colombiano, que se hizo famoso por su frase de “a la carga”, fue también uno de los abogados penalistas más notables de su país, y cayó asesinado en pleno corazón de Bogotá el 9 de abril de 1948, al recibir un mortal disparo de un arma que presuntamente accionó Juan Roa Sierra. Este, aparentemente, no cometió el magnicidio por cuenta propia, pero nunca se supo quien lo ordenó. El cadáver de Roa Sierra, “linchado” en medio de la ira del pueblo liberal, se arrastró por la carrera Séptima, principal vía bogotana, hasta ser arrojado frente al “Palacio de Nariño”, sede de la presidencia colombiana.  

    El asesinato de Gaitán Ayala, quien había salido de su oficina de abogado acompañado por su amigo personal y dirigente político liberal Plinio Mendoza Neira, ocurrió a las 13,05 horas locales (18,05 gmt), y aunque fue trasladado con vida a la clínica Central, cercana al lugar, el disparo era necesariamente mortal y no pudo ser atendido médicamente. 

    Una emisora bogotana dio la información de su muerte e inmediatamente el pueblo liberal, enfurecido por el crimen salió a las calles y empezó a prender fuego a las principales sedes de los gobiernos nacional, departamental y municipal y a edificios comerciales y de alimentación, que fueron rápidamente saqueados.  

    El “bogotazo” comenzó así con todo su furor, porque si bien Gaitán, dos años atrás había sido derrotado como candidato liberal a la presidencia colombiana, parecía ser, para las elecciones de 1950 el virtual aspirante, a pesar de sus diferencias con la Dirección Nacional Liberal (DNL), máximo órgano directivo de ese partido, uno de los dos tradicionales de Colombia.  

    Un joven abogado egresado de la Universidad Externado de Colombia, llamado Fidel Castro Ruz, se encontraba el 9 de abril en Bogotá, y al iniciarse la revuelta salió apresuradamente del país y once años después se convirtió en el líder cubano, tras derrocar al presidente Fulgencio Batista. En la capital colombiana se celebraba por esas fechas la Conferencia Panamericana, y según se denunció en su momento, Castro llegó a ella para organizar protestas y saboteos a la reunión de los ministros de Relaciones Exteriores de América.  

     Esta Conferencia Panamericana aprobó la “Carta de Bogotá”, pilar básico de la Organización de Estados Americanos (OEA) y a pesar de la difícil situación vivida no se suspendió por expreso deseo de todos los gobiernos acreditados en ella.  

    Colombia estaba gobernada por el partido Conservador y el Presidente de la República era Mariano Ospina Pérez, a quien la oposición política, en medio del caos, pidió su renuncia mientras Bogotá ardía y seguían los saqueos; parte de la Policía Nacional estaba sublevada y las puertas de las cárceles abiertas con los presos huidos, quienes lo primero que hicieron fue quemar la sede del ministerio de Justicia, los archivos de los juzgados y de la Corte Suprema de Justicia para evitar dejar rastros de sus delitos y penas.  

    Ospina Pérez había derrotado en las elecciones de 1946 a Gaitán y a su correligionario Gabriel Turbay, para que su partido retornara al poder tras 16 años de hegemonía liberal. Turbay, el candidato oficial apoyado por la DNL también sacó más votos que el líder “gaitanista”.  

    Cuando la noche cubrió Bogotá, los incendios iluminaban las principales calles, que mostraban el signo del alzamiento popular: sedes gubernamentales, comercios y fábricas saqueadas e incendiadas; muebles destrozados; automóviles, autobuses y tranvías quemados; amenazas del gentío con invadir el Palacio Presidencial y centenares de francotiradores apostados en casas y edificios.  

    “Más vale un Presidente muerto, que un Presidente fugitivo”, respondió Ospina Pérez a los miembros de la DNL que le pidieron su renuncia, y tras largas deliberaciones se resolvió crear un “gobierno de unión nacional”, integrado por dirigentes de los dos partidos tradicionales, y que fue un anticipo de diez años, del sistema político del “Frente Nacional”, que predominó en Colombia oficialmente durante veinte años (1958-1978).  

    El mandatario era Ospina Pérez, pero ministro de Gobierno –el más poderoso del gabinete- fue nombrado el ex presidente liberal Darío Echandía y las demás carteras se repartieron proporcionalmente entre liberales y conservadores.  

    Los daños que sufrió Bogotá –aunque en menor escala otras ciudades como Medellín y Cali tuvieron actos de pillaje-, fueron cuantiosos pero, paradójicamente, los destrozos de casas, edificios y comercios sirvieron para que la capital del país se recuperase de su atraso arquitectónico e iniciase una era de progreso viario, inmobiliario, empresarial y comercial.  

    Si bien la fuerzas armadas fueron leales a Ospina Pérez y la acción de los francotiradores sólo pudo doblegarse tras doce días, el asesinato de Gaitán continúa siendo, 55 años después, un misterio total y nadie sabe, pese a la minuciosa investigación, cuáles fueron sus móviles y quien o quienes estuvieron “detrás de él”.  

    El “bogotazo” dejó otra secuela de la que Colombia no ha podido recuperarse: la violencia guerrillera, que enfrentó a liberales y conservadores, inicialmente, y que luego se convirtió en crónica, aunque con ideologías extranjeras y ha causado más de un millón de muertos en una guerra civil no declarada, que en la última década ha derivado en terrorismo. La prensa colombiana e internacional la denominó como la “más negra época que vivió Bogotá”.  

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