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ACTUALIDAD INTERNACIONAL Y LATINOAMERICANA Guillermo Tribín Piedrahita |
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La
Federación Internacional de Periodistas (FIP)
calificó como “crímenes de guerra” los ataques
que han ocasionado la muerte violenta
de doce periodistas, entre ellos dos españoles,
cuando cubrían informativamente la guerra contra
Irak, y solicitó la apertura de una “investigación
internacional independiente” para aclararlas
totalmente.
Los
periodistas españoles Julio Anguita
Parrado, del diario El Mundo, y José Couso,
cámara de la cadena de televisión “Telecinco”,
murieron en un lapso de apenas 24 horas. El primero,
hijo del ex coordinador general de Izquierda Unida,
tercera fuerza política de España, Julio Anguita,
como consecuencia de un misil iraquí que estalló
en un centro de operaciones del ejército
estadounidense, y el segundo, por el fuego disparado
por soldados de Estados Unidos al hotel donde se
hospedaban.
Además
de Anguita y Couso,
han muerto Paul Moran
(Australia), Ferry Lloyd
y Gaby
Rado (Gran Bretaña), Kavel
Molestan (Irán), Michael Kelli
y David Bloom (Estados
Unidos), Kamarán Abdurazak
(Kurdo), Christian Liebig
(Alemania), Taras Protsyuk
(Ucrania) y Tarek Ayub
(Qatar).
La FIP
condenó los ataques a los periodistas, procedentes
de “ambos bandos” (iraquí y la coalición
anglo-americana) y dijo que deben ser castigados
como “crímenes de guerra”.
El
pronunciamiento de la entidad periodística se
produjo tras el ataque contra el hotel Palestina, de
Bagdad, en la mañana del martes 8 de abril, donde
murieron Couso y Protsyuk
–fotógrafo de la agencia británica de noticias Reuters-,
y sobre las oficinas de las televisiones árabes Al Yazira
y Abu Dhabi, también en
la capital iraquí, que ocasionó la muerte de Ayub,
corresponsal del canal qatarí.
El
general Buford Blount,
comandante de la Tercera División de Infantería
estadounidense, reconoció que un tanque de su país
había disparado “una sola vez” en dirección
del hotel, respondiendo a disparos “hechos por
francotiradores” apostados en él. Sin embargo,
los periodistas desmintieron esa versión, señalando
que desde allí no salieron disparos ni hubo ataques
contra las fuerzas de Estados Unidos. El mencionado
hotel se encuentra bajo control de las autoridades
iraquíes, y por ello los periodistas extranjeros
tienen menos libertad de movimiento que quienes lo
hacen en Al Yazira y Abu
Dhabi, que cuentan con oficinas propias.
En
Qatar, simultáneamente, el Comando Central
norteamericano (Centcom),
desmintió que fuerzas de su país hubiesen atacado
los locales de Al Yazira,
mientras en Bagdad, el ministro iraquí de Información,
Mohamed Said al Sahhaf,
acusó a esas fuerzas de efectuar “ataques
deliberados contra la prensa” y los calificó como
“actos histéricos”.
La FIP
considera, en caso que se confirme que los
periodistas “están siendo blancos de ataques”,
que se está produciendo “una violación grave y
sería del Derecho Internacional”, al tiempo que
garantizó que realizará todos los “esfuerzos
posibles para llevar ante los tribunales a los
responsables”.
Al Yazira
denunció que sus instalaciones fueron atacadas
“de forma deliberada” por un avión
norteamericano” y les acusó de no apreciar el
trabajo informativo que sus periodistas realizan por
considerarla “pro iraquí”, tras haber mostrado
las imágenes de cadáveres estadounidenses
que han muerto en la guerra. Por ello también
acusaron a esas fuerzas de haber disparado en las
afueras de Bagdad contra uno de sus vehículos, a
pesar que, señala, llevaba visible la identificación
de la cadena televisiva.
Los
enfrentamientos de la coalición anglo-americana y
de los iraquíes en Bagdad, tienen prácticamente
“rodeadas” a las oficinas desde donde los
corresponsales de guerra emiten sus informaciones
para el mundo, y por eso la cadena Abu
Dhabi de los Emiratos Arabes
denunció que sus 25 periodistas se encuentran en
permanente peligro.
La
guerra, iniciada en la madrugada del 20 de marzo, ha
originado ya centenares de víctimas mortales en
ambos bandos –militares y civiles-, especialmente
en el iraquí, millares de heridos y de prisioneros
y cuantiosos destrozos a las principales
instalaciones gubernamentales. Además, ha habido
numerosos muertos debido a lo que se califica como
“fuego amigo”, que es, simplemente, una excusa
para justificar las equivocaciones que se cometen
dentro de los soldados y aviadores de la coalición
integrada por Estados Unidos y Gran Bretaña.
Mientras
la prensa mundial se viste de luto por estos
lamentables hechos, la guerra sigue encarnizada y
sin que nadie sepa con precisión cuando puede
terminar, a pesar que la coalición anglo-americana
ha encontrado “menos resistencia” de la que
esperaba por parte de las fuerzas armadas iraquíes
y, especialmente, la de la temible Guardia
Republicana –totalmente adepta al presidente del
país, Sadam Husein-,
pues muchos de sus integrantes se han entregado o
huido y las fuerzas invasoras controlan Bagdad en más
del cincuenta por ciento y casi completamente otras
ciudades, especialmente Basora, segunda en
importancia del país.
Existen versiones
sobre el descubrimiento en Hindiya,
lugar
situado 100 kilómetros al sur de Bagdad, de armas
de destrucción masiva que, según Estados Unidos,
“podría ser la pistola humeante” por la que se
desató la guerra.
Numerosos
bidones que, aparentemente contenían gas sarín
y tabun, que son agentes
nerviosos, y muchos otros con gas mostaza fueron
localizados por fuerzas de la 101 División
Aerotransportada, por lo que se solicitó la
intervención de la 51 Compañía Química, que tomó
las respectivas muestras para un análisis detallado
y más completo. En el plano político, Estados Unidos sigue cooperando para el regreso de centenares de exiliados iraquíes, con los que busca formar un nuevo ejército y un nuevo gobierno, mientras el papel de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) tras la guerra continúa siendo incierto, aunque expertos diplomáticos y políticos consideran que “tendrá una notoria influencia” para evitar, precisamente, su desaparición, tras el rotundo fracaso cosechado al no poder detener el conflicto bélico. |